Intégrate fácilmente en Austria en 10 cómodos pasos

Frescos13 de Octubre.- En esta época del año llegan a Austria muchas caras nuevas. La mayoría vienen por razones académicas (¡Ay, Erasmus (hoy Sócrates) cuánto has hecho por la integración entre las tierras y los pueblos de Europa!) pero también hay gente que viene por razones laborales. Para todos los que acaben de llegar, para los que piensen en venirse y para los que, estando aquí, no terminen de encontrar su sitio, voilá unos cuantos consejillos para integrarse en Austria y ser feliz.

  1. No juzgues ni compares. Dejando aparte que hacerlo es de muy mala educación, los austriacos no son españoles y no lo van a ser nunca. Es más: te voy a contar otro secreto, los españoles no son como tú crees. En la distancia, todo nos parece más risueño y más simpático de lo que en realidad es. Hay una cosa que los españoles que vivimos aquí tendemos a olvidar, que parece una perogrullada aunque es bien cierta, y es esta: nosotros, por mucho que nos empeñemos, NUNCA hemos sido extranjeros en España.
  2. Trata de tener amigos austriacos (si se dejan) y, si no se dejan, haz lo posible porque se dejen. Para ello, es muy importante superar la barrera fundamental que impide hacer amistades: el idioma. Así pues,
  3. Aprende alemán. En el menor tiempo posible y con la mayor perfección que puedas en cada momento, pero sobre todo, para poder comunicarte. Un idioma no sirve de nada si no es un instrumento de comunicación.
  4. Escucha Austropop (que es como decirle a alguien que pretenda establecerse en España que escuche, por ejemplo, a Sabina o a Bisbal o a Rosario o a Loquillo o a La Unión). Te ayudará no solo con el punto 3, sino también con el 2, porque te proporcionará un fondo de referencias con el que armar conversaciones con la población autóctona. Al fin y al cabo, las amistades se construyen sobre afinidades y, si uno no tiene temas de conversación, no hay afinidades que valgan.

5.Enamórate de un austriaco/a y llévatelo/la al huerto/a. Este punto te ayudará a superar los cuatro anteriores porque no hay amor que dure si uno está todo el rato juzgando y comparando. Por otro lado, tu pareja/parejo tendrá amigos del país (a no ser que sea un sociópata, en cuyo caso mejor te irá si te apartas de él). Idealmente, no debería saber de español nada más que lo que todos los aborígenes saben (“Tengo dos cojones grandes” o “tío bueno, quiero llevarte a la cama”, cosas así, tan útiles, de lo que podríamos llamar “la variedad dialectal de Magaluf”), etcétera.

6.Parece una tontería, pero no: come lo que ellos comen. No solo es que el amor empieza por el estómago sino también que, mandando a tus papilas gustativas a hacer un viaje de estudios también, misteriosamente, se abrirá tu mente. Olvídate pues del tomate frito Orlando (por lo menos por una temporada), no pienses en las tortas de aceite nada más que cuando el Lidl las traiga de higos a brevas y lánzate a la cocina centroeuropea: te sorprenderá. Para muy bien, además.

7.Aprende todo lo que puedas de manera radial. Primero, tu calle; luego, tu barrio, después Viena entera o la ciudad en donde vivas y, por último todo el país. Trata de leer en los sitios por donde pases igual que leerías en tu ciudad natal. En una palabra, sé curioso. En dos palabras: lee todos los días Viena Directo.

8. Aprende a querer a los austriacos con sus defectos. Aprende a quererles con su impaciencia, con su (aparente, solo aparente) frialdad afectiva –no es tal: es solo que su umbral de convertir los sentimientos en gestos es mucho más alto que el nuestro-, aprende a sentirte cómodo en su manera de conservar la calma, que es tan beneficiosa y que nos evitaría a nosotros tantos quebrantos. Aprende a todo eso y, si al principio no funciona, no te frustres y, sobre todo, no abandones por nada del mundo. A la larga compensa. Sin ninguna duda.

9.Haz lo que ellos hagan y trata de divertirte haciéndolo. Al fin y al cabo, como dijo Churchill “Ante lo inevitable, entusiasmo” (cómo será la cosa que yo hasta he aprendido a esquiar). Si toca senderismo, senderismo; si toca mercado de navidad a veinte bajo cero, pues de cabeza. Trata de sacarle todo el jugo que ellos le sacan a la vida y de olvidarte de la tontería esa de que solo los españoles sabemos divertirnos y que la marcha, como en España, en ninguna parte. Ambas cosas son radicalmente falsas.

10. Aunque parezca contradictorio, una manera muy eficaz de integrarse cuando uno está con los aborígenes es ser “muy español”. Es lo que ellos esperan de nosotros. O sea, hay que gesticular mucho con las manos, reirse mucho, ser muy temperamental, ser simpático y desinhibido, tocar mucho a la gente, etcétera (siempre, claro está, que uno no note que está dándole el coñazo a los austriacos). Para mí, siempre ha sido de gran ayuda el ejemplo de Carmen Maura y de Victoria Abril en Francia. O sea, que si hay que ponerse con los brazos en jarras, pues se pone uno y andando.

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