Espléndida aún a sus treinta años

GuapaCuando leí aquel titular, no tuve más remedio que mirar quién había sido el/la imbécil que lo había escrito.

16 de Abril.-Querida Ainara (*) : el título de esta carta no es tal, sino un titular que leí en un periódico español hará cosa de tres semanas. De hecho, incluso pinché en el artículo para indentificar al autor o autora de semejante imbecilidad y poder decir, con conocimiento de causa, aquello de “!Valiente gilipollas!”.

Tengo que reconocer que ese “aún” del título fue lo que más me indignó. “Fulanita Merengánez, espléndida AÚN a sus treinta años”.

¿Qué pasa? ¿Una persona de más de treinta años está muerta para gustar? ¿Si no está espléndida a los treinta años, cuándo c*ño va a estar espléndida?

La de los melocotones

Tiempo después, o sea, la semana pasada, nos sorprendió la noticia de la muerte de la hija de Bob Geldof, Peaches, a la temprana edad de 25 años.

Peaches –melocotones, que ya hay que ser hortera poniendo nombres- parece ser que falleció a causa de una drástica dieta que consiste en ingerir solamente jugos de frutas. Semejante alimentación –que ya probó, en su tiempo, la emperatriz Elisabeth de Austria, con las consecuencias que todos conocemos- llevó a Peaches a pesar 45 kilos en el momento de su muerte, como antes había llevado a la emperatriz a sufrir, en su tiempo, algunas secuelas que más tarde presentaron los presos de los campos de concentración.

Peaches Geldof era conocida por ser una It Girl. Traducción: Peaches, a falta de mayores estrecheces económicas, vivía del cuento. O sea: que Peaches se dedicaba en la vida, fundamentalmente, a ser, primero, hija de su padre y, después, a jugar a ser cosas para las que, en estos tiempos, no se necesita gran preparación como, por ejemplo, presentadora de televisión, jurado de concursos de talentos o a esa especie de puteo fino que consiste en ser emparejada hoy con este y mañana con aquel.

(Siento la incorrección política del vocabulario que estoy utilizando en esta carta, pero es que estas cosas me encienden).

Modelos de mujer

Vagos, Ainara, los ha habido siempre, no me entiendas mal, y personas sin oficio ni beneficio también –todas aquellas que se lo han podido permitir, independientemente del escalón social en que hayan venido al mundo; es fácil, basta con encontrar un “mecenas”-.

El problema es que la civilización actual ha elevado a personas como Peaches Geldof, como Kim Kardashian, como Paris Hilton, a modelos a los que imitar y, con ello, se nos empuja también a nosotros o, mejor dicho, a las mujeres jóvenes que podrían mirarse en el espejo de estas tres perracas, a convertirse en seres semejantes a ellas.

Personas cuyo principal motivo de preocupación es, principalmente, estar “guapas”. El problema es que “estar guapo” no es serlo, necesariamente. Y eso Peaches Geldof, aunque fuera inconscientemente, debía de saberlo y, quizá, el desprecio que leía en los ojos de la gente era lo que la llevaba a hacer las locuras que la han conducido a estar criando malvas en estos momentos.

Vivimos en unos tiempos en que se practica un culto insensato a lo masivo, a lo que puede apreciar todo el mundo pero, para llegar a una masa de personas, es necesario hacer el mensaje más simple (en el peor de los sentidos) y hablar siempre para el menos aventajado de nuestros interlocutores.

En términos de Peaches, quizá la hija de Bob Geldof se hubiese salvado si hubiera sido consciente de que no hay nada más ordinario que una mujer guapa, ni nada más admirable que una mujer hermosa.

La hermosura no se agota con la edad, porque el estilo no envejece: se perfecciona. Y el estilo se trabaja desde el interior, porque es una cualidad del alma, y parte del estilo es también atreverse a tener personalidad, a ser diferente, a decir “esto es lo que yo soy, señores” y aceptar que también habrá gente a la que no le guste.

Cómo me gustaría que seas así, Ainara, porque entonces podremos decir todos que tienes éxito en la vida.

Besos de tu tío

(*) Ainara es la sobrina del autor

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