Los abuelos terribles

FreudenauDurante estos días se juzga en Austria un caso con todos los ingredientes de una buena novela.

3 de Septiembre.- Lo primero que llama la atención cuando se mira una foto de Lukas es la tremenda, profundísima tristeza de sus ojos. Una tristeza que, probablemente, estaba ahí antes de que cometiera el horrendo crimen del que se le acusa.

Mirándole, es obvio que Lukas no era el típico chico del que se enamoraban sus condiscípulas y cuesta muy poco imaginarle como un chaval tímido, inseguro de sí mismo, probablemente con fama de raro dentro de su propia familia. Una de esas personas perseguidas por anécdotas de infancia humillantes, de esas que se repiten cada navidad, mortificando al afectado.

Es ligeramente obeso, su piel tiene un tono mate y se viste con un estilo demasiado serio, impropio de su edad. Incluso los rasgos de coquetería “juveniles” (la ausencia de corbata, una cadenilla que apenas rebasa la papada incipiente) parecen dictados por otra persona, quizá una tía mayor que tratase de hacerle más atractivo.

En el banquillo de los acusados, Lukas da una impresión de falsedad, como de ir disfrazado, lo cual refuerza la impresión primera de que se trata de una persona, en suma, que nunca ha sentido la satisfacción y la seguridad de sentirse querido y, por lo mismo, de tenerse un poco de cariño.

Lukas es, además, un chico sensible. Lo prueba que tiene talento para la música. Si hemos de creer su versión, este talento fue, en parte, el causante del estado ruinoso que su vida presenta en la actualidad y que tiene pinta de ir a convertirse en definitivo. Y es que, al notar que su nieto era una persona con buen oido, Leopold, su abuelo, director jubilado del instituto del pueblo en que vivían, decidió darle clases particulares.

Según la versión de Lukas, durante aquellas lecciones de música, su abuelo se convirtió en una presencia central en su vida. La opinión que el atildado viejo tenía de las cosas, se convirtió en su opinión propia y, agradarle, se hizo pronto el objetivo prioritario de un chaval que no tiene aspecto de haber escuchado muchas palabras de elogio. Y es que, una vez se ha sentido en la sensible piel del alma el agradable calor que produce la aprobación de alguien cuya opinión nos importa, es muy duro volver al frío anterior.

Un día, presuntamente (el asunto está aún sub iudice) el abuelo citó a Lukas en una cafetería y, según testigos que escucharon accidentalmente parte de la conversación, le dijo:

Lukas, die Oma muss weg – “Lukas, la abuela debe desaparecer”.

Según la versión del chaval (según el abuelo esta conversación no existió nunca) la mera idea de matar a su abuela le puso enfermo, pero su abuelo presionó haciendo desaparecer todo el calor del elogio, convirtiéndose súbitamente en una presencia fría y distante, transformando su existencia “en un infierno” (son palabras de Lukas) hasta que el chico, que según los psicólogos que le han examinado no está preparado para resolver crisis, tuvo que ceder. El abuelo, según el chaval, planeó la operación.

El sábado 28 de Octubre del año pasado, mientras él estaba en una reunión de la escuela que había dirigido, presuntamente siguiendo sus instrucciones (el abuelo dice que por iniciativa propia) Lukas entró en casa de sus abuelos y, de manera brutal, asesinó a su abuela. Con un hacha, le destrozó el cráneo y luego le asestó numerosas puñaladas (durante la vista oral, uno de los jurados, al ver las fotos, se desmayó). Después, rompió varios cristales, sembró el desorden y se marchó.

Durante el juicio, que se está celebrando estos días, el abuelo se ha mantenido en sus trece: él nunca le ordenó a su nieto que asesinase a su mujer con la que, según él, mantenía una relación “armónica”. Sólo en un momento se ha quebrado la versión idílica que el abuelo daba de una convivencia sobre la que hay versiones contradictorias. Se ha descubierto que, al entrar en su casa procedente de la fiesta de la que venía y, a pesar del desorden sembrado por Lukas, lo último que hizo el abuelo fue entrar a la cocina en donde yacía la muerta, y pasó un tiempo hasta que llamó a la ambulancia.

Lo cierto es que, durante las dos o tres semanas que tardó en ser detenido, Leopold se mostró animado, se le escuchaba trazar planes de futuro. En el registro policial posterior a la acusación, la policía encontró hasta Viagra (y es que no es agradable que la felicidad se te ponga flácida justo cuando más la necesitas).

Aunque hay versiones contradictorias sobre el asunto, todo parece indicar que no era la primera vez que Leopold coqueteaba con la idea de “librarse” de su mujer. Tres años antes de que su santa pasara a una vida mejor (de una manera un poco abrupta, también es verdad) Leopold había pueso anuncios en la prensa regional del tenor siguiente “Viudo jacarandoso busca dama de buen ver”. Cuando las “damas de buen ver” llamaban, se encontraban con la voz de la legítima, a la que tomaban por la criada, con las peloteras consiguientes. También había habido una hija extramatrimonial y parece ser que, de puertas para afuera, el director del colegio representaba el papel de probo miembro de la comunidad y se daba golpes de pecho en la iglesia, mientras que, en la intimidad, era de esos hombres a los que les gustan todas menos la suya.

Si todo sucede como parece, Lukas, el principal damnificado de todo esto, el chico que destrozó el cráneo de su abuela para conseguir la aprobación de un hombre que actuaba solamente por egoismo, saldrá de la cárcel en octubre de 2034. Será entonces un hombre de treinta y nueve años al que es previsible que el sol haya abandonado para siempre.

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