Prosit Neujahr! Viena Directo está de vuelta con una de las grandes citas del año: el Concierto de año Nuevo del Musikverein.
1 de Enero.- Queridos lectores de Viena Directo: Prosit Neujahr! O sea, Feliz Año (güeno). Espero que la salida del 2016 haya sido todo lo divertida que la ocasión merecía y que hayan puesto el pie en 2017 con fortuna.
Se termina hoy también el paréntesis navideño para Viena Directo con una de las grandes citas anuales en las que el mundo se fija en la capital a la que el Danubio parte por la mitad.
Este mundo que está preocupado por tantas cosas, en el que la vida está más achuchada que en un vagón de metro en hora punta, se da hoy cuartelillo, aunque solo sea para olvidarse de las resacas presumibles por la ingesta alcohólica de ayer y pone su vista en las cosas buenas y amables de la vida (y, de paso, la ciudad de Viena y Austria entera hacen un anuncio de dos horas patrocinado por Rolex, para intentar a convencer a la gente de que Viena es mucho mejor que Marina D´Or como destino vacacional).
Mientras escribo estas líneas yo, sin resaca, escucho los primeros acordes de la obertura de Pique de Dame, de von Suppé, los cuales dan inicio a la segunda parte del Concierto de Año Nuevo, la que siempre conlleva un par de ilustraciones producidas por la ORF en la que los bailarines del Ballet de la Staatsoper también ponen su parte para demostrar (qué caray) que Viena es esa ciudad en la que todo lo hermoso y lo grácil tiene su acomodo.
Hasta el año 2000, TVE, la cadena por la que estoy siguiendo la retransmisión, solo emitía esta segunda parte porque se consideraba que los consuetudinarios saltos de esquí desde cualquier montaña ignota eran mucho más eficaces como antídoto contra el dolor de cabeza que produce el champán (burbujas que vienen y después se van, según el inmortal verso de Nacho Cano). Sin embargo, desde el último año del siglo XX, los españoles podemos disfrutar „del integral“ y también podemos jugar al „jú is jú“ de quién se sienta en el público (los pacientes lectores de Viena Directo habrán podido reconocer, en fugaces planos de la ORF, a Heinz Fischer, el ex presidente de EPR, a Sebastian Kurz, Ministro de Asuntos Exteriores, y a la mismísima Julie Andrews, la prota de Sonrisas y Lágrimas, la cual fue para muchos de nosotros la primera noticia de que Austria existía y de que el Edelweiss era su flor nacional).
La última media hora ha estado dedicada en la retransmisión a un „documental“ (o sea, un anuncio largo) en el que hemos visto las hermosuras de Viena.
A mí, amante de mi ciudad, se me han saltado las lágrimas (como siempre) al ver esos lugares por donde tengo el auténtico privilegio de pasear cuando me da la gana y no me lo impiden mis obligaciones laborales.
Este año, quizá para compensar los sobresaltos de 2016, el concierto está siendo (o eso me lo parece a mí), más reposado que otras veces (en el repertorio sobre todo) y la realización tirando a conservadora, incluyendo las ilustraciones de ballet (vamos: no es que haya sido esto nunca un concierto de Extremoduro). Tampoco ha faltado la nota española (Pepita) y los caballos de la escuela de doma también han quedado inmortalizados (¿Qué otro animal puede simbolizar mejor lo que Austria quiere transmitir con el concierto, la belleza, la inteligencia, la gracia?).
Como siempre, cuando la retransmisión concluya, surgirán los „conciertólogos“ que nos darán su doctísima opinión a propósito de lo sucedido hoy en el Musikverein junto a la Ringstrasse. Son como los vaticanólogos que se ponen a trabajar cuando se muere un papa o como los viejos que se sientan en los pueblos en el pilón y que se dedican a conversar interminablemente a propósito de si el invierno presente ha sido más frío que todos los conocidos anteriormente menos el de 1965.
La experta opinión de los conciertólogos abarca la dirección, el repertorio, las piezas de ballet, el vestuario (yo todavía me sigo acordando de los hermosos diseños de la británica Vivienne Westwood). Sin embargo, hay una cosa que no cambiará mientras haya concierto y los valses de Strauss sigan siendo el testimonio de que hubo una vez un mundo hermoso en el que la galantería hizo su última reverencia: la retransmisión del Concierto de Año Nuevo siempre será la manera más hermosa de recibir este nuevo periodo de 365 días.
Queridos lectores: que el 2017 os sea propicio y os traiga aventuras tan hermosas y emocionantes como las melodías de los Strauss.

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