Arnold Schwarzenegger baja al Valle

VolkstimmeUna de las cosas que austríacos y españoles tenemos en común (por desgracia) es un tipo de persona inmune al sentido común.

15 de Octubre.- Dicho tipo es fundamentalmente pelma y se da en nuestros dos países . Los llamaremos por su nombres científicos: Pithecantrhopus, variedades Hispaniensis y Austriacensis.

El Pithecanthropus: ese ser

El Pithecanthropus Austriacensis ve en la mitad de los españoles a un franquista (o criptofranquista) y, naturalmente, asimila la dictadura franquista al nazismo (cuando, sobre todo a partir de los años cincuenta, el franquismo y el nazismo, dentro de ser los dos deleznables, se parecieron como un huevo a una castaña).

Por otro lado, y no menos abundante, existe también el Pithecanthropus Hispaniensis. Se caracteriza porque llega aquí y, en cada abuelita que ve por la calle, ve una exguardiana de Treblinka.

Ambos tipos tienen sus tics y son, sobre todo, lo que D. Benito Pérez Galdós llamaba “seres prismáticos” o sea, que “lo ven todo a través de un prisma”.

Esto quiere decir que van subidos a una burra de la que no hay manera de bajarles o, dicho en más castizo, que van por un camino y que “el camino se acaba, pero el tonto sigue”.

Tanto en el caso del Pithecanthropus Austriacensis como en el caso del Pithecanthropus Hispaniensis, se dan dos tics muy molestos que paso a detallar.

TIC NUMMER EINS: si tú, armado con toda tu buena fe,toda tu inocencia y, por qué no, toda tu paciencia, intentas explicarles que no son gigantes aquello que mueve los brazos, sino que son molinos, ellos te miran con dos actitudes a cual más ofensiva a) la conmiserativa: “ay, angelito, ya sabía yo que tú muy listo no eras” o b) la suspicaz, como si pensaran “¿Serás tú también un criptofascista y yo no me había dado cuenta?”.

TIC NUMMER ZWEI: del cual adolecen las dos especies, y es el de obviar todos los hechos que no entren dentro de su autoconclusiva visión del mundo.

La variedad austriaca tiene particular facilidad para pasar por alto que Francisco Franco Bahamonde falleció hace casi cuarenta años, que una gran parte de los españoles ya va teniendo un recuerdo difuso de aquellos cuarenta años cuarenta (Umbral dixit) y que, incluso, hay personas que tienen por debajo de los veinticinco que no tienen ni idea de quién era aquel señor (hecho sin duda lamentable, porque ya dió  bastante la tabarra para que se olvide su contribución a la Historia Universal si no de la Infamia, sí de la mediocridad).

El Pithecanthropus Austriacensis olvida asimismo que España pertenece a la Unión Europea, que sus elecciones se celebran con puntualidad y son transparentes como el agua mineral Römerquelle. Obvia que ha habido Mundiales de Fútbol, Olimpiadas con Cobi, que fracasó el Golpe de Estado, que hay Defensor del Pueblo, Sindicatos Libres y Partidos Políticos (astrosos, tiñosos, cutres, todo lo que usted quiera, pero partidos al fin y al cabo). Que la democracia española es como es, pero que, evidentemente es. Naturalmente perfectible, pero sin duda homologable a las de “los países de nuestro entorno”, que los gays pueden casarse (en Austria no) y que en España se puede decir y escribir lo que se quiera sin que la integridad física de uno corra más peligro que el imprescindible.

La paradoja del tonto leido

Por supuesto, los miembros de las dos especies suelen pertenecer también al tipo “tonto leído” (vaya por Dios) con la particularidad de que ambas variedades leen como Hitler mismo decía que leía él: o sea, no para aprender, sino para confirmar lo que ya habían pensado antes. Así, el Pithecanthropus Austriacensis ve como prueba irrefutable del supuesto fascismo de la mitad de los españoles el hecho (que tampoco nos deja en buen lugar) de que Franco muriese en su camita (bueno, en la camita que le dieron en La Paz). Esta variedad de la especie humana obvia que es muy poco probable que Hitler hubiera sido desalojado del poder sin la afortunada y aguerrida intervención de la Sexta Flota americana y del Ejército Rojo y obvia también que la actual democracia austriaca es resultado de un meritorio esfuerzo (que hubiera sido también obviamente perfectible) de desnazificación.

Lo más escalofriante es que las dos clases de tontos leidos, montados en su burra, son capaz de justificar hasta las cosas más atroces para que, a golpes, a machetazos, como sea, les cuadre la idea que se habían hecho de la Historia o de la realidad.

Así, personas que no se compran unas zapatillas deportivas por la sospecha de que están hechas en Asia utilizando mano de obra esclava o que se dejarían arrancar las uñas antes de tomarse una taza de Nespresso porque el café no viene del comercio justo, no dudan en dar a entender que una parte de las personas asesinadas durante la guerra civil nuestra, por ejemplo, las que fueron beatificadas esta semana pasada por la Iglesia Católica, tuvieron cierta culpa de su mal fin por no haber elegido el bando correcto (si es que lo eligieron).

Lo malo de los estereotipos, sin embargo, es que son pegajosos y que, si uno se descuide, el gen Pithecanthropus se activa sin que tú te des cuenta.

Así ha sido conmigo, sin ir más lejos. El disparador de este artículo ha sido una foto en el ABC. Ilustraba la visita que Arnold Schwarzenegger había hecho a la Basílica del Valle de los Caídos, en Cuelgamuros.

Al ver la foto (al ver también el periódico en donde salía), yo he movido la cabeza y he empezado a dudar de la ideología de Schwarzenegger (tampoco sé cuál es con exactitud) hasta que se me ha encendido una alarma y me he visto a mí mismo insistiendo primero y luego caminando por la desolación del campo de Mauthausen ¿Qué hubiera dicho yo de alguien a quien mi visita no le hubiera parecido lo que fue: el hambre de visitar un lugar histórico, aunque este lugar hubiera sido escenario de sucesos terribles?

 

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