Mensajes de Año Nuevo

cámaraAyer por la tarde Heinz Fischer, Presidente de EPR, se dirigió a sus conciudadanos. Y lo hizo por última vez. No le dio tos, ni hipo. A otros, sí.

2 de Enero.- Hay un momento en „El Discurso del Rey“, la peli que cuenta los problemas del padre de la reina Isabel de Inglaterra para vencer sus tartamudeos, en el cual se ve cómo el grandfather de la queen, el rey Eduardo, el hijo de la longeva (y pesadísima, en todos los sentidos) reina Victoria, graba un mensaje de navidad para la radio incipiente. El orondo y barbudo señor se lamenta de que la radio sea una cosa inevitable, porque los súbditos demandan cercanía con sus monarcas.

Hoy me he acordado de esta escena porque he conocido a la novia de un amigo mío, una muchacha danesa muy simpática y muy inteligente.

Charlando con ella, ha salido la conversación de los mensajes de navidad y la chica ha explicado que, en su país, la reina, Margarita, una señora que ya ha cruzado el Cabo de Hornos de la setentena, comparece ante los daneses todos los primeros de enero por televisión y les habla en directo (!En directo!).

El gag de todos los años es ver cuántos errores comete la señora, que queda así humanizada delante de sus súbditos.

El discurso no es menos coñazo que el del rey nuestro señor (si se atiende a la duración, la verdad es que el de la reina de los daneses ha sido este año dos minutos menos tostón que el de Felipe uve palito) pero se gana, qué duda cabe, en espontaneidad y siempre está la cosa de si, en directo, la señora va a perder los papeles o se le va a perder un pendiente como a Lola Flores o le va a dar un ataque incontenible de hipo, de risa o de tos (pòr cierto, en el minuto 2:48 de este mensaje la reina Margarita se hace un poco de taco con los papeles y se equivoca al leer, por si alguno de mis lectores quiere comprobar que los reyes son los padres).

Piensa uno que estas cosas solo son posibles en los países nórdicos, tan civilizados que pueden aceptar que sus monarcas son personas como usted y como yo (o también con unos monarcas que pueden permitirse el mostrarse humanos y que se los tome a pitorreo la gente justa para que la monarquía pueda seguir existiendo). En el sur, les da aprensión a los gobernantes eso de que los vean de carne y hueso y por eso todos los mensajes se graban en (se supone) interminables sesiones.

Uno tiene el presentimiento, sin embargo, de que el mensaje de Heinz Fischer, presidente de EPR, el cual se emitió ayer, como es costumbre, después del telediario de media tarde (hora española, noche aquí) debió de grabarse casi del tirón.

Fischer no es solo un señor que tiene, con perdón, „el culo pelao“ de dar mensajes de año nuevo (este era su decimosegundo) sino que también se le ve, delante de las cámaras, muchísimo más suelto que a cualquiera de los políticos españoles susceptibles de dar mensajes (por cierto, esto del „mensajeo“ navideño ha llegado a unos extremos un poco saturantes; cualquier alcalde los da ya y los cuelga en el tutubo).

No dijo Fischer nada que no fuera esperable (al fin y al cabo, noblesse oblige) pero sí que es verdad que, como será el último (en mayo nos caduca este presidente y elegirán otros quienes tengan derecho a voto) tenía su aquel lo de verlo. Fischer consiguió dotar a sus palabras de la amabilidad que le debe de caracterizar a él como persona y una decencia y una humildad (no confundir con esa falsa „sencillez“ borbónica de la que hacía gala el rey padre) que le hacen, por lo menos a mí mo hacen, bastante entrañable. Y casi da penilla que se marche este que para mí, será ya „mi presidente“ porque no he conocido otro.

Uno de los hitos de este año que acaba de empezar será el de elegir a quien reemplazará a Heinz Fischer al frente del Estado austriaco. La cita definitiva será el 24 de Abril. Si ninguno de los candidatos obtuviera la mayoría absoluta, el día 22 de mayo habría una segunda vuelta.

De momento, solo tenemos una candidata, la señora Griss, de la que ya hablamos el otro día ¿Con quién competirá frau Griss? Dicen los mentideros vieneses que puede ser que con el mismísimo Strache, hermano de leche de Marine Le Pen pero que el líder ultraderechista se está pensando el dar el gran paso para no quedar como dicen que quedó Cagancho el Almagro y él quedó en Viena el año pasado en las elecciones municipales, en donde estuvimos a un pelo de Kojak de que nos saliera alcalde (Dios, con muy buen criterio, lo evitó y Viena seguirá siendo, por lo menos durante los próximos años, la ciudad civilizada, tolerante y abierta al mundo que nos gusta a gran parte de los que vivimos aquí).

Dados los porcentajes de intención de voto del FPÖ Strache podría reunir sin ningún problema las 6000 firmas necesarias para poder presentarse, pero tiene miedo de que le pase como en Viena y que sus hipotéticos oponentes jugasen la carta del „todos contra Strache“ y le volvieran a sentar de culo en ese trono de princesa del pop que no llega a gran dama de la canción que parece pertenecerle por derecho propio desde hace una década.

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