¿Te has preguntado alguna vez por qué algunos mensajes se extienden como la pólvora y se vuelven virales? Hay gente que controla este arte
4 de Agosto.- El cerebro humano es una máquina maravillosa (en unas personas más maravillosa que en otras, pero bueno: en general). Y es admirable porque es un elemento que todos utilizamos para ordenar el caos que nos circunda y obtener de él repeticiones, a fin de hacernos la ilusión de que el caos es menos caos y de que podemos controlar lo que pasa.
Un suponer: si en un pueblo de Albacete, un año de sequía, los aldeanos hacen rogativas a la Virgen de la Fuente y, días más tarde, llueve, en la mente del Homo Sapiens, la experiencia quedará archivada y atribuirá la lluvia no a la aparición perfectamente lógica de un frente procedente del Atlántico, sino a la intercesión divina. Ergo: la próxima vez que haya sequía en La Mancha, los agricultores harán más rogativas tratando de provocar la repetición del fenómeno meteorológico. Causa-Efecto. De ahí a levantar la basílica de San Pedro y a decir que Dios es uno y trino, no llega a haber tres pasos.
En fin: toda esta larga disquisición para decir que este verano está siendo, para mí, el verano de la identidad digital. O sea que, de entre el caos que hay a mi alrededor, del ruido que me entra por mi Feisbul y por la televisión, por este ordenador desde el cual escribo este post, a mí me parece que lo más destacado que está pasando ahora mismo en Austria y en el Mundo es la manera en que las nuevas formas de difusión de la información están formando (pero muchísimo más deformando) la percepción que los seres humanos tenemos de la realidad. O sea, de cómo la mayoría de la gente está desaprendiendo a consumir información y cada vez es mediaticamente más analfabeta (por ejemplo, al no distinguir lo que es real de la ficción).
Y no me refiero al efímero estrellato mediático de Varoufakis, o al indivíduo ese que va por ahí hablando como si se acabara de despertar y hubiera descubierto que el espíritu de Paulina Rubio le ha poseido (ese de los “bebesitos” y el “around the world”) aunque él nos va a servir para explicar algo que no es nuevo –Goebels lo dominaba- pero que, en esta era digital, está adquiriendo proporciones monstruosas. Y es lo siguiente: si tú quieres que algo entre dentro de la conversación global (o sea, que la gente hable de ello entre vídeo de los Minions y vídeo de los Minions) tiene que ser lo más tonto posible, rayando en el nivel de inteligencia que tienen las amebas (“around the world” “bebesitos”). Por un doble motivo: las personas inteligentes hablarán del mensaje glosando lo mastuerzo que es. Los tontos, como sucede, se lo creerán y lo difundirán (¿De qué si no iba a tener el Kronen Zeitung los lectores que tiene?).
El nazismo no tuvo éxito por las personas inteligentes, cultas y formadas, sino por toda la masa de cachos de carne con ojos que lo impulsaron desde las cloacas de la subcultura popular de la que Hitler se nutría (esos folletos antisemitas marginales de los que el tito Adolfo era un ávido consumidor).
Esta regla forma el espinazo de la ultraderecha aún hoy (aquí en Austria y en el llamado “Cinturón de la Biblia” de los Estados Unidos) y por eso sus contenidos son tan burdos: porque la ultraderecha apunta a la intranquilidad que la gente menos favorecida intelectualmente siente al no entender el mundo. La batalla contra esos contenidos es una batalla perdida de antemano, porque apunta a otro resorte fundamental del carácter humano: el hombre es un animal vago por naturaleza. O, lo que es lo mismo: si tú has llegado hasta aquí, jamás votarias al FPÖ.
Cuando he empezado a escribir este post pensaba comentar el nuevo vídeo de las juventudes de ese partido (no voy a poner ni el link). Es una perla de cinco minutos que no resiste el más mínimo análisis, que es racista a más no poder, sexista, que apunta a las más bajas pasiones del espectador (el miedo, la xenofobia, la ira, la frustración). Pero me han venido a la mente dos cosas: la primera ¿Qué pasaría si el indudable talento (perverso, pero talento) de quienes han elaborado el vídeo se dirigiese a algo constructivo? Y dos: hablando de él, glosándolo: ¿No estaría cumpliendo exactamente el objetivo de quienes lo han hecho? ¿No estaría presentando ante mis lectores, banalizándolo, quitándole algo de su asquerosidad, un ideario infame y contra el que estoy totalmente?
Ante la duda, he decidido hablar de cómo funciona la inteligencia. Espero que por lo menos, a alguien, le haya sido útil.


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