Paradojas de una foto

Vanderbellen2Hoy, el candidato Van der Bellen ha desvelado sus carteles y su figura, al hilo de un encuentro en un lugar muy vienés, sirve de materia para la reflexión.

Yo digo siempre que lo mejor de Viena Directo son sus lectores y el artículo de hoy lo demuestra. Está escrito por Gonzalo Moreno, español residente en Viena, el cual, el sábado pasado tuvo un encuentro con un personaje austriaco muy famoso. Sus reflexiones al hilo de éste, merecen, en mi opinión, mucho la pena y considero que son un punto de vista diferente al mío en algunos aspectos, pero que ayudará, sin duda, a enriquecer la idea que mis lectores tengan de ciertas cuestiones. Y de eso se trata ¿Verdad? Pues nada: pasemos al texto.

La foto que encabeza estas líneas fue imprimida ayer en al menos tres diarios nacionales junto a sus respectivas crónicas. La ocasión es propicia para ver cómo se maceran la política, los medios y de paso, los ciudadanos.

La pedanía vienesa de Neustift celebró este fin de semana su Kirtag (fiesta tradicional) que en los últimos años ha rejuvenecido hasta convertirse en la primera novofiesta tradicional del país. Un escaparate de la Austria profunda pero innegablemente renovado donde se citan familias, abuelos, adolescentes hormonosos, macarras y mucha gente guapa. Muchos en traje tradicional, todos en ambiente festivo. Para los políticos una oportunidad de rascar votos y mercadear con la telegenia.

Paseando con mi mujer, mi hija y varios amigos; nos encontramos de frente al presidente electo y de nuevo candidato a la Presidencia de la República de Austria. Alexander Van der Bellen paseaba lentamente con gesto ensayado, americana a la espalda y seguido de una corte de cámaras, community managers y asesores de imagen. Entre el segundo y el tercer botón de la camisa asoma el plumero de un micrófono nada discreto. Sin atender a mucho más que a la oportunidad, y sabiendo que en mi grupo había varios votantes, le pedimos hacernos un selfie y le deseamos suerte para las elecciones del 2 de octubre. Nada extraordinario en un país de apenas ocho millones de personas, en cuya capital se concentran dos, entre ellos los dos finalistas a la Presidencia.

Lo interesante llega después. Porque la foto, aparte del grupo de WhatsApp creado entre los amigos para citarnos en Neustift, se extiende como la pólvora por las redes sociales primero para terminar impresa a los dos días en cientos de miles de ejemplares si se suman las tiradas del Kurier, el Heute y el Krone Zeitung

Casi todos los pies de foto hacen referencia al entusiasmo de los jóvenes votantes que piden retratarse con el candidato. Y tenemos la primera paradoja. Del grupo de cinco, los dos extremos los ocupan extranjeros comunitarios que no tiene derecho al voto. Para más confusión, el que esto escribe y autor cenital de la foto, viste atributos típicos austriacos; con lo cual, a primera vista, no había sospecha alguna de nuestras capacidades electorales. El candidato, tirolés de cuna, vestía un veraniego traje azul; mientras que el español calzaba populares pantalones de cuero. La coda a esta paradoja es clara: cuando se está medianamente interesado por la cosa pública, se tiene un criterio político formado, se cotiza durante años y hay integración cultural probada ¿hay muchas razones para negar el voto nacional a un ciudadano de la EU?

La segunda paradoja es más apretada. Como Paco Bernal ha tratado varias veces en estas páginas el señor Van der Bellen es el candidato del Gobierno Federal, de las élites, de la plutocracia de Bruselas, la señora Merkel y de toda la izquierda. Unos por identificación, la mayoría por reacción. Es decir, el candidato del establishment: intelectual, liberal, de ideología opaca y con pátina ecologista. Y precisamente por esa alianza a la fuerza, desconfío de él como solución sostenible al bloqueo político austriaco. No porque la alternativa, Norbert Hofer, el candidato troglodita, vaya a solucionar nada. Sino porque Van der Bellen viene a apuntalar un sistema asediado por un populismo rampante. Y con el FPÖ a las puertas de la Cancillería, que ese sí sería un poder ejecutivo real de intenciones azufrosas. En ese escenario, una victoria forzada por el sistema, casi implorada desde todas las instancias internacionales y con la promesa antidemocrática del candidato de no aceptar al FPÖ como partido de gobierno, no hará sino ahondar la larga brecha entre las dos Austrias. La segunda coda es ignaciana: salvar a la persona al margen del apparatchik que representen en el momento. Y en este caso, Van der Bellen es un hombre educado, excelente conversador y de trato agradabilísimo. Se merece un selfie y una cena si se tercia.

Volviendo a la foto y sabiendo que hubo decenas de ellas, también con el otro candidato; la operación de comunicación política es fascinante. En Neustift había muchos votos en juego, más multiplicados por el efecto de los medios. Los aspirantes lo sabían. Quizá el público natural de Hofer estaban bien amarrado entre los que viven las tradiciones vestidos de refajo. Van der Bellen fue a jugar fuera, pero no dudó en hacerse un hueco entre un alemán, un español y algunos votantes. Los actores no estaban escogidos, pero sí bien combinados. Que cada uno extraiga los elementos. Nada estaba preparado. Y por eso quedó mejor.

(NOTA: Las negritas son mías, de Paco Bernal)

GonzaloGonzalo Moreno es español y trabaja y vive en Viena. Ha fundado y redacta el blog Coreuropa y, además, ha publicado diversos artículos en medios españoles.

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