Hoy, víspera de la llegada de los Reyes, nos ocupamos también de un regalo: el agua. Le llega a Viena, con ayuda del hombre, del mismísimo cielo.
5 de Enero.- Al canciller Kreisky se atribuye la siguiente frase: “ worauf freut sich der Wiener wenn er vom Urlaub nach Hause kommt? Aufs Wiener Wasser und aufs Anker-Brot.» Traducible, más o menos por „¿Por qué se alegra el vienés de volver de vacaciones? Por el agua de Viena y por el pan de Anker“.
Hoy no hablaremos del pan de Anker, sino del otro de los bienes preciosos de esta ciudad ¿De dónde viene el agua que bebemos los vieneses y por qué está tan rica? Verán mis lectores, si continúan, que tiene su interés.
De César a César y tiro porque me toca
Cuando los romanos fundaron el campamento militar (Vindobona) que dio origen, andando el tiempo, a la ciudad de Viena, una de las primeras cosas que hicieron fue asegurar el suministro de agua potable. Para ello, construyeron una red de suministro que traía agua desde lo que hoy es la localidad de Perchtolsdorf, aprovechando que, por debajo, pasan los manantiales de la llamada línea termal.
Cuando los bárbaros se cepillaron el Imperio Romano, las canalizaciones dejaron de mantenerse y, cuando se cegaron definitivamente,empezó un largo periodo de condiciones higiénicas tan oscuras como la época que sucedió a la disgregación del imperio.
Esta situación, con tímidos avances, continuó hasta el siglo XIX. La larga paz que sucedió a las guerras napoleónicas y el espectacular progreso tecnológico que propició, hizo que se propagasen las ideas de higiene y, por lo tanto, la gente empezó a demandar de sus gobernantes medidas en este aspecto. Entre 1835 y 1841 se abordó en Viena la construcción de la primera red de suministro que cubría toda la ciudad. Se llamó la red del Emperador Fernando (Kaisers Ferdinand Wasserleitung) y pronto se vio desbordada por el rapidísimo crecimiento de Viena (en aquel momento, cada habitante de Viena obtenía de la canalización unos cinco litros al día, hoy, con eso no tenemos ni para empezar). Además, el agua se cogía del Donaukanal, que no estaba tan limpio como hoy, con lo cual había muchos casos de cólera y de tifus.
En 1873, con ocasión de la Gran Exposición Universal (la cual, por cierto, en otras cosas fue un fracaso) con gran pompa y tronío se inauguró el primer tramo del sistema de suministro de agua que, aún hoy, continúa abasteciendo a la ciudad. En aquel momento, era el más grande de Europa. Se llamó (se llama) Wiener Hochquellenwasserleitung. El agua viene desde las estribaciones de los Alpes (la meseta del Rax) en Baja Austria. El agua cae del cielo en forma de lluvia y es filtrada naturalmente por la piedra caliza de las montañas hasta que alcanza los depósitos desde los cuales es llevada, por canalizaciones que vienen por Wiener Neustadt y Baden, hasta Viena. Para conmemorar la puesta en marcha de esta línea se construyó la fuente de Schwarzenbergplatz, tras la cual está situado el monumento al soldado soviético.
Este primer sistema fue enriquecido con diferentes ampliaciones, estaciones de bombeo, etcétera que, con las lógicas mejoras, siguen funcionando hoy. Sin embargo, la prosperidad de la monarquía trajo que Viena se convirtiese en una megápolis centroeuropea, con lo cual se vio la necesidad de construir otra línea de abastecimiento. Se trata de la II. Wiener Hochquellenwasserleitung que trae agua a la ciudad por Sankt Pölten. Entre las dos, abastecen a Viena con la monstruosidad de los 375000 metros cúbicos que esta ciudad consume diariamente (375 millones de litros, si yo no me equivoco). El segundo tramo, antes de que se me olvide decirlo, fue inaugurado en 1910 por el emperador Paco Pepe y había sido ordenado construir por Karl Lueger (uno de los ídolos de Hitler, übrigens).
La calidad del agua de Viena
La calidad del agua de Viena es prácticamente perfecta (tenía razón Kreisky en alegrarse de volver a casa) no solo porque el sistema de distribución es llevado con la tecnología más moderna, sino también porque los territorios en donde se encuentran los manantiales, en la meseta del Rax, son desde los años sesenta espacios naturales protegidos, de manera que no pueda haber ningún tipo de contaminación.
Aquellos de mis lectores que quieran familiarizarse más con este interesantísimo tema, pueden ver este capítulo de la serie de la ORF Universum, en donde se explica la procedencia de la rica agua vienesa con muchísimo más detalle. Tendrán, eso sí, que entender la lengua de Conchita Wurst. Aunque, si no lo hacen, podrán deleitarse con las preciosas imágenes de Viena que contiene el programa ¡A disfrutar!
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