Operación Karenina (2/2)

Teatro de SchonbrunnHoy sí, hoy sí que cuento lo de los huevos fritos.

31 de Mayo.-Ana Karenina, aquí, no es fácil de encontrar en español (en Viena se encuentran, como es lógico, los clásicos y libros del pelmazo este de Paulo Coelho) así que la alternativa era comprarme el libro en alemán. Por menos de quince euros, nada y, encima, en lengua extraña, lo cual me echa mucho para atrás, porque yo quería enterarme bien de todo lo que el libro decía y, aunque leo en alemán con soltura, siempre es un esfuerzo extra.

Total: me acordé de que en Madrid tengo, por lo menos, dos ediciones de Ana Karenina. Llamé a mi madre para que me buscase una y me la mandara pero, como tengo una ingente cantidad de libros, almacenados en cajas sin otro orden que no sea el que permite rellenar todo el espacio disponible, mi madre no encontró ninguna de las dos versiones. Y ha tenido que ser en este último viaje a Madrid cuando, con ahínco y armándome de paciencia, yo he conseguido encontrar el libro de Tolstoi para poder enterrar la nariz en él.

¿Y bien?

Es entretenido, pero me ha decepcionado un poco.

Con Ana Karenina me ha pasado un poco como me pasó de niño con los huevos fritos. Cuando yo era niño no me gustaban los huevos fritos. No sé por qué, me daban mucha cosa. Para intentar que los comiera, todo el mundo me decía lo buenos que estaban, que si con pan, que si con patatas fritas y así, a base de decirme lo ricos que estaban los huevos fritos, aunque no me gustaban, estos terminaron adquiriendo para mí una estatura mítica. De muy mayor –creo que con dieciséis o diecisiete años– probé mi primer huevo frito y, si bien los encontré riquísimos, no alcanzaron el grado de delicia gastronómica que yo me prometía.

El libro de Tolstoi es entretenido, pero pare usted de contar. O sea, que yo me esperaba más. Me parece que los personajes están tratados con mucha frivolidad y, a ratos, hasta con muy poca profundidad. En comparación con La Regenta, libro prácticamente contemporáneo y que también trata el gran tabú del siglo XIX, el adulterio, Ana Karenina se queda en un dibujo muy superficial de los personajes. No se explica, por ejemplo, qué circunstancias llevaron a Ana a casarse con Karenin, ni se nos explica por qué el magistrado es así de frío y de poco afectuoso. Probablemente, a los lectores de Tolstoi no les hacía falta esa información, pero nosotros, lectores contemporáneos, la echamos de menos.

O quizá es que Ana Karenina, al ser un libro pionero, ciertamente audaz para su época, ha envejecido un poco mal. Los que vinieron después, el español Clarín entre ellos, tenían un material muy sólido sobre el que construir sus ficciones.

Amor, amar

Un punto a favor de Ana Karenina y lo que, a la postre, la hace más recomendable, es que es una reflexión sobre el amor de pareja. Una especie de retablo en el que están expuestos diferentes modelos y etapas del amor de dos personas que se quieren o se dejan de querer. Está el matrimonio gastado por la rutina –Stiva, el hermano de Ana, y su mujer-, está el amor pasión de Ana y Wronsky, está el amor adolescente de Kitty por su propietario rural e incluso está Karenin, que es una especie de “pareja unipersonal”, o sea un hombre que es incapaz de dar su amor a otros.

Lo que tienen en común tanto Ana Karenina como las otras novelas de tema parecido es que en todas la heroína que se salta los tabúes acaba mal. Ana Karenina, muerta, tirándose a la vía del tren; Ana (Ozores, la heroína de La Regenta) muerta y degradada socialmente.

Los escritores del XIX, por modernos que fueran, no querían animar al adulterio.

Un comentario en «Operación Karenina (2/2)»

  • el junio 1, 2014 a las 12:23 am
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    Me leí Ana Karenina hace treinta años, a los quince, y la verdad, la tengo ya un poco desvaída en la memoria. Aún así, recuerdo que me impactó mucho. No acababa de entender por qué una mujer joven, guapa y madre, acababa tan desesperada que se suicidaba. Todo por el amor de un hombre. ¡Qué tontería¡ Luego, pasa el tiempo y por desgracia acabas comprendiendo a estos personajes mucho más.
    Con respecto a la película he de confesarte que no me gustó nada, nada. Me pareció demasiado visual y frívola. Un horror. Me arrepentí de haber ido a verla al cine y haber pagado un sólo euro por ella. Y respecto a La Regenta, la tengo un poquito más fresca en la memoria (los diecisiete) porque además tuvimos que trabajar con ella y comentarla bastante en clase de Literatura. El tema es similar pero el tratamiento que se da es muy diferente. Y Vetusta es cualquier ciudad de provincias, de las muchas que todavía, por desgracia o no, hay en España. O sea, que nos queda más cerca. Y sí, el adulterio femenino siempre ha estado, está y estará mal visto por la sociedad. Porque en eso, no nos engañemos, no cambiaremos jamás.

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