Salzburger Vorstadt 15

Más tarde o más temprano hay cuestiones sobre las que todos nos tenemos que posicionar. El Gobierno austriaco lo ha hecho esta semana.

6 de Junio.- Dice el viejo adagio que „lo que sucede una vez, sucede para siempre“. Los hechos, lo mismo que las palabras, no se pueden borrar. Todas las culturas, antes que nosotros, lo han intentado. Con muy poco éxito, aceptémoslo.

Los egipcios, intentaron borrar el reinado de Akhenaton de la Historia, pero la paciencia de los arqueólogos es tozuda y, de entre el polvo, emergió la efige del faraón con cara de caballo y con ella el arte delicado de los artesanos de Amarna.

Los romanos, tenían la figura de la Damnatio Memoriae, que venía a ser más o menos lo mismo. Borrar el recuerdo de aquellos que, por méritos propios o por los caprichos del destino, pasaban a dejar de ser personas no gratas en ese jardín que es nuestra memoria.

Los españoles, que tenemos una relación conflictiva con nuestro pasado, hemos tardado casi el mismo tiempo que duró la dictadura en poder decir que aquella época fue una cosa que no estuvo a la altura de nuestra calidad humana, una época cutre en la que se glorificaron valores que hoy deberían avergonzarnos y, en todo caso, una época en la que hubo mucha gente que tuvo que sufrir innecesariamente por cosas a causa de las cuales nadie sufre hoy día (gracias a Dios). Naturalmente, una época tan larga, incluso si artística o culturalmente es tan mediocre y chata como lo fue el franquismo, deja inevitablemente rastros. Y se plantea la pregunta ¿Qué hacer con esos trastos? Digo, rastros.

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Lo más sensato parece construir un relato lo más objetivo posible para intentar que las generaciones futuras no tropiecen dos veces en la misma piedra ¿No se hace con el cuaternario? ¿No resultan monolíticos y poco polémicos los relatos sobre el reinado de Carlos III o la restauración de la monarquía en el siglo XIX? O sea, que se puede hacer.

Es esta una cuestión sobre la que todos, más tarde o más temprano, nos tenemos que posicionar.

El Gobierno austriaco lo ha hecho esta semana.

Como ya contaba yo estos días atrás, se ha presentado el proyecto de saneamiento de la casa natal de Adolf Hitler. El espacio, que hasta 2011 estuvo ocupado por una ONG (que tuvo que abandonarla porque no cumplía con la normativa de accesibilidad para personas con dificultades de movilidad) será ocupado, tras su saneamiento, por una comisaría. El Ministro Nehammer (Interior, ÖVP) dijo en la presentación del proyecto que había ganado el concurso, que le parecía que era una decisión lógica porque, al fin y al cabo, „la policía es la guardiana de las libertades“.

Lo curioso de todo esto es que, tanto en el proyecto, como en la presentación, se obvió, a propósito, toda referencia a que, en esa casa, tan solo unos meses antes de que, en Fuentevaqueros, naciera Federico García Lorca, había nacido Adolf Hitler.

En todo momento, se utilizó la dirección postal de la casa (Salzburger Vorstadt 15, Braunau am Inn) y, si uno mira las fotografías que ilustran los artículos que dan cuenta de la cuestión, se encuentra con un edificio blanco y prístino del que, a propósito, se ha hecho desaparecer cualquier vestigio de la Historia.

(En las fotos, se puede hacer desaparecer la Historia, no así de Google Maps, en donde ese punto sigue caracterizado por la persona que nació allí).

Todo el rato estamos hablando de „la casa“, aunque habría que decir con más propiedad „las casas“.

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Los edificios fueron construidos en el siglo XVII y solo más de cien años después fueron reunificados para quedar tal como los conocieron los padres de Hitler (porque el propio Hitler abandonó el lugar siendo muy niño y no es probable que conservara memoria de su ciudad natal). En 1938, tras la anexión de Austria por la Alemania nazi, el edificio fue reconstruido, sin duda para darle una apariencia más opulenta de la que tuvo nunca en vida del dictador.

En cualquier caso, tras el saneamiento del lugar, las dos casas que fueron reunificadas volverán a aparecer tal como eran antes del periodo Biedermaier (¿No es ese el intento más definitivo de borrar la historia?). Se conservará la entrada y la fábrica antigua, pero se construirán nuevas instalaciones, como un cuarto de guardia, un depósito de armas y oficinas. La parte antigua y la nueva se unificarán con un revoque similar para que no haya rupturas.

El proyecto, del estudio Marte Marte, ha ganado por esto, precisamente, por conserva la antigua belleza de la casa del siglo XVII. Otros proyectos, demasiado „modernos“ o demasiado „neutralizadores“ no han contado con el favor del jurado.

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