Día de cambios en Austria. Una Ministra cambia de oficina, un consejero regional hace lo propio y la casa natal de Hitler también cambia de manos.
9 de Abril.- La noticia del día en Austria es que EPR cambia de ministro del interior. Tras cinco años (parte muy complicados, debido a la llamada „crisis de los refugiados“) Johanna Mikl-Leitner se convierte en la número tres de Erwin Pröll en Baja Austria. La sustituirá Wolfgang Sobotka también, lógicamente, del Partido Popular austriaco. El reciente sexagenario (los cumplió el día 5 de Enero) tiene una formación sorprendente para un Ministro del Interior. Es Historiador de carrera y, además violonchelista y director de orquesta. Actualmente, Sobotka se encarga de los asuntos económicos y del mercado de trabajo en el Gobierno regional que capitanea Erwin Pröll, está casado y tiene seis hijos.
En fin: hasta aquí la obligación. Ahora pasemos a la devoción.
Hoy se ha sabido que, después de cinco años de tiras y aflojas, la casa en donde nació, el 20 de Abril de 1889, Adolf Hitler va a ser expropiada por el Gobierno austriaco que se la alquilaba, desde hace más de cuarenta años, a su propietaria, que la recuperó después de la guerra mundial. Desde entonces ha sido biblioteca, banco y taller de información para discapacitados, pero hoy la casa está vacía y sin uso.
El motivo oficial de la expropiación es, principalmente, sacar el inmueble del mercado y evitar que se convierta en centro de peregrinación (ya lo es, aunque extraoficialmente) para admiradores y fanes de aquellos tiempos oscuros bajo el signo de la cruz gamada.
Como es bien sabido, Hitler nació en Braunau am Inn practicamente de casualidad. Su padre, Alois Hitler, era funcionario de aduanas y el segundo que llevaba el apellido Hitler (apellido que, con diferentes grafías, como Hüttler, es bastante corriente en toda la región del Waldviertel) . Digo que era el segundo porque, si no me falla la memoria, el abuelo de Hitler se cambió el apellido de Schickelgruber a Hitler, parece ser que por una cuestión de herencias. Fue una gran decisión de marketing del diablo, porque lo de „Heil Schickelgruber!“ no hubiera sonado nada bien en las películas.
Hitler vino al mundo en una familia de la parte más baja de la clase media.
El padre no tenía prácticamente más estudios que la formación que le dió el Ministerio para que fuera funcionario de aduanas y la madre, Klara Hitler, era un ama de casa bastante apocada, que parece ser que sobrevivía con más pena que gloria a los accesos de cólera del padre (lo de ser „hegemónicos“ lo llevaban en los genitales, los hombres Hitler, por lo que parece).
Yo nunca he estado en Braunau, pero parece ser que sus habitantes están un poquito hasta los genitales -esta vez de verdad- de que su pueblo esté en la Historia debido a ser el kilómetro cero de la biografía de un personaje como Hitler, por lo cual es probable que los habitantes de la, por lo demás, tranquila población, acojan con alegría la decisión del Gobierno austriaco de evitar que compre la casa cualquier „colgao“ de la vida como un diputado ruso -lo mejor de cada casa- que, siendo como son en Rusia, intentó comprar la casa natal de Hitler con cualquiera sabe qué motivos (cualquiera sabe cuáles pero fácil es suponerlos).
En 1989, a los cien años del nacimiento de Hitler, se colocó frente a la puerta de su casa natal un „manolito“ procedente de la cantera de Mauthausen, en el que se inscribió un texto de repulsa hacia el fascismo y el nacionalsocialismo, una enfermedad que, con diferentes nombres, tiende a aquejar a la Humanidad cada cierto tiempo (vaya por Dios).
Esperemos que la próxima epidemia tarde aún en aparecer.
Deja una respuesta