Un partido, el de los antivacunas, ha logrado un éxito inesperado en las elecciones de Alta Austria ¿Por qué? ¿Cómo afecta este éxito a otros grupos políticos, especialmente a la ultraderecha? ¿Qué va a pasar ahora?
27 de Septiembre.- Hay un rasgo distintivo de las personas especialmente inteligentes que puede resultar irritante para la gente normal. A mí me gusta llamarlo el entusiasmo. Las personas inteligentes suelen apasionarse con un tema (o con varios) y, llevados por ese entusiasmo del que yo hablaba antes, no soltarlos una vez los tienen agarrados. Ese entusiasmo, esa pasión, puede confundirse a veces con la crueldad. Si uno no quiere convertirse en víctima más o menos involuntaria de la inteligencia ajena, debería mantenerse alejado de un entusiasta de estas características.
Ayer, los que estábamos enfrente de la televisión a eso de las diez y poco, tuvimos un ejemplo práctico de entusiasmo que podríamos llamar un poco cruel (aunque yo tengo que reconocer que, como a mí no me afectaba, me reí mucho).
En el Zeit Im Bild, presentado anoche por Armin Wolf, se comentaban toooooodos los comicios que habían tenido lugar en el que, por lo que parece, fue el último domingo del verano.
A saber: Alemania, Alta Austria y la ciudad de Graz.
Comentando las elecciones en Alta Austria, conectó el informativo de la ORF con el lugar en donde el candidato del Partido Popular estaba celebrando haber ganado (por poquillo, las cosas como son) las elecciones.
Detrás del candidato, gente jubilosa convenientemente joven y guapa (extras contratados, probablemente). El candidato con cara de „no me vitoreéeis tanto, que me abrumáis“. Armin Wolf que le felicita y, de pronto, sin perder la sonrisa, saca el estoque y lo hunde en el candidato hasta la cruz haciéndole, poco más o menos, la siguiente pregunta:
–No quiero aguarle la fiesta, pero usted había anunciado que ganaría con mayoría absoluta pero, pese a sus esfuerzos, ha repetido más o menos el resultado de la última vez. Mientras, un partido, el de los antivacunas, sin presupuesto y desde cero ha sacado un siete por ciento de los votos ¿Cómo se lo explica?
Silencio incómodo (tartamudeo mental del candidato).
Solo Armin Wolf hubiera podido ser tan refinadamente cruel -o tan sumamente entusiasta- como para congelarle la sonrisa en la cara a un tipo que acababa de ganar las elecciones. Fue como ver a un malvado que fuera, con un alfiler, pinchándole los globos a los niños.
La pregunta de Armin Wolf fue absolutamente cruel pero totalmente exacta.
Ayer, los antivacunas de MFG (una fuerza exótica de la que no quedará rastro de aquí a dos años pero que probablemente dará que hablar en los próximos meses) obtuvieron un siete por ciento de los votos en Alta Austria y le hicieron daño, mucho daño, a la ultraderecha y provocaron la perplejidad del resto de los grupos.
¿Qué había sucedido?
Hay varias explicaciones para el batacazo del Fpö en las elecciones de Baja Austria.
En primer lugar, y aunque él sostenga probablemente lo contrario, la nula simpatía que Herbert Kickl despierta en el ciudadano austriaco medio. Poner en contacto a Herbert Kickl con el votante medio es como intentar montar en una bicicleta que solo tuviera las llantas. Da dentera solo pensarlo. Kickl es un hombre inteligente -quizá en otro sentido que Armin Wolf- y es perfectamente consciente de esto. Por eso, a lo largo de toda su carrera política siempre ha tenido a alguien que ha dado la cara por él. Al principio Jörg Haider y luego Strache. Ambos llevaban las relaciones públicas. Kickl era el que se tiraba al barro. Siempre, sin embargo, en la sombra.
Otro aspecto importante que explica la derrota del FPÖ en Alta Austria es el antivacunismo. Ese siete por ciento de votos de los antivacunas son, casi matemáticamente, los que el FPÖ ha perdido.
El candidato en Alta Austria era Haimbuchner.
Recordará el lector que, a diferencia de Herbert Kickl, Haimbuchner sí que ha pasado la CoVid. Y además de manera muy grave. Y además, se ha vacunado. Y no tiene ningún problema en decirlo.
Toda la estrategia de Herbert Kickl está centrada en puntuar exactamente en ese „segmento de mercado“ el de los antivacunas y, con su actitud, Manfred Haimbuchner, desde nuestro punto de vista, actuaba de la manera recta pero desde el punto de vista puramente pragmático de Herbert Kickl, se estaba pegando un tiro en el pie.
Los antivacunas de Alta Austria, los cuales tendrán una vida tan efímera como el Team Stronach han anunciado que van a presentarse a futuros comicios. A partir de ahora, a ver quién es el guapo dentro del FPÖ que se atreve a confesar en público que se ha vacunado.


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