Si algo distingue a nuestra época es porque el juego ha dejado de ser algo exclusivo de los niños.
10 de Junio.- Querida Ainara (*) : el otro día, Ainara, en el vestuario del gimnasio, alguien se dejó un trozo del periódico austriaco Der Standard, que pasa por ser uno de los más avanzados dentro del “mainstream” mediático austriaco.
Para anunciar el Standard podría utilizarse el mismo slogan que usa una marca de ropa, “not for everybody”. A mí, me gusta leerlo de vez en cuando porque, en muchos sentidos, es como yo creo que es Viena Directo: prefiere tener lectores de calidad –y este blog tiene muchos- a la cantidad de lectores.
Sigo: en este artículo se hablaba de los robots. Dentro de poco, yo creo que de diez años, que no es nada, es muy probable que los robots entren en nuestra vida y empiecen a hacer cosas normales para los seres humanos. Los robots ya están aquí, no nos engañemos, pero son seres programados para hacer determinadas tareas pesadas y monótonas, con muy poca capacidad de reacción (o, mejor dicho, de improvisación). Sin embargo, pronto, muy pronto, la inteligencia artificial, que ya puede guiar coches sin ayuda de mano humana al volante, hará que los robots puedan reaccionar y ofrecer por lo menos la apariencia de sentimientos, en definitiva podrán interactuar con nosotros, juzgar nuestros estados de ánimo, hacerse idea de nuestros deseos y actuar en consecuencia.
Habrá nacido, de hecho, una raza nueva sobre este planeta ¿Qué pasará cuando esos entes, que para nuestros abuelos y, aún, para nosotros mismos, los que hemos alcanzado la edad adulta en esta generación, no pasan de ser juguetes mecánicos más o menos curiosos, puedan acometer actos y acciones que, si fueran acometidos por seres humanos tendrían, por ejemplo, consecuencias penales? Al contrario: si un hombre destruye de manera intencionada o inadvertidamente, un delicado compuesto de circuitos y memorias ¿Se le tratará como al que rompe un jarrón japonés del Museo de L´Hermitage o como aquel arranca una vida humana?
No quiero entrar en ese asunto, que ya trataba el artículo, sino en una idea que me vino a la cabeza tirando de aquel hilo.
Si algo distingue a nuestra época, Ainara –y, me temo, distinguirá aún más a la tuya- es que muchos de los objetos u ocupaciones que, al principio, fueron creados como juegos o que pertenecían al ámbito de lo lúdico, se han convertido en todo menos en pasatiempos, adquiriendo un matiz serio y complejísimo hasta el punto de servir de cuchillo que separa de un limpio tajo las generaciones.
La vejez y la juventud se distinguen en que, los viejos, al enfrentarse con uno de estos fenómenos que conocieron como pasatiempo, lo ven ridículo o lo siguen considerando un juego (por ejemplo, a mí me pasa con los videojuegos: no puedo concebir que un ser humano con la correspondiente mata de vello púbico se dedique a matar marcianos en sus ratos libres) en tanto que los jóvenes sí que son capaces de apreciar y disfrutar, y utilizar, la complejidad del antiguo juego devenido en instrumento de aprendizaje, de ensayo de lo que puede ser la vida fuera de lo virtual.
Al fin y al cabo, pensé, no es todo tan nuevo. Tú tienes ocho años, estás en el punto álgido de tu época de jugadora (luego esa flexibilidad de anular la realidad y creer a pies juntillas en el juego se va perdiendo, por desgracia, y solo los actores o los que nos dedicamos un poquito a la escritura podemos conservar ese reducto de la infancia). Sin embargo ¿Qué son los juegos que tú juegas sino una especie de realidad de fogueo, un ensayo de lo que serás? Hasta ahora, el ser humano se tenía que apañar con la capacidad de invención que llevaba de serie, sin embargo cada vez más tiene el juego extensiones mecánicas (¡”Mecánico”, qué palabra más corta para describir la realidad virtual, por ejemplo!) que aumentan su sabor y su utilidad y que nos potencian como personas, en cualquier edad de la vida.
Besos de tu tío
(*)Ainara es la sobrina del autor
CONCURSO LOS PALOMOS
El grupo de teatro Soles del Sur quiere tener un detalle con los lectores de Viena Directo y han puesto a mi disposición dos entradas, válidas para las dos funciones que darán de la obra Los Palomos. Se adjudicarán mediante el correspondiente concursete. Para optar a ganarlas hay que cumplir estos requisitios:
- Ser fan de Viena Directo en Facebook (para hacerlo, no hay más que darle al “me gusta” en este enlace).
- Averiguar qué le pasa, qué le sobra o qué le falta a esta fotografía de un lugar conocidísimo de Viena.
- Decirlo en la página de Facebook de Viena Directo en el post correspondiente a esta entrada.
- ¡Ah! Y decirlo antes del día 12 de Junio, en que se acabará el concursete.
¡Suerte a los participantes!





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