Austria se pone manos a la obra

El mundo se encuentra en una crisis cuya solución es urgentísima para todos. El Presidente van der Bellen ha abierto las sesiones del Klimarat. Veamos qué es.

15 de Enero.- Hoy es quince de enero, estamos en invierno. En invierno hace frío. O, mejor dicho, hacía. De unos años a esta parte no se puede estar seguro.

A las doce de la mañana se podía estar en la calle en mangas de camisa.

En el cesped de mi jardín hay florecillas.

Definitivamente no es normal.

En la última década han cobrado cuerpo las nociones de que

a) el mundo se encuentra sujeto a un cambio rapidísimo en las condiciones climáticas, mucho más rápido de lo que la naturaleza puede digerir por sus propios medios y

b) que este fenómeno, al que denominamos „cambio climático“ está producido por la actividad humana, está cobrando velocidad y está teniendo ya consecuencias desastrosas para el planeta y, por ende, para toda la Humanidad. Y que esas consecuencias no sucederán en un futuro lejano, sino que ya están ahí.

Algunos fenómenos relacionados con este cambio indeseable producido por la actividad humana son, por ejemplo, la desaparición rapidísima de los glaciares y de los casquetes polares, que desempeñan un papel preponderante en la regulación de la temperatura en la tierra, el aumento considerable (cinco veces más en los últimos cincuenta años) de catástrofes vinculadas al cambio climático -inundaciones, olas de frío y olas de calor, cambios en la duración del verano y en la duración del invierno, alteraciones significativas en el régimen de precipitaciones y su influencia desastrosa en las cosechas-), aumento del nivel del mar -veinte centímetros en los últimos cien años y subiendo-, aumento de la acidez de los océanos -un cuarenta por ciento desde 1800- con consecuencias drásticas para la vida marina.

Las consecuencias del cambio climático pueden -aún- mitigarse en alguna medida y es más, debe hacerse, al objeto de evitar más catástrofes de las que ya ha producido. Entre otras migraciones masivas o guerras por el agua.

Y ese remedio pasa por que todos y cada uno de nosotros haga un análisis profundo de sus hábitos y actúe con decencia y en bien de la colectividad.

La alternativa es fácil: o nuestra civilización cambia en profundidad, o dejamos de depender de los combustibles fósiles y de gastar energía a lo loco, o la tierra se volverá un lugar inhabitable.

Para concienciar a los ciudadanos de esto y para hacer de Austria un país mejor, hoy ha empezado sus actividades el Klimarat o consejo del clima.

Se trata de una iniciativa del Gobierno austriaco que trata de responder a una pregunta fundamental, que es esta: ¿Qué tenemos que hacer hoy para vivir mañana en un mundo en el que la conservación del clima a largo plazo y, por lo tanto, de la vida en la Tierra, se convierta en una prioridad de nuestra civilización?

El Klimarat lo componen un centenar de ciudadan@s austriac@s entre los 16 y los 79 años, que representan una muestra representativa de la población en cuanto a nivel de ingresos, nivel de estudios y otros parámetros, como el lugar de residencia, y ha sido creado de acuerdo con lo dispuesto en una ley aprobada por el Parlamento austriaco el 26 de marzo del año pasado.

Las personas que componen el consejo del clima han sido elegidas al azar (siguiendo estos parámetros anteriores) de acuerdo con datos proporcionados por el Instituto de Estadística Austriaco (Statistik Austria).

El objetivo es, mediante un proceso participativo, favorecer la consecución de una serie de medidas que lleven a que Austria sea un país climáticamente neutral en 2040 (o sea, dentro de veinte años).

Estos ciudadanos elaborarán, con la ayuda de un panel de científicos, una serie de propuestas que, en una fase posterior, serán pasadas a los políticos al objeto de que las conviertan en leyes.

Con un poquito de buena suerte, los acuerdos del Consejo del Clima (o Klimarat) derivarán en leyes que harán de Austria un país más “verde” y, por lo tanto, mejor.

Las deliberaciones se producirán durante seis fines de semana de aquí a junio y el Klimarat se reunirá alternativamente en Salzburgo y en Viena. Los participantes recibirán una una compensación por las molestias que les acarree su participación de cincuenta euros.

La apertura de las sesiones del consejo del clima ha corrido a cargo del Presidente de la República, Alexander van der Bellen. Una vez las conversaciones han empezado, tanto él como los medios como los otros políticos presentes han abandonado los locales en donde esta “Miniaustria” como se la ha llamado, ha empezado a darle forma al futuro (o, por lo menos, hay que esperar por el bien de todos que sea así).

El Klimarat se integra en la red de conocimiento de los consejos del clima europeos (KNOCA).

La web del Klimarat es esta y aquí se pueden encontrar todas las informaciones necesesarias sobre sus actividades.

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