13.04.2020 Últimas noticias

Últimas cifras – por qué es tan importante ir abriendo la mano – pocas denuncias en Viena y en Austria – juegos fantasma – 500 veces

13 de Abril.- Muy buenos días y bienvenidos a esta primera edición de hoy de Viena Directo.

Hoy es lunes de pascua y el prólogo, por lo tanto, de la „nueva normalidad“ que empezará mañana día 14 (y que ya veremos a ver a dónde nos lleva).

Como siempre, antes de hincarle el diente a la actualidad, vamos con las cifras que, como viene siendo ya costumbre, son muy buenas.

Hoy, a las ocho de la mañana, había en Austria 13.942 positivos al test del coronavirus (hasta ayer, 144.877 personas se habían hecho el test). Los datos que tenemos de curados son ya antiguos (también de ayer) pero no por eso peores. 6987 personas habían superado con éxito la infección Desgaciadamente, 350 han fallecido.

-Como saben ya los lectores de Viena Directo, mañana será un día para recordar, porque empezarán a levantarse paulatinamente las medidas de limitación del contagio social que empezaron hace poquito más de un mes. Unas medidas que han funcionado muy bien, hasta el punto de que Austria, en estos momentos, tiene unas cifras „niqueladas“.

Muchas personas me decían ayer, durante la transmisión en directo que hice vía Facebook que a ellos les parecía que, precisamente por esto, era demasiado pronto para empezar a abrir la mano.

Dejando claro, como lo hice, que a mí no me gustaría estar de ninguna manera en el pellejo de ninguno de los miembros del Gobierno, también hay que entender sus razones.

En primer lugar, la economía.

Mañana abren las tiendas de menos de cuatrocientos metros cuadrados, o sea, los negocios pequeños, que son los más vulnerables. Austria es un país de pequeñas y medianas empresas y por eso resulta muy importante proteger la que es la fuente de ingresos de muchas familias.

En segundo lugar, la salud.

Mientras no haya una vacuna (que puede estar antes de finales de este 2020 o ya, más probablemente, para el año que viene) lo más sensato es lo que podríamos llamar un „estallido controlado“. O sea, que la gente se vaya contagiando poquito a poco (énfasis y subrayado en el poquito a poco) al objeto de que vaya aumentando la inmunidad de la población.

O sea, que tampoco es bueno mantener los contadores de contagios tan bajos, porque eso significa que la gente que anda por la calle no es inmune.

¿Cuál es, pues, la situación ideal? Pues que la gente vaya pasando la Covid-19 escalonadamente -como antiguamente las operaciones salidas de los puentes de Semana Santa- para que, por un lado, vaya aumentando el número de personas inmunes pero, por otro lado, no se ponga demasiada gente en estado crítico a la vez, de manera que las unidades de cuidados intensivos no se saturen.

La pandemia del coronavirus ha hecho que cambién de definición muchos puestos que ya existían antes.

Por ejemplo: mañana, coincidiendo con esta „perestroika“ de las medidas de control del contacto social, van a abrir los jardines públicos (por ejemplo, los bonitos jardines del palacio de Schönbrunn).

Naturalmente, al objeto de evitar aglomeraciones, van a hacerlo con aforo limitado. Como la policía no da abasto a controlar todo lo que tiene que controlar (que si el metro y medio de distancia de seguridad, que si llevamos mascarillas, que si pitos, que si flautas) van a ser los controladores de aparcamiento (los llamados „Parkscheriffs“) los que van a estar diligentemente apostados a la puerta de los jardines públicos para controlar que corra el aire y que no se formen bochinches.

El jefe de la policía de Viena, un caballero de que se llama Pürstl, se ha mostrado muy contento en declaraciones a la ORF y ha dicho que, en este fin de semana festivo ha habido „solamente“ 400 denuncias por vulnerar las ordenanzas del coronavirus. Lo cual, según este caballero, es muy poquito, como media.

Ciudadanos vieneses haciendo gala del proverbial buen talante austriaco (Archivo VD)

-Y no solo en Viena ha sido un fin de semana tranquilo durante el cual los austriacos han hecho gala de su civismo y su disciplina.

En toda Austria, a pesar del tiempo que ha hecho (sol brillante, cielos azules, temperaturas primaverales de esas que animan a echar un vistazo subrepticio a los centímetros cuadrados de piel que han quedado al descubierto) ha habido solamente 1500 personas humanas multadas por saltarse las ordenanzas del coronavirus. El Sr. Detlef Polay, portavoz de la unidad del Ministerio del Interior que se encarga de esto, se ha mostrado también muy contento, ya que el fin de semana anterior los policías tuvieron que trabajar mucho más y fueron 2300 las multas que se „cascaron“ al respetable.

Desde que empezamos a llevar esta vida de encierro y perfección, 23.837 cabestr…Digooo inconscientes han sido multados por hacer el cabra en la vía pública (desde casos extremos, como los escupidores, hasta gente demasiado amorosa con sus conciudadanos que no ha respetado la distancia de seguridad). Solo en la semana santa 6420 denuncias.

En Viena estos han sido los casos más frecuentes.

-Y hablando de no respetar la distancia de seguridad. El Reino Unido, como saben todos mis lectores, es la patria del „fúrgol“ deporte también conocido como „Fúrbol“. Fueron los jardineros británicos del barón Rotschild los que lo trajeron a Austria (el barón estaba tan forrado que se le puso en los millonetis cultivar orquídeas en unos grandes invernaderos y como en aquel momento los mejores cultivadores de orquídeas eran los ingleses, importó a un grupo de recios maromos -que ni tuvieron que guardar cuarentena ni nada- al objeto de que le tuvieran las orquídeas estupendas; los vieneses, pronto comprobaron que los maromos en cuestión se lo pasaban bomba pegándole patadas a una pelota y en cuanto los jardineros tuvieron el B1, les preguntaron que qué era aquello; „fúrbol“ of course, dijeron ellos, y ahí se lió la gorda).

En Inglaterra, ya lo saben mis lectores, el fútbol es religión. Para que la gente tenga algo más que hacer durante la cuarentena que practicar el juego de muñeca y que se distraiga un poquito, la Federación Inglesa de Fúrgol está preparándose para poner de nuevo en marcha la liga inglesa.

En este punto ya habrá bastantes de mis lectores que quizá hayan empezado a hiperventilar.

¿Cómo? ¿Con la que está cayendo? ¿Estadios llenos de sudorosos aficionados con sus cervezotas, gritando, haciendo la ola, en una promiscuidad que repugna a la moralidad y el buen sentido? ¿Expandiendo gérmenes y miasmas, bacilos tóxicos? !No, hija no! Y efectivamente, no hija, no. Porque los partidos se van a celebrar a puerta cerrada (en alemán, por cierto, se llaman „juegos fantasma“ o Geist Spiele) de manera que solo haya riesgo de contagio para aquellos jugadores que, en la brega, hagan regates demasiado apretados o para aquellos que, llevados por la euforia del gol (tan parecida, para cualquier observador imparcial, a la euforia que proporciona cualquier orgasmo) se den húmedos ósculos y estrechos abrazos con sus compañeros de equipo.

El caso, señora, es distraerse. Dejemos a los chicos que se manoseen si es por el bien público y si luego cogen fiebres, pues se les da miel con limón.

(O se les pone Solo en Casa o El Señor de los Anillos, como a Boris Johnson.

-En los años sesenta del siglo pasado los Beatles eran sin duda las personas más conocidas que el planeta. Como más tarde sucedió con los suecos ABBA, John Lennon y Paul McCartney habían nacido con una flor en salva sea la parte, superpoder que les permitía componer unas canciones que, al instante, se pegaban a la oreja no solo de millones de fanes y fanas de todo el mundo, sino también de la gente en general. Eran ricos, eran jóvenes, se sabían Love Me Do y Please, please me, pero la vida no les llenaba (ays).

De modo que les dio por el budismo y la meditación. Y llevados por esta búsqueda espiritual que terminó mandando el grupo to do puñetas, llegaron a la ciudad india de RishiKesh, y la pusieron en el mapa. Desde entonces, fanes y fanas de los Beatles pero también fanes y fanas de la meditación peregrinan a este municipio indio, a ver si se les pega algo de los Fab Four de Liverpool.

El magnetismo es tan intenso que incluso en estos tiempos en que tampoco está el horno del subcontinente indio para muchos bollos, hay personas que van a Rishikesh a recorrer los caminos que los Beatles recorrieron.

Naturalmente, ese fetichismo, en los tiempos que corren, está feo.

La pasma india pilló en Rishikesh a un grupo de pirados procedentes de Israel, Australia, México y Austria, que habían ido a ver los lugares de meditación de los Beatles. Les debieron de ver con cara de haber fumado hierbas y, por lo tanto, de no estar en sus cabales, así que decidieron imponerles un castigo peculiar por haber atentado contra la cuarentena del coronavirus.

Si no están mis lectores sentados, les ruego a que pongan el telefonino en un sitio en donde no se les pueda caer y se sienten.

¿Ya? Pues sigo: la policía india les puso a los turistas el castigo de escribir 500 veces „No me he atenido a las reglas del coronavirus, lo siento muchísimo“.

Tras cumplir con esta penitencia les dejaron marcharse.

En India hay, según las estadísticas oficiales, 8300 enfermos de la Covid-19 y han fallecido de la infección 273 personas.

Y con esta encantadora noticia me despido de mis lectores hasta los alrededores de las ocho, momento en el que volveré con nuevas buenas digoooo con güenas buenas…No, tampoco. Bueno, con otras noticias.

Hasta entonces, a ser felices y a permanecer sanos. Un saludo muy cordial.


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