Últimas cifras – No hay que dormirse en los laureles- otros síntomas del covid-19 -sufrimiento animal – protección de infraestructuras críticas – (otro) escupidor
11 de Abril.- Muy buenas tardes a todos y bienvenidos un día más a la primera edición de Viena Directo.
Hoy, un poquito más tarde sintiéndolo mucho, porque he estado ocupado con las labores de mi vivienda.
Como siempre hacemos, y hoy no va a ser una excepción, vamos a darle una vuelta a las cifras de positivos.
Hoy, a las ocho de la mañana, había en Austria 13.561 casos confirmados de infección por coronavirus, frente a los 13.271 de ayer a las mismas horas (un primor, aún sabiendo que hay muchas personas asintomáticas o que están enfermas y no lo saben y no entran en la estadística, como decíamos ayer).
El dato de curaciones es también de hoy a ls nueve y media. 6.604 casos de personas que le han hecho una pedorreta al coronavirus. Y, por último, damos también el dato triste, el de los fallecidos, que hoy ascendían a 337 personas.

-Como no me canso de repetir, estamos muy pero que muy lejos de haber vencido al peligro. Lo único que hemos hecho ha sido ganar tiempo. Tiempo para que los científicos encuentren un medicamento, tiempo para que se investigue en las vacunas; tiempo, sobre todo para que el sistema sanitario no se sature y para que los profesionales que tienen los medios y los conocimientos para curarnos, puedan atender a los casos más graves con calma, con delicadeza, evaluando con cuidado las terapias más apropiadas.
Pero estamos muy lejos, pero que muy lejos de que el peligro haya pasado. El virus sigue ahí, esperando la oportunidad de infectarnos, y por eso es muy importante que, en estos días, en que brilla el sol y la calle está ahí, tentadora, ante nosotros, no cometamos temeridades para no perder lo que hemos ganado ya.
Nuestra temeridad de hoy puede costarle mañana la vida a alguien.
Por eso hoy el canciller Kurz, aparte de felicitarse por estar haciendo lo que él piensa que es correcto (que es también lo que los científicos piensan que es lo que va a reducir el coste en vidas) ha pedido a los austriacos, otra vez, que perseveren en la virtud y no se echen al monte del mal. O sea, que permanezcan en su casa, que no visiten a parientes y familiares para tocarles los huevos (de pascua) y que se abstengan de grandes celebraciones si no es con las personas con las que comparten techo.
Que ya habrá momentos (y yo añado, joé coñío ya) para que todos nos veamos y nos besemos y nos apapachemos sin peligro ninguno.
Como dice mi madre, hay más días que ollas.

-En días pasados hablaba yo de la iniciativa del Museo Antropológico de Graz de recoger, para estudiarlos luego científicamente, materiales relacionados con la respuesta de las personas humanas a estos tiempos excepcionales.
Me parecía a mí que era un equivalente humanístico de lo que están haciendo los científicos en lugares en donde la enfermedad del Covid-19 ha dado un respiro. Por ejemplo, en el epicentro de la tragedia, en la ciudad china de Wuhan.
Conviene ahora que vamos despacio ponernos a evaluar las diferentes vertientes de estos sucesos. Por ejemplo, los traumas psicológicos que ha dejado en la población la obligación de vivir en espacios muy reducidos para huir de la amenaza del coronavirus y, por qué no, síntomas que pudieran haber pasado desapercibidos y que nos ayudan a conocer mejor la enfermedad.
Médicos chinos desplazados a Wuhan, han estudiado a las personas que han pasado el CoVid-19 (por cierto, ¿El Covid? ¿La Covid?) y han descubierto que, alrededor de un tercio de los pacientes ha sufrido desperfectos neurológicos. De lo cual han deducido que el virus malandrín también ataca al sistema nervioso y que deja secuelas, que se unen a los ya conocidos trastornos en el olfato y en el gusto, como dolores de cabeza y mareos. También he leido que se está estudiando la relación entre ciertas lesiones cutáneas en los pies, presentes en niños infectados con el coronavirus y la enfermedad.

-En estos días corretean por las redes noticias más o menos curiosas de una labor de reconquista. La de los animalitos que, aprovechando que los seres humanos estamos en casa (o más en casa de lo normal) están recuperando espacios que normalmente les están vedados.
No muy lejos de donde escribo, por ejemplo, está el outlet de Parndorf y se han hecho muy famosas las imágenes de los ciervos correteando por los aparcamientos y mirándose en las lunas de los escaparates.
Yo mismo he sido testigo de un rebrotar de la primavera particularmente esplendoroso este año.
Sin embargo, nuestros hermanos los animales también lo están pasando mal por las consecuencias del coronavirus. Particularmente sufren los animales que nos comemos y que son transportados, vivos, en camiones de un lado a otro del continente. Unos doscientos millones de cabezas todos los años.
Los pobres bichos, retenidos en los camiones durante horas, sufren unas condiciones tremendas que se convierten en una auténtica tortura para ellos.
Para intentar dulcificar un poco esta situación, el Ministerio de Salud austriaco ha endurecido la normativa de transporte de animales vivos en Austria.
A partir de ahora los transportistas solo están autorizados a llevar animales de un lado a otro si están seguros de que los tiempos de espera en las frontera van a ser asumibles. Asímismo tendrán la obligación de presentar pruebas en foto y/o vídeo de la carga y la descarga de las cabezas de ganado, para poder documentar el estado de la carga antes y despues del transporte.
El Ministro Anschober (es Verde, y se nota, claro) ha declarado que este es el primer paso para evitar el sufrimiento de los animales ya que no se puede evitar, por ejemplo, que se hagan salvajadas como traer terneras desde Uzbekistán o desde España; pero que el sufrimiento de los animales debería darnos que pensar.
Y vaya si nos da.

-Quizá recuerden mis lectores el escándalo y la general repulsa que causó en Austria el llamado escándalo de Ibiza.
En aquella ocasión, la más oyoyoyoy que esperaron ver estos siglos y esperan ver los venideros (como hubiera dicho Cervantes) el que después fue vicecanciller del Gobierno de esta República, Sr. Strache, le ofrecía a una supuesta oligarca rusa, a cambio de sus fondos, influencia en Austria por ejemplo mediante la privatización del suministro de agua. Ahora, en tiempos de crisis y de especial vulnerabilidad económica, el Gobierno austriaco está preocupado de que puedan venir buitr…Digoooo inversores extranjeros (o de países terceros, fuera de la Unión Europea) y comprar empresas austriacas a precio de saldo, como quien compra cacahuetes.
Al objeto de evitar esta situación, la Ministra de Economía, Sra. Schramböck anunció ayer que el Gobierno de Viena está preparando una ley para prohibir que determinadas empresas que controlan infraestructuras consideradas críticas sean adquiridas por inversores de fuera de la Unión.
Se consideran críticas la Energía, el Agua, la Producción de Alimentos, los Transportes o la Salud.
En los próximos días (quizá semanas) seguiremos informando.

-Y para terminar, otra historia de escupidores. Medios locales informan de que ayer un caballero estaba haciendo la compra en una tienda del distrito 13 (no ha trascendido lo que compró). Lo malo era que estaba comprando a cara descubierta. Se acercaron los empleados y le pidieron porfaplís que se pusiera una mascarilla y el hombre dijo que él la mascarilla se la ponía nada más que en la punta de la …Bueno, que no se la ponía. Los empleados insistieron y el rebelde dijo que no siguieran, que estaba infectado de coronavirus hasta las orejas (de lo que estaba hasta las orejas, saltaba a la vista, era de alcohol). Total, que por mor de no incumplir la ley, insistieron los empleados, al borracho se le agotó la paciencia y les escupió y luego, se marchó del local tan pichi.
La policía enganchó al borracho a poca distancia y, como es lógico, le detuvo. No se sabe si decía la verdad y estaba de verdad infectado.
Aquí entre paréntesis, me gustaría decir que a uno le da la sensación como si para alguna gente (sobre todo la que es muy consciente de su propia falta de importancia) la infección, real o fingida, fuera como una especie de poder. Como si de pronto pudieran decidir sobre la vida y la muerte, como si sintieran el placer de dar miedo.
No sé, es una reflexión.
Con ella me despido hasta las ocho más o menos, momento en el que volveremos con más noticias.
Recuerden los lectores de Viena Directo que mañana, a eso de las siete, tenemos conexión en directo. Les esperaré muy contento para saludarnos y charlar de lo que ha dado de sí la semana.
Hasta las ocho de hoy, me despido, deseando que todos lo pasen muy bien en este bonito día.
Deja una respuesta