Dein ist mein ganzes Herz: la apasionante vida de Richard Tauber (y 2)

Lo tuvo todo en esta vida pero, de alguna manera, no pudo conquistar la felicidad. La apasionante vida de Richard Tauber, el cantante experto en meterse en «fregaos».

 

2 de Agosto.- Habíamos dejado ayer a Richard Tauber divorciándose de su primera mujer, la cantante Vanconti -parece un juego de palabras, pero no lo es- y sacándole (la Vanconti) un millón de marcos a Tauber en concepto de daños y perjuicios.

El divorcio dejó a Richard Tauber bastante maltrecho económicamente (vamos, no se recuperaría en toda su vida). En aquella época, sin embargo, todo parecía ir de perlas. En gran parte debido a la estancia de Tauber en Viena, en donde había recalado porque le había llamado la Volksoper de esta capital. En la ciudad que el Danubio riega, nuestro héroe se hizo amigo de Franz Lehar, el cual se quedó encandilado de su voz y compuso varias operetas con jugosos papeles de tenor en los que Tauber brilló por esos escenarios.

Precisamente de una de estas operetas salió “Dein ist mein ganzes Herz” cuyo éxito perdura hoy en día (la prueba es que casi un siglo después de grabarse yo la conozco) y que catapultó a Richard Tauber a la fama mundial. Curiosamente, Richard Tauber estrenó la opereta (y la canción) sin haber podido ensayarla porque, mientras la compañía ensayaba, él estaba de cura en un balneario, aquejado de fiebres reumáticas.

Al principio de la década de los treinta, el mundo se empezaba a complicar y la vida de Richard Tauber no fue ajena a estas complicaciones.

El tsunami de la gran depresión rompió en Europa a principios de 1930, justo cuando Richard Tauber fundó su productora cinematográfica, la Richard-Tauber-Tonfilm-Geselschaft, aprovechando que empezaba el cine sonoro y que el principal activo del accionista dominante era una voz de oro. Pues bien, en 1931 tuvo que cerrarla porque la sociedad quebró.

Para resarcirse de las pérdidas, Richard Tauber aceptó cantar al otro lado del océano y empezó a ser famoso también en los Estados Unidos.

En 1933, Richard Tauber fue agredido en Berlín, en el hotel Kempinski (uno de los más lujosos de la ciudad) por un grupo de camisas pardas, al grito de “Judío de la polla, fuera de Alemania” (no se me ha ocurrido otra manera de traducir el versallesco término “Judenlümmel”, si hay alguno entre mis lectores al que se le ocurra algo mejor que lo diga). Richard Tauber no se lo pensó dos veces e hizo las maletas, como es natural, a pesar de que, según mis noticias no era judío y a pesar de que, en aquel momento, estaba cantando en Berlín con gran éxito.

Richard Tauber había rehecho ya su vida pero, como para las mujeres no tenía la misma vista que para la música, la había rehecho con la cantante Mary Lossef (alcohólica, la pobre). Durante el rodaje de una película en Londres, en 1935, conoció a Diana Napier, una actriz inglesa. Dejó a la alcohólica y se casó con la británica, pero este matrimonio tampoco duró y a los dos años de casados los cónyuges se repartieron los trastos y siguieron caminos separados.

En 1938, Hitler se anexionó Austria. Como hemos visto, Richard Tauber no andaba en relaciones demasiado buenas con los nazis, así que, cuando las tropas nazis entraron en Viena, el tenor miró el reloj y dijo:

-!Coñe, se me ha hecho tarde! No llego a la gira mundial que tenía preparada.

Y con las mismas, cogió la del humo.

A partir de ahí, la carrera de Richard Tauber se desarrolló sobre todo en Inglaterra. Cuando empezó la segunda guerra mundial, colaboró con el esfuerzo bélico de la manera que mejor sabía. O sea, cantando para las tropas.

En 1941 se hizo oficialmente británico y empezó a retirarse del canto gradualmente, pasando a su faceta de director que, como decíamos ayer, había sido su primer amor musical.

En 1946 anunció su retirada y dio su último concierto como solista, en Zurich. No sería su última aparición. En 1947 cantó en Londres, con la compañía de la Wiener Staatsoper el “Ottavio” del Don Giovanni de Mozart. Poco después fue ingresado en un hospital de Londres y, pocas semanas más tarde, murió a los 56 años como consecuencia de un cáncer de pulmón.

A pesar de su fama y de sus enormes ingresos, al morir Richard Tauber estaba en la ruina y debía casi tres cuartos de millón de marcos al fisco. Durante su funeral, en el Royal Albert Hall, se pidió a los fans que contribuyeran con un óbolo a aliviar la penuria económica de sus herederos (un poco como lo de Lola Flores, lo de “si cada Español pusiera cien pesetas…”).

Richard Tauber está enterrado en Londres, pero en el cementerio de Bad Ischl también hay un monumento conmemorativo del “Rey del Bel Canto”.


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