Catherine Slopper vive en Burgenland

Hay momentos en la vida de un español que vive en Austria en donde lo mejor que se le ocurre es pensar en Catherine Slopper.

7 de Mayo.- Washington Square, de Henry James, es una novela apasionante, y es apasionante porque, aparentemente, la historia es muy sencilla, pero está contada con una ambigüedad tan calculada que hace que, según la época de la vida en la que uno la lea, uno piense de esa historia aparentemente sencilla una cosa diferente y, aún mejor que, según la época de la vida en la que uno lea Washington Square, uno se hace una idea diferente de lo que el autor quería contar y, sobre todo, de con quién iban sus simpatías.

La historia es la siguiente: el Doctor Slopper, hombre de gran inteligencia y sin gran caudal de sentimientos que nublen esa inteligencia (casi se diría de una inteligencia demasiado grande), rico, que vive en una lujosa casa de la Washington Square de la Nueva York de mediados del siglo XIX, tiene una hija, Catherine, la cual es, por todos los extremos, una chica que no destaca por nada. Antes bien, es más bien tirando a sosa, cosa que al doctor le produce un gran dolor al ver a su hija como a una prolongación de sí mismo. Un día, a Catherine, de quien todo el mundo asume que será una solterona, le sale un pretendiente guapo, sensible, pero pobre como una rata, Morris Townsend. Morris Townsend le propone matrimonio a Catherine y el doctor Slopper se opone rotundamente. Cuando uno es joven -yo tenía alrededor de quince años cuando leí por primera vez Washington Square- a uno le parece que el doctor Slopper es sumamente cruel, porque condena a su hija a la soledad poniéndole delante un espejo -¿Deformante?- en donde le muestra a la pobre muchacha toda su mediocridad y luego le dice : „Morris Townsend solo te pretende por tu dinero“. Cuando uno es más mayor -cuando, por ejemplo, se relee el libro a los treinta- uno empieza a sentir simpatía por el doctor Slopper el cual prefiere causarle un daño brutal a su hija en su juventud -un daño que él presume rápido y eficaz como un cauterio y, de la misma manera, cicatrizable a medio y largo plazo- que irse a la tumba suponiendo que su hija estará condenada a vivir al lado de un tipo que no la quiere, que la empobrecerá gastándose su dinero con otras y que terminará quién sabe, si abandonándola.

Si Morris Townsend, a los quince, es un tipo sensible que ve en Catherine algo que nadie más ve, a los treinta Morris Townsend es un sinvergüenza. A los cuarenta, momento en el que yo estoy ahora, uno se pone en la piel del doctor Slopper y, la verdad, no sabe si sería capaz de tener la fuerza necesaria de carácter de causarle a Catherine un dolor tan hondo.

Mientras escribo estas líneas son casi las dos de la madrugada y acabo de volver de la Fiesta de los Bomberos (voluntarios) de Neusiedl am See, que es un pueblo de Burgenland en donde paso los fines de semana. Se celebra la fiesta en el parque de bomberos de la localidad, en el lugar -amplio, desangelado, industrial- en donde normalmente están guardados los camiones. Es una fiesta de pueblo, en donde la música -en directo o grabada- está siempre demasiado alta y, por lo tanto, el extranjero, que se ve prácticamente incapaz de desbrozar las conversaciones de los éxitos de ayer, de hoy y de siempre, solo puede meditar y observar.Meditar, por ejemplo, en Washington Square y en lo que haría él si tuviera una hija feílla y más bien sosa a la que un sinvergüenza quisiera engañar vilmente.

La novela de Henry James me ha venido a la memoria porque, en la Fiesta de los Bomberos de Neusiedl am See, una de las partes primordiales de la fiesta es el baile y, quizá como en la situación de observar y callar uno termina fijándose en las personas que están como uno, uno ha visto a unas cuantas Catherine Slopper, mirando con envida a las parejas que bailaban en la pista.

El ambiente, por lo demás, era muy peculiar de los sitios en donde un no-austriaco se internaría nunca y animo a mis lectores que vivan aquí a que, si tienen ocasión, aprovechen para hacer lo que yo he hecho y se sienten en una de esas carpas en donde, dentro de unas horas, se hará el Frühschoppen –esa especie de merendola que, tradicionalmente, se hacía después de misa- y les animo a que miren a las mujeres teñidas de negro azabache -verán un reflejo de nuestras cincuentonas teñidas de rubio- y verán también a los señores mayores con sus camisas de cuadros de manga corta y esos andares que deben de ser los mismos aquí que en Almagro o en la parte agrícola de los Estados Unidos y quizá se fijen en esos niños de cara hosca cuyas madres piensan que llevarlos arreglados a los sitios es comprarles una sudadera con capucha un poco más lujosa de lo normal, quizá en alguna tienda cara del Shopping City Süd de Vienna. Y verán cómo, según avanzan las horas y las rondas de Spritzer cada vez los pasos de baile se vuelven más vacilantes y Catherine Slopper sigue mirando a la pista (quizá Catherine Slopper, gordita, con la espalda cargada, se anime y salga a bailar con alguna amiga, como en las fotos que se ven de los bailes españoles de la posguerra). Y terminará viendo cómo los padres, de paso vacilante, terminan cargando a los hijos a hombros, pasada la media noche, como en esas imágenes que se tienen del Buen Pastor; y verán que siempre hay un borracho, sentado al pie del tablado en donde toca la orquesta el cual, mientras derrama su vino, canta Joanna, du geile Sau.

Y quizá se sientan, como uno, un extraterrestre capaz de meditar sobre una novela de Henry James mientras, a su alrededor, la gente, ignorante del destino de la pobre Catherine Slopper, se divierte.


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Comentarios

Una respuesta a «Catherine Slopper vive en Burgenland»

  1. Avatar de Pilar
    Pilar

    Una sensible percepción. Me encanta como escribes!
    Fui «mesonera» por nupcias durante 13 años en un pueblito de la Alta Austria y he visto innumerables Frühschoppen y (en doble concentración) Fasching G’schnas, por lo que estoy en condiciones de avalar tu narrativa e incluso aducir, que te quedaste corto, Paco.
    Este tipo de festejos ofrecen material suficiente para un estudio antropológico! Me encanta vivir en Austria

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