El verano es una época propicia, sobre todo, para tener cierta nostalgia del fresquete. Aquí, unas imágenes refrescantes de Viena.
8 de Agosto.- ¡Ah, el verano! Esa estación casi metafísica propicia para todo tipo de limpiezas. Cada cierto tiempo hago labores de mantenimiento de mi archivo fotográfico. Al ser ya este ingente, tengo que hacer backups y copias por partes. Este verano del 2015 le ha tocado a una tartera de cd´s en donde están todas las fotos que hice con las cámaras IXUS de Canon que fueron mis primeras digitales. En estas fechas agostíes se cumplen exactamente diez años de mi primera estancia larga en Austria (un mes) y también una década (cómo pasa el tiempo) desde que abandoné la fotografía química y empecé a tomar imágenes en megabytes.
La mayoría de las fotos de esa tartera de CDs está inédita en Viena Directo. Primero, y para ser honrados, porque una cámara compacta, hace diez años, no era el aparato mejor para conseguir fotos espectaculares. Y también, por qué no decirlo, porque en aquellos tiempos los medios que yo tengo ahora para posproducir las fotos y sacar el máximo partido de ellas, en muchos casos, ni siquiera se habían inventado. 
De cualquier manera, entre las imágenes personales que no saldrán aquí, he encontrado esta serie que creo que es muy apropiada para un día como hoy.
En jornadas como esta de calor inmisericorde, uno tiende a pensar con cierta nostalgia en el invierno. En el fresquito, en el estar acurrucadito debajo de la mantita con el amorcito de su vidita, en la ingesta alcohólica que ayuda a ver de otra manera más alegre la falta de luz…Y sin embargo el invierno, la nieve más concretamente, en la ciudad puede ser muy coñazo. 
Recuerde el alma dormida (vamos, atontada por la canícula) avive el seso y despierte contemplando estas instantáneas que ahora parecen pertenecer a otra ciudad, a una Atlántida fría en la que, durante cuatro meses al año, vivimos los vieneses prisioneros.
Recuerde el alma dormida, digo, y disfrute del verano. De los gintonics a la luz de la luna, del andar en pelotas por la casa sin ningún tipo de problema, en salir de la ducha sin miedo a que a uno se le acongoje nada, el dormir despatarrado, como si el mundo fuera suyo y no hubiera mañana, ni lunes, ni tenemos que trabajar para poder llegar a fin de mes.
Piense el lector que, aunque las imágenes que le dejo parezcan remotas, antes de que nos demos cuenta estaremos con la bufanda y con el gorro y quejándonos de las olas de frío siberiano que padeceremos y que batirán el record de todas las olas de frío siberiano habidas y por haber.
En fin: refrésquese el lector con las imágenes invernales pero no olvide disfrutar del aquí y del ahora, por muy coñazo que sea a veces, porque de mañana no podemos estar seguros.
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