Mira mi pecho (auto)tatuado

Coi LausanneUn ciudadano de la ciudad de Bad Fischau se ha sentado hoy en el banquillo. Todos podemos extraer una valiosa lección al respecto.

22 de Agosto.- La formación ultraderechista austriaca FPÖ, muy en su línea, ha decidido impugnar los resultados del medallero de los Juegos Olímpicos de (me) Río de Janeiro.

Un portavoz ha declarado:

-El hecho de que, contra todo pronóstico, no haya nevado en Río y nuestros chicos no hayan podido lucirse, se debe, claramente, a una conjura eco-marxista en lo deportivo que si a nosotros nos honra, a ellos –a los marxistas- les envilece. Además, por si hicieran falta más pruebas, la bandera de este país !Es verde! ¿Cabe mayor contubernio? ¡Mofa sobre mofa! ¡Befa sobre befa! ¡Estamos que mufamos!

-Será que bufan.

-Eso ¡Estamos que fumamos!

En fin..

No está muy claro que el Comité Olímpico Internacional vaya a acceder a las demandas del FPÖ, y mucho menos que haya alguna manera de que nieve en la playa de Copacabana para transformar la competición de volley-playa en una de esquí alpino (ni creo que los brasileños vayan a dejarse arrebatar las garotas de traseros heroicos y pechos pungentes para transformarlas en ceñudos señores con casco y mono de neopreno) pero los tristes resultados del deporte austriaco en estas olimpiadas (una medallica, si no me falla la memoria) bien valen un intento.

Fuera de coñas, hoy va de fábulas.

En este día que ha anticipado el otoño, se ha celebrado en la audiencia de Wiener Neustadt un proceso muy particular.

Hace dos años, un ciudadano que entonces cumplía los 50 hizo una denuncia que, por cierto, fue recogida por el Österreich (gran periódico) medio en el que yo la leí. Sostenía el denunciante que, debido a una disputa vecinal, en el término municipal de Bad Fischau (marco-incomparable-de-belleza-sin-igual) había sido atacado por una pandilla de facinerosos, había sido derribado de su vehículo de tracción animal (bicicleta) y después dichos facinerosos le habían grabado en la frente una esvástica o cruz gamada utilizando un objeto punzante.

Cariacontecido, junto con su santa (esposa), la cual le sujetaba la mano y con el emblema nazi bien visible, posaba el ciclista derribado tendido en la cama del hospital.

Las pesquisas y, naturalmente, el testimonio de la víctima, condujeron a que el familiar de un vecino fuera acusado de haber herido al hombre y de haberlo dejado marcado y, dado que el mundo está como está, y en esta rama de la política (los del brazo en alto) abundan cafres y malvados, todo el mundo creyó al hombre y el presunto implicado fue investigado (y declarado inocente a los tres meses, dada la falta de pruebas contra él).

Rodeado del cariño de sus familiares y de la compasión de sus vecinos, nuestro hombre continuó con su vida, hasta que dos años después de la primera agresión ¡Zasca! Otra vez. Y esta, le tatuaron la esvástica en el pecho ¿Habrase visto semejante desatino? ¡Un pobre ciudadano atacado –por dos veces, además- por una patulea de miserables ideológicamente extraviados! Vuelta a salir en el Österreich (posiblemente también en el Kronen Zeitung) vuelta él a lamentarse por lo mal que está la vida y lo indefenso que está el ciudadano, vuelta la pasma a investigar quién ha podido estar detrás de los hechos.

Y esta segunda vez, claro, los policías empezaron a dudar sobre la versión de la víctima y empezaron a pensar que todo el asunto podía haber sido patraña. Se pidió dictamen médico y los galenos afirmaron que el hombre había fingido el asunto y se había producido las esvásticas él mismo porque, según los psiquiatras que le estudiaron, está poseído por un deseo enfermizo de atención pública.

Por cierto, la esposa también está acusada y deberá prestar declaración.

La moraleja del asunto es, en mi opinión, que vivimos en un mundo en el que hay cada vez más personas que depositan su autoestima en la opinión de los demás y en lo que los pedantes (y los tontos) llaman “feedback” o sea, que fían su alegría a ser correctamente alimentados por detrás. Ha sido siempre así, pero la tecnología y la extensión de las redes sociales y, sobre todo del ciclo “posteo-cosecho likes- ¿Tengo más likes que ayer? Me alegro – ¿Tengo menos likes que ayer? Me tatúo una esvástica en la frente y digo que ha sido mi vecino ” han hecho que, en mayor o menor medida todos hayamos descubierto el poder de la aprobación ajena como reconstituyente anímico ¿Abandonaremos en un futuro próximo esta forma infantil de relacionarnos con el mundo? No es muy probable.

Hala venga, va: voy a ver cuántos likes cosecha este post.

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