Concierto de Año Nuevo 2022

Prosit Neujahr! ¿Qué mejor manera de empezar el año que desde el Musikverein de Viena? En Viena Directo, naturalmente, te contamos cómo ha sido.

1 de Enero.- Prosit Neujahr! O sea, feliz año nuevo. Como todos los años, ininterrumpidamente desde 1941, el mundo ha empezado la nueva serie de trescientos sesenta y cinco días poniendo sus ojos en la sala de conciertos más bonita del mundo: la sala dorada del Musikverein en donde este año, por tercera vez, el director hispano-israelí-palestino Daniel Barenboim ha dirigido a la orquesta filarmónica de Viena en un concierto de año nuevo (Neujahrskonzert) brillantísimo –noblesse oblige-.

Con esta octogésima segunda edición del acontecimiento musical más famoso del mundo, la Filarmónica ha querido hacerle a Barenboim un regalo, porque en este 2022, el maestro de origen argentino cumplirá ochenta años.

El concierto ha empezado puntualmente, este año con público (menos público, por cierto, de lo habitual pero más que el año pasado, en donde la filarmónica, debido al virus malandrín, tuvo que tocar en una sala tristemente vacía).

En el patio de butacas, aparte de los representantes del cuerpo diplomático acreditados en Viena (todos con mascarilla) el Jefe del Estado austriaco, el Bundespresi Alexander Van der Bellen, acompañado de su esposa y de su antecesor en el cargo, el Bundespresi Fischer.

No ha asistido el Bundescanciller, Sr. Nehammer, el cual canceló su presencia argumentando que sería una “falsa señal”.

Baremboim ha empezado con una de las seis novedades de este año, la Marcha del Fénix, de Josef Strauss, compuesta para la inauguración de un parque de atracciones vienés (el “Nuevo Mundo”). Hemos podido disfrutar de una versión sencilla y elegante.

La ORF nos ha enseñado lo hermosa que es Austria en los vídeos que han ilustrado las piezas que ha tocado la orquesta (no olvidemos que el Neujahrskonzert es, ante todo, un privilegiado hueco publicitario de la “Marca Austria”).

Personalmente, a mí me gusta mucho comprobar todos los años que, dentro del lujazo que constituye asistir todos los años a un espectáculo tan hermoso, hay unos rastros de austeridad que (consciente o inconscientemente) son parte del alma austriaca. Es bonito comprobar que los “filarmónicos” se traen de su casa unos instrumentos con evidentes señales de uso (el barniz saltado en algunos sitios) o el tabladillo sobre el que la orquesta afronta al público !Quién sabe cuántos músicos habrán pasado las fatigas del debú sobre él!

De unos años a esta parte, la Filarmónica de Viena también ha ido enriqueciéndose con algunas “miembras”, quizá en un intento de adecuar al espíritu de los tiempos a una formación orquestal que pasa por ser (las cosas como son) bastante carca y que hace muy poquito que emprendió un ejercicio de memoria histórica, por ejemplo sobre su papel durante el nacionalsocialismo.

El casi octogenario Barenboim se ha mostrado contento y bastante relajado durante la ejecución del concierto, como si en vez de estar siendo presenciada la cosa por una audiencia potencial de mil millones de ciruelos y ciruelas, estuviera haciendo una “jam session” clásica con amiguetes.

LA MARIPOSA APOLLO

En la pausa del concierto, la ORF, como todos los años, ha echado el resto, enseñándole al mundo los lugares de Austria que son Patrimonio de la Humanidad (Esta Pequeña República entró en la UNESCO hace treinta años).

Nuestra guía ha sido una delicada mariposa, de la especie Apollo. Su vuelo nos ha llevado por lo más hermoso de estas tierras.

Hemos empezado con el invernadero del Palacio de Schönbrunn, y los hermosos jardines (por cierto, una antena para lo paranormal) plantados en tiempos de la emperatriz Maria Teresa y su marido, Paco de Lorena.

Después, naturalmente, el centro histórico de Viena y el limes romano, la Heldentor y Carnuntum.

Por supuesto, la Wachau, ese lugar en donde el alma se serena.

La mariposa Apollo ha sobrevolado el hermoso balneario de Baden y nos ha llevado por las bellezas de los bosques austriacos, quizá para recordarnos que están amenazados por el cambio climático y que tenemos la responsabilidad de dejárselos a nuestros sucesores en el planeta en el mismo estado en el que los encontramos.

La ciudad de Graz, patria chica de Terminator, digoooo de Arnold Schwarzenegger y el castillo de Eggerberg, han sido la siguiente parada de la mariposa Apollo.

El lago Neusiedl, con su inmensa belleza natural también ha sido un motivo que ha mostrado la ORF, y también el ferrocarril de Semmering, reliquia hermosa de la arquitectura del siglo XIX, que aún sigue en uso.

No podía faltar Hallstatt, meca de los hacedores de puzles de diezmil piezas ni Salzkammergut, paraíso terrenal de inmensos lagos tranquilos de aguas color turquesa. La música ha hecho un guiño al festival de Jazz de Bad Ischl.

(A estas alturas, yo estaba ya llorando de emoción delante de la televisión, sobrecogido ante tanta belleza).

La arquitectura de palafitos prehistóricos también ha sido sobrevolada por la diligente mariposa Apollo.

Y de ahí a Salzburgo, patria de Mozart, solar de los Von Trapp en donde Do es trato de varón, Re un improbable selvático animal, mí como en todas partes denota posesión y Fa es lejos en inglés.

La segunda parte del concierto, que siempre tiene un tono más festivo, ha empezado destapando el tarro de las esencias con la obertura de El Murciélago, cima de la opereta y epítome de lo que el concierto representa: la promesa de un mundo sin preocupaciones.

En la tercera pieza, el Nachtschwarmer, los maestros de la orquesta han cantado (y han silbado) llevándonos a todos a esa región ideal que es esa Viena del siglo XIX que nunca existió y en donde siempre es un junio galante lleno de señoras que caminan majestuosas y de caballeros que les hacen la última reverencia antes de que caiga el sol del imperio.

Yo llevo ya unos cuantos conciertos de año nuevo, pero esta pieza ha sido lo más hermoso que yo haya visto.

El ballet de la ópera estatal ha bailado las mil y una noches, una coreografía con guiños modernos en el palacio de Schönbrunn. Da mucho vértigo pensar que lo que ahora es grabado, antes se hacía en directo (a las intervenciones del ballet me refiero).

Los caballos de la escuela de doma española han bailado al ritmo de la Polka de las Ninfas.

Después, la música de las esferas nos ha llevado a flotar por los terrenos ideales en donde la resaca de la nochevieja no existe. Con la música de las esferas, hemos llegado al final (oficial) del programa.

Como todos los años, sin embargo, la orquesta ha ejecutado una “propina”. Ha empezado con la polca rápida “A la caza” de Strauss, y ha seguido con el tradicionalísimo Danubio Azul, cuyos primeros compases son interrumpidos siempre por la felicitación de la Filarmónica, momento que Barenboim ha aprovechado para un discurso pidiendo concordia para la Humanidad, y ha resaltado la importancia de que todos los años la Filarmónica de Viena interprete este programa de hermosas músicas para toda la Humanidad (Amén, Daniel).

Una vez felicitados, nos hemos lanzado a la música que, en el futuro, bailarán en el éter infinito las naves espaciales y que fue compuesta para pitorrearse de una derrota del ejército francés (por cierto)

Una vez felicitados, nos hemos lanzado a la música que, en el futuro, bailarán en el éter infinito las naves espaciales y que fue compuesta para pitorrearse de una derrota del ejército francés (por cierto)

Y para terminar, con este precioso concierto, nos hemos venido arriba con la marcha Radetzky, de Juan Ramos (padre), durante la cual, como también es tradicional, el público ha aplaudido dirigido por el maestro Barenboim.

La larga ovación de un público agradecidísimo ha terminado la transmisión. 

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