Retrasados (con perdón)

relojEl ministro del Interior austriaco ha anunciado lo esperado: las elecciones se posponen. Otras incóñitas quedan en el aire.

12 de Septiembre.- Queridos lectores: aquí, entre nosotros, ahora que nadie nos oye, vamos a hacer una apuesta ¿Qué te juegas (Mari Pili) que España y Austria van a elegir para (volver a) votar el mismo fin de semana?

Hoy, a las once de la mañana, el Ministro del Interior austriaco, Sr. Sobotka, ha comparecido ante los medios para anunciar que, efectivamente, como todo el mundo sospechaba y dados los defectos en las papeletas, las elecciones austriacas no se celebrarán el día 2 de octubre, como estaba previsto, sino en algún momento entre finales de noviembre y principios de diciembre (se baraja el 4 de Diciembre).

Sinceramente y por un motivo muy personal a mí, el retraso de las elecciones me ha parecido hasta bien, jaté lo que te digo.

El 4 de Octubre, Viena Directo cumplirá diez añazos (animo desde ya a mis lectores a que me den ideas de cómo celebrarlo y aviso, por si las moscas, que a pesar de las reiteradas demandas por parte de algunas feligresas y de algún que otro feligrés no mostraré mis encantos en este espacio –entre otras cosas porque yo soy un caballero de una cierta edad y, aunque las carnes que me hicieron famoso en el mundo entero permanecen prietas y turgentes, ya no es plan de andar enseñándolas).

Pues eso: que Viena Directo cumplirá su primera década de vida y yo estaba temiendo que la presumible victoria del candidato tróspido me amargase la efemérides.

No será así como digo, y probablemente la victoria de Candidato 2 haga que se dispare el consumo de glühwein y ponche durante las fiestas navideñas (el alcohol de garrafón, ya lo sabe Aramís Fuster, es lo mejor para aliviarse de los sinsabores que nos produce este valle de lágrimas).

Así pues, el 21 de Septiembre, la primera fecha viable, se reunirá el parlamento austriaco para emitir una ley ad hoc para hacer posible que se pospongan las elecciones.

En su comparecencia, sin embargo, Sobotka no ha despejado otras incógnitas. Por ejemplo ¿Cuánto va a costarle a los austriacos la broma de que se pospongan las elecciones? (“no lo sé, no tengo los datos, tengan paciencia”); tampoco ha despejado la duda de por qué las papeletas se despegan (sí: en serio estamos hablando de esto) y ha negado contundentemente que se hayan producido robos o intentos en la imprenta en donde se producía el material electoral (como había afirmado el FPÖ, qué castigo de gente, gensanta).

No se ha pronunciado tampoco sobre si la dicha imprenta seguiría produciendo las papeletas (visto el panorama y cómo se han cubierto de gloria…) y no ha excluido la posibilidad de que, a falta de medios nacionales para obtenerlas, se solicitara el concurso de empresas situadas en países como Dios mand…Digooo, en países de nuestro entorno, como por ejemplo Alemania.

Tampoco ha despejado otra duda que a mí, personalmente, me reconcome: pongamos que hay nuevo presidente para el 5 de Diciembre –hay que contar los votos por correo- y que el nuevo Bundespresi es investido (o embestido, dependiendo) en Enero de 2017 (leer esto con voz de Boris Izaguirre) Paul, ¿Quién dará el discurso de navidad? ¿Puede desearle feliz 2017 a los austriacos alguien que solo es presidente electo y no presidente con todas las de la Gesetz? ¿Será desde una residencia de ancianos, como quiere el candidato tróspido, o se inclinará el ganador por mantener la saludable costumbre del fondo barroco –si no es barroco es barraca-, el escritorio blanco y dorado y la banderita? Delante de nosotros quedan unos meses apasionantes.


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