Reloj, no marques las horas

KarlskircheMañana por la noche, cambiamos al horario de verano ¿Será la última vez?

27 de Marzo.- Una de las manías más entrañables de los austriacos es la tirria que le tienen a una Unión Europea de la que todos, y cuando digo todos, digo absolutamente todos, hemos sacado provecho (no hay más que ver la facilidad con la que los españoles vivimos en Austria, lo cómodo que es pagar con una sola moneda en todos los países o lo claras, uniformes y homogéneas que son las reglas relativas a los productos en toda la Unión, y que permiten estar seguros de que todo lo que compramos tiene la misma calidad y cumple los mismos estándares de seguridad en todos los países).

Pues los austriacos nada, erre que erre.

Desde la altiva princesa hasta la que pesca en ruin barca, es mentarle a Bruselas y lo más bonito que te dicen es que es como cuando, más allá del telón de acero, estaba todo el mundo con la cabeza baja por culpa de Stalin y sus boys. Esta tirria a la UE sale a flote todos los años por lo menos dos veces: las mismas en que se cambia la hora.

A las dos serán las tres

Este sábado por la noche a las dos serán las tres, con lo cual todos dormiremos una hora menos. Y este año también 2015, podría ser el último en que se cambie la hora, para alegría de algunos eurodiputados y de algunos medios austriacos, los cuales están haciendo pressing para que el acuerdo, sucesivamente prorrogado desde que empezó la crisis del petróleo, allá en los setenta, no se vuelva a prorrogar y todas las noches del año vuelvan a durar lo mismo y, ni en invierno haya una hora más de marcha ni en primavera una menos.

Según el grupo de eurodiputados populares (o sea, conservadores, no es que les vayan tocando las palmas por donde pasan) que ha agarrado la bandera de librar del yugo del cambio de hora a los sufridos ciudadanos europeos, el cambio de hora supone, todos los años, un drama horroroso para millones de familias, que ven como sus miembros de ven abocados a la falta de sueño o a quedarse dormidos en los rincones más inhóspitos. Pero no solo eso, es que, según los estudios que ellos manejan, cuando las vacas son obligadas a afrontar las consecuencias terribles de tener que decir aquello de “son las doce que ayer eran las once”, pues van, se ponen, y dan menos leche. Mire usted qué cosas.

En cuanto al ahorro de energía, dicen los eurodiputados que tururú. Que lo que se ahorra en luz, pues se gasta en calefacción y que lo que no va en lágrimas va en suspiros. Por no hablar (¡Oh drama horroroso entre los dramas horrorosos!) que tanto los transportes públicos como las personas tardan un tiempo en acostumbrarse a la nueva situación y que sería mejor dejar todo el año las mismas horas y ya. También se dice que, el lunes después del cambio horario, los trabajadores tienen más tendencia a pasarse las horas muertas en internet y a no hacer nada (será quien pueda, digo yo, porque a mí la faena no me deja ni planteármelo).

En fin, que para redondear el pastel, los eurodiputados conservadores, cuando les acusan de antiguos, aducen que los antiguos son los otros, que Benjamin Franklin, en el siglo XVIII ya había dicho que lo mejor para reducir el consumo de velas era que el Gobierno cambiase la hora ¡Benjamín Franklin, ya ves! Parecen decir. Un majara que se paseaba las noches de tormenta con una llave atada a una cometa. Un majara, como aquel que dice…

(La hora, efectivamente, se cambia este sábado por la noche. Serán las tardes mucho más largas, para alegría de todos).

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