Dame amor esta noche

 

amorLos tiempos están cambiando, y nadie hace las cosas como las hacía antes. En Austria y en el mundo. En todos los aspectos de la vida.

29 de Agosto.- Al leer ciertas noticias, uno no puede por menos que pensar que los gays han sido y son la avanzadilla del mundo futuro. Una especie de campo de experimentación de las tendencias que partirán el “bacalado” de “Bilbado” diez o quince años después.

Al leer el artículo que hoy encendió la chispa para escribir este, no pude evitar acordarme de mi buen amigo M., gay él y sin ningún deseo de que le curen, por cierto (¿Qué clase de locas de las mechas pueden querer curar algo perfectamente natural?) el cual amigo se me quejaba, ya a mediados de la década pasada, de que la cosa de ligar en los bares, por el procedimiento de toda la vida (¿Estudias o trabajas? ¿Eres de aquí? ¿Eso que llevas en el bolsillo es porque eres un yihadista o es que estás contento de verme?) se había puesto imposible porque la gente ya venía ligada de casa y buscaban las parejas por internet, desde la intimidad de sus domicilios, procedimiento que limitaba considerablemente el tema prueba y error de los métodos tradicionales y, por qué no, redundaba también en beneficio del bolsillo de los consumidores del mercado de la carne, al reducir el despilfarro de zumo de pomelo de la mañana siguiente.

Por aquella época, el sector hetero de la población vivía todavía pensando que eso de ligar utilizando internet, lo mismo que el depilado masculino superciliar, la mancuenna, las cremas hidratantes, o lo de comprarse pantalones que dejasen ver, en el mejor de los casos, el elástico de los calzoncillos y, en el peor, la hucha de la raja del porompompero, no era para ellos.

Sin embargo, los de mi generación, los que andamos en los treinta y diez, ya vamos en muchos casos por el primer divorcio, y sucede que, llegados a una edad, aunque uno esté de chapa y pintura como cuando tenía diez años menos, lo de conocer gente, señora, se pone complicado. Porque a uno, la verdad, ya no le apetece tragar humo en los antros (en España, ya no es así, pero en Austria seguimos con la maldita manía de provocarle a la gente enfisemas que no se ha buscado) y también porque, en nuestros tiempos, Paulina Rubio sacaba todavía discos con los que te apetecía bailar (Pau Latina, qué gran nombre para un cedé, señora); asimismo, los amigos que antes nos acompañaban de francachelas hasta las tantas ya están casados, tienen niños, o un principio de cirrosis, o la tensión alta, o cita con el podólogo para que les quite un ojo de pollo o, simplemente, lo que les apetece es ir a ver espectáculos que terminan a las once de la noche y luego irse a su casa a…Lo han adivinado: a ligar por internet.

Si, a principios de este siglo era solo un 1% de los austriacos (y las austriacas) los que utilizaban los portales de búsqueda de pareja (y lo hacían en secreto, para que sus amistades no pensaran que eran ya “deshechos de tienta” que se iban a quedar para vestir santos) hoy, el ligoteo digital ya ha alcanzado al 25% de los pobladores de Esta Pequeña República.

Así, los que quieren abandonar el amor solitario y darle descanso a sus articulaciones, tienen cada día más posibilidades. Los más maduritos (y los de poder adquisitivo más alto) cuentan incluso con agencias que se posicionan anunciado que, sus portales, solo los cruzan “singles mit niveau” o sea, solteros y solteras pero que tienen un caché, una garra, un garbo, un saber estar (y un título académico que les permite decir “Kroketen” y no “Kokreten” y un jaguar en la cochera). Los anuncios son en blanco y negro y suelen estar protagonizados por gente que tiene alrededor de los cuarenta años, con pinta de encarnar los personajes y las personajas de algún teleflín de esos en los que el hijo de una buena familia se enamora de la secretaria de senos turgentes que ha venido a ayudar a su madre a administrar los “minolles” de laureles que le produce la cría caballar.

Quienes no pueden pagar las cuotas de entrada a estos portales (ese es el filtro que aporta el “niveau”) tienen la socorrida aplicación que todos mis lectores están pensando y que yo no mencionaré porque no me pagan. Esa que ha convertido la vida sexual de tanta gente en un juergote contínuo y en una pesadilla para la Santa Madre Iglesia (porque las malas lenguas dicen que hay incluso señores sacerdotes que se despojan del alzacuellos y se tiran al aborigen –o a la aborígena-).

Los portales de búsqueda de pareja se utilizan sobre todo en las zonas rurales de Austria (Salzburgo, un 42% de la población) porque en ellas, al tema de la edad, se le suma que las criaturas, como la Maitexu de la canción, viven aisladas en sus caseríos o en comunidades en donde los matrimonios consanguíneos han producido a gente de barbillas prominentes. Además, y aparte de lo de la falta de variedad genética, está los siguiente: si su pueblo solo tiene 300 habitantes y usted echa un coito con uno de ellos y luego la cosa sale mal, ya tiene usted a 299 vecindonas poniéndole a usted a escurrir.

En fin: bienvenido el progreso técnico si ese progreso significa mayor placer para las personas humanas. Cualquiera sabe cómo nos conocerán nuestras futuras parejas dentro de diez o quince años (¿Se pondrá quizá de moda la tendencia contraria?)

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