2020: ¿El año sin nochevieja?- Un aviso importante – llega el registro obligatorio a múltiples ramos de la vida austriaca
10 de Diciembre.- AVISO IMPORTANTE: Antes de empezar hoy, quisiera hacer un aviso a mis lectores. Debido a los compromisos sociales que traen inevitablemente estas fechas, de aquí a final de año me será „remotamente“ imposible estar en directo los fines de semana, como viene siendo habitual. Sin embargo, tampoco quiero dejar de encontrarme con los lectores de Viena Directo y charlar con ellos. Así pues, la cita semanal de La Tarde en Directo se trasladará a los miércoles hasta que digamos hola hola 2021.
Las próximas citas serán, pues, el miércoles 16, el miércoles 23, y el miércoles 30, con un programa en el que le diremos adios a este 2020 que ha sido un año tan intenso.

REGISTRO OBLIGATORIO EN MUCHOS ÁMBITOS DE LA VIDA AUSTRIACA
Hoy, se ha producido en el Parlamento austriaco el enésimo debate a propósito del coronavirus. En sustancia, se puede resumir en lo siguiente: la oposición acusa al Gobierno, con diferentes matices, de haberselo montado, en general, bastante mal con este nuevo confinamiento y en general, le acusa también de acudir al arbitraje parlamentario sin ideas, ni nuevas ni viejas, que mejoren la situación.
El Gobierno, naturalmente, rechaza esto y acusa a la oposición de ignorar (interesadamente, por supuesto) la situación de los países vecinos, en donde anda la cosa manga por hombro (sin ir más lejos en Eslovaquia se prepara el personal para un nuevo confinamiento y en Alemania otro tanto de lo mismo).
El debate de hoy, sin embargo, ha levantado la lógica expectación. Se ventilaban algunos cambios en la normativa y una de las propuestas que se debatían era la de que la policía, en el futuro, pudiera pasar a los domicilios particulares a controlar si los ciudadanos estaban cumpliendo con la cuarentena, en el caso de que se la hubieran recetado.
Esta medida, abiertamente inconstitucional (la policía puede entrar a los domicilios particulares portando solamente la oportuna orden judicial) ha sido cambiada en el último momento, de manera que la policía podrá entrar a empresas, medios de transporte, a todos los demás edificios y a otros lugares para ver que se estén cumpliendo las medidas de contención de la pandemia. Sin embargo, no podrá entrar a las casas particulares. Mañana, si todo sale como está previsto (que saldrá porque el Goierno tiene mayoría suficiente) el Parlamento le dará el visto bueno a este cambio legislativo.
También se aprobarán nuevas posibilidades para el registro de los clientes en el ramo de la restauración y en el sector hotelero pero también el las instalaciones deportivas, de tiempo libre y culturales (teatros y cines, por ejemplo) así como en los gimnasios.
Y será así hasta mediados del año que viene (momento en el que, por suerte, habremos doblado este Cabo de Hornos de la epidemia y estaremos todos vacunaditos o, por lo menos, en mayoría suficiente).
La ley, que también se aprobará mañana, permitirá que el registro y, por lo tanto, el seguimiento de los contactos en caso del surgimiento de un foco infeccioso, se haga por vía de código QR.
Los clientes deberán dejar nombre, teléfono y dirección de correo electrónico, así como la hora en que hayan visitado el recinto de que se trate.
Habrá pocas excepciones a esta regla. Solo los domicilios particulares, las asambleas, manifestaciones etc y el comercio.

2020: ¿El año sin Nochevieja?
Lo he dicho muchas veces y espero que mis lectores me perdonen si lo repito una vez más: de entre todas las noches del año, hay una que aborrezco especialmente y es la nochevieja. Desde pequeño, he sido incapaz de quitarme la desazón que me empieza a subir a la boca del estómago a partir de las siete de la tarde.
Si por mí fuera, me iría a la cama tan tranquilamente a las diez, como todos los días y me levantaría tempranito el día uno y haría lo que más me gusta hacer. O sea, escribir posts de Viena Directo.
Si no lo hago es porque me da cosa que me tomen por alguien más raro de lo que soy, pero no por falta de ganas.
El año pasado estuve a punto de cumplir mi sueño. Fue una nochevieja agradable pero extraña, y la pasé con unas personas a las que, con toda probabilidad, no volveré a ver nunca más en mi vida.
El hecho es que llegó la medianoche entre campanadas, uvas y cohetes como aquí se estila y servidor, lo crean mis lectores o no, estaba en la cama a la una, leyendo, con un par de gatos adujados alrededor, indiferentes a la llegada del dosmilveinte.
Es lo más cerca que he estado de conseguir un mundo sin noche de San Silvestre.
Este año pensaba yo !Esta es la mía! Con esto del coronavirus no habrá discotecas, ni gente haciendo el ganso por la calle. Lo de los petardos y los cohetes no lo podremos evitar, pero cada uno en su puñetero balcón o jardín y Dios en el de todos.
Epidemiológicamente hablando parecería que el destino me daría la razón. A día de hoy hay reglas para el veinticuatro, el veinticinco y el veintiseis. Diez personas por casa. Pero no para nochevieja.
A los médicos les parece que diez personas bebiendo y bailando ristmos de actualidá serían demasiado para el coronavirus y quince días más tarde medio país estaría en la UCI.
Yo sé que a mis lectores, que probablemente no estén aquejados de la fobia que a mí me aqueja, eso de no beber hasta el coma etílico el día treinta y uno de diciembre les parecerá mal pero a mí, qué quieren que les diga, prohibiendo las fiestas el Gobierno me daría una alegría.
¿Qué os cuesta, joé, si es solo un año?

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