Del vals al narcocorrido: un viaje musical desde Austria hasta México

La sinuosa y saltarina línea musical que une los valses vieneses con los narcocorridos mexicanos. Lea usted y pásmese.

16 de Febrero.- A veces, los temas para Viena Directo me llegan por las vías más insospechadas. Este de hoy, se lo tengo que agradecer a mi amigo Rafael, que me lo sugirió desde el otro lado del Atlántico.

De Facebook, Paquita la del Barrio y un imperio como potencia pop

Como ya voy siendo un caballero de una cierta edad, que conoció el tiempo en que no había móviles ni Youtube, tengo un concepto de la amistad (también de la amistad cibernética) más bien chapado a la antigua. Esto quiere decir que, para que yo “me amigue” con alguien en Facebook la persona en cuestión tiene que cumplir dos requisitos fundamentales: a) ser amigo/familia mío en la vida real y/o b) que nos conozcamos personalmente.

Estas dos reglas, en mi caso, presentan solo algunas excepciones notables como por ejemplo, mi amigo Rafael, diplomático mexicano que, en la actualidad sirve a su país como cónsul en una ciudad del sur de los Estados Unidos. Nuestra amistad del libro de las caras surgió por vía de su blog y, data ya de tan antiguo que, aunque no nos hemos estrechado las manos, le siento tan cercano como si le conociera de toda la vida.

Pues bien: hace algunos días, Rafael colgó (ahora la gente dice “posteó” pero, lo siento, mi antigüedad brontosáurica tampoco me permite abusar del spanglish de esa manera) una frasecilla en el libro de las caras en la que hablaba de Paquita la del Barrio y, tirando del hilo, llegamos a esta historia tan interesante que voy a contar hoy.

En el siglo XIX, el Imperio austro-húngaro era una de las potencias mundiales. Una potencia que, como sabemos ahora, llevaba ya en sus entrañas la semilla de su propia destrucción. Sin embargo, en aquel momento, parecía que la monarquía bicéfala iba a durar para siempre y proyectaba sobre el mundo un suave resplandor dorado de talento y creatividad. No es arriesgado decir que, en Austria, se inventó la música pop. Y, sin duda, el Reggaetón de aquellos años era el vals. Por supuesto, el vals era la transcripción culta de la música que se tocaba en los heuriger vieneses y solo era uno de los ritmos que pululaban por la fertil vega del Danubio y que se proponían alzarse con la hegemonía de la época.

De Escocia a Bratislava

En las primeras décadas del siglo XIX, después de un lento macerar por diversas verbenas veraniegas de pueblo, surgió,en los alrededores de Viena, en el triángulo que forma la capital del vals, Bratislava y Puchberg am Schneeberg en Baja Austria, distrito de Neunkirchen, un ritmo nuevo, llamado (¡Tachán!) Schottisch. Venga, venga, díganlo mis lectores y pronúncienlo a la hispana y ¿Qué les sale? Pues ahí le han dado: el chotis o, como dicen los castizos madrileños, “el chotís”.

El Schottisch, se llamaba así porque,para darle prestigio, los avispados músicos vagabundos que iban por los pueblos, lo llamaron “Polka escocesa” y, antes de que me pregunten mis lectores, les diré que no se parecía en nada (salvo en el ritmillo) a lo que bailamos en Madrid. Era mucho más parecido, en realidad, a las danzas tradicionales centroeuropeas, con sus figuras y sus salticos. Y, si nos interesa, es porque se interpretaba con un conjunto de instrumentos que, con muy pocas variaciones, ha hecho un viaje más largo de lo que los inventores primigenios del chotis pudieron pensar nunca: esto es, un acordeón (lo inventó un austriaco, hacia 1835), un contrabajo, una tarola y, a veces (modernamente) un saxofón (quédense mis lectores con este dato porque es interesante.

El chotis se fue refinando y se fue extendiendo por el mundo en un proceso que está perfectamente documentado. El primer chotis madrileño se bailó en el Palacio de Oriente la noche del 3 de Noviembre de 1850 pero no se le llamó así, sino polka alemana. A partir de ese momento, hizo furor. Pero no fue en el único sitio.

El salvaje méxico del siglo XIX

El chotis, al igual que la polka, no se detuvo en la metrópolis madrileña sino que, con el goteo de los inmigrantes que huían de Europa debido a las malas condiciones que reinaban en el continente (y debido también a las promesas de libertad y dinero fácil que ofrecía el Nuevo Mundo) cruzaron el océano.

Durante aquellos mediados del siglo XIX, lo que hoy es el sur de los Estados Unidos y el norte de México eran una tierra de una enorme vitalidad y en la que todo parecía posible. Los Estados Unidos de América eran una potencia en expansión y México estaba saboreando las enormes dificultades y turbulencias políticas que sucedieron a la independencia de Madrid, el poder declinante.

Las potencias europeas, que estaban zambullidas en el periodo de prosperidad que sucedió a las guerras napoleónicas, vieron también en el feraz territorio mexicano una posibilidad de expansión lo cual, junto al cacao mental que tenían los propios habitantes del México de la época,  dio pie a todo tipo de experimentos políticos. Entre ellos, el fugaz imperio mexicano que duró cuatro años. Imperio apoyado por la Iglesia Católica y el Partido Conservador que, con la ayuda inestimable (pero abiertamente insuficiente) de los voluntarios austriacos, auparon al trono a Maximiliano, un hermano del emperador Francisco José.

El pobre Maxi(miliano), como todo el mundo sabe, salió de Méxi(co) con varios agujeros de más en el cuerpo y los pies por delante.

De la mina al narcocorrido

Las primeras oleadas de emigrantes procedentes del Austro-Hungría, Baviera y Escandinavia datan de esta época y claro, los emigrantes trajeron a la frontera el germen de lo que hoy se conoce como Música Norteña o, simplemente, Norteño.

La Música Norteña es un género de música tradicional mexicana, que se debe a la influencia de la inmigración europea con destino a la minería y a la industria cervecera (lógico, claro) en lo que hoy son los estados mexicanos de Nuevo León, Tamaulipas, Chihuahua, Sonora, Coahuila y San Luis Potosí . Bien: estas personas traían de Centroeuropa, de Escandinavia y del norte de Italia sus instrumentos musicales pero, cuando estos sufrían algún desperfecto, como es obvio, no los podían mandar de vuelta a Europa para que los arreglaran, así que se las apañaban como podían. De las reparaciones surgían también modificaciones e, incluso, instrumentos nuevos, como el Bajo Sexto (una guitarra de doce cuerdas) o el acordeón de doble botonadura (una para cada mano).

La Música Norteña dejó de ser rural en la segunda década del siglo pasado y goza de gran predicamento también en las grandes ciudades mexicanas. Pero, es más, ese estilo musical que nació en las proximidades de Viena ha seguido evolucionando y ha dado lugar, por ejemplo, a los llamados Narcocorridos (¡A los tranquilos ciudadanos de la Viena del XIX les hubiera dado un soponcio solo de saberlo!) que son canciones que refieren hechos reales o ficticios relacionados con el tráfico de estupefacientes.

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