A pesar de que suele ser una fiesta para cualquier fotógrafo, el bloguero no ha podido por menos que salir de la fiesta un poquitín irritado.
11 de Abril.- Una masa de aire tibio procedente de la cuenca del Mediterráneo ha traido la primavera a Viena. Ha sido cosa de dos días (como todos los años) y ha florecido todo. Viena parece otra y, como pasa siempre, aunque todavía quedan rastros en la ciudad del invierno (que este año, por lo demás, no ha sido demasiado frío) hemos pasado de la bufanda a la manga corta sin solución de continuidad. Una maravilla.
A este bloguero, servidor de todos sus lectores, la nueva temporada de eventos al aire libre (y gratis, que en Viena hay mogollón de cosas divertidas que se pueden hacer gratis) le ha pillado un poquito desprevenido. La verdad es que, de pronto, me ha entrado un poco de agobio. Porque he estado echando cuentas y queda un poquito más de un mes para Eurovisión, para el Lifeball, separado por pocas fechas de diferencia, mañana tengo el Maratón y probablemente la semana que viene sea la tradicional fiesta de Estiria. En fin, que ya tengo la cámara preparada para contarlo todo, pero va a suponer un montón de trabajo.
Hoy, hemos dado el pistoletazo de salida a la primavera con la fiesta de la bicicleta. Este año, con aniversario, porque era la décima edición.
Como siempre, hay una competición, Vienna Air King. Los chavales –¡Madre mía! Algunos pueden ser mis hijos- que hacen mejores acrobacias con la bicicleta, ganan un premio de diezmil euros.
Esto de las bicis, que parece una cosa así como de adolescentes y tal mueve un montón de pasta. Es un deporte caro. Curiosamente, caro para quien lo practica, porque hay una serie de marcas muy focalizadas sobre este público objetivo y, además, muy caro para el que lo observa.
A uno le daba casi vergüenza ir por ahí con su cámara y sus lentes y comparar los equipos que manejaban los (mocosos) digoooo los chavales adolescentes que eran fanes de este deporte.
Y digo bien, fanes, porque la verdad es que no había casi “fanas”. Este tema de la bicicleta es casi totalmente territorio ausente de mujeres. De hecho, aparte de por las comparaciones entre los equipos (ya se sabe que, para eso, los fotógrafos somos muy quisquillosos) también he salido un poquito molesto por el tufo a machismo que echaba todo aquel asunto. Es un poco como el boxeo y las carreras de fórmula uno. Las niñas, en estos deportes, tienen que ser lo más rubias posible, lo más monas posibles y lo más curvilíneas posibles. Pero ya. Hoy, de casi cincuenta muchachos que competían, solo había una chica.
También me he cabreado mucho (se ha notado ahí que me hago viejo) que había un “speaker” que estaba hablando todo el tiempo y, de cada tres palabras que decía en alemán, una era en inglés. O sea, mucho “judges” y mucho “biker”. A mí, la verdad, es que la manía que tienen los aborígenes de hablar con morcillas inglesas me saca de mis casillas (porque, en general, maltratan la lengua de Kate Middleton y, además, tienen una pronunciación espantosa).
Pero la verdad es que, pese a todo, mentiría si dijera que lo he pasado mal. Las acrobacias son la fiesta del fotógrafo y el tiempo era estupendo ¿Qué más se puede pedir? Pues que vengan más días así, qué va a ser.
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