Austria tiene un nuevo ministro de sanidad

¿Ha sido Wolfgang Mückstein un mal ministro? Es más ¿Puede ser un médico un buen ministro de sanidad? ¿Quién será su sucesor? ¿A qué retos va a tener que enfrentarse?

3 de Marzo.- Hoy se ha anunciado la dimisión del Ministro de Sanidad austriaco, Wolfgang Mückstein después de tan solo 328 días en el cargo.

Por el tamaño de su ministerio, por la cantidad de recursos que controla y el presupuesto que maneja, durante ese tiempo se ha podido decir que Wolfgang Mückstein ha sido uno de los hombres más poderosos de Austria.

¿Ha utilizado bien su poder? La opinión mayoritaria es que no, y que por eso sus cotas de popularidad y la opinión que ha merecido, en general, su gestión son, por decirlo suavemente, modestas.

¿Es todo culpa de Wolfgang Mückstein? Yo, personalmente pienso que no, y trataré de explicar por qué.

A pesar de haber intervenido en la política muchas veces, Wolfgang Mückstein no es un político. Ha sido siempre un médico al que le dieron un trabajo para el que, probablemente, no estaba preparado. Porque sí, una parte de ser ministro de sanidad es tener una serie de conocimientos. A priori ¿Quién puede ser mejor ministro de sanidad que un médico? Pero ser ministro también consiste en vender y comunicar cosas con las que tú, probablemente, no estás de acuerdo. Y no todo el mundo está preparado para hacerlo.

Durante estos dos años, y aún antes, he tenido numerosas oportunidades de tratar a muchos médicos. Por esas casualidades de la vida, digamos que un treinta por ciento de mis amistades trabajan curando gente. Y pertenecen a toda la escala. Tengo el honor de tomarme unos vinos de vez en cuando con especialistas de nivel europeo pero también con médicos de familia que lo mismo te recetan pastillas para la tos que te diagnostican unos hemorroides.

Los médicos, convengamos en ello, son unas personas especiales. Una carrera que se estudia abriendo la barriga de difuntos necesita un determinado carácter, una determinada frialdad. A Mückstein le han pedido muchas veces que, como Ministro, traicionara al médico. Y estaba claro que Mückstein no estaba preparado para hacerlo. Cuando tenía que acudir al Zeit Im Bild a defender cosas en las que, era evidente, no creía (por ejemplo, las desescaladas que le exigían los tenderos) simplemente se bloqueaba. Se veía claramente que estaba pillado en el cepo de no saber fingir.

Y eso, para una persona como Mückstein, que viene de una familia de la clase media muy alta, que además está acostumbrado a prescribir, a mandar, a prohibir, utilizando criterios médicos, que además es una persona con un carácter bastante fuerte (su rebeldía indumentaria en un país como Austria en el que el hábito hace tanto al monje) debía de ser muy difícil.

El drama de Mückstein, probablemente, es que es muy buen médico, pero un actor regulero y un vendedor (un comunicador) todavía peor.

No es, por cierto, el único que se ha enfrentado a este dilema últimamente. No es ningún secreto que, en las últimas semanas, hay un divorcio evidente entre lo que el Gobierno necesitaría que fuera la opinión de los expertos y lo que de verdad piensan muchos de esos expertos que asesoraron al Gobierno en las primeras etapas de la pandemia.

Bastaría con obligar a Peter Klimek, que ha estado elaborando los modelos de predicción de la pandemia para el Gobierno o a Dorothee von Laer, la viróloga que ha asesorado también al ejecutivo de Viena, a que dijeran cosas en las que no creen para que se encontraran exactamente en la misma situación en la que Wolfgang Mückstein se ha encontrado.

¿Y quién va a suceder a Wolfgang Mückstein? El nuevo Ministro de Sanidad se llama Johannes Rauch y, probablemente, no tendrá tantos problemas como Wolfgang Mückstein para navegar en las procelosas aguas de la política.

Nacido en 1959, el nuevo encargado de sortear los dédalos pandémicos cumplirá en abril sesenta y tres primaveras y desde 2014 es consejero de medio ambiente en el Gobierno de Vorarlberg en uno de los Gobiernos regionales en donde la coalición actual de verdes y conservadores hizo su ensayo general: Vorarlberg.

Su perfil no es médico, sino social, quizá para evitar que desperdicie sus energías en las batallas en las que Wolfgang Mückstein las ha desperdiciado. Tiene ante él una tarea titánica consistente básicamente en salir con bien del jardín de la vacunación obligatoria (en cinco días cinco la famosa comisión de seguimiento presentará su primer informe) y algunos otros proyectos de gran calado que su antecesor, ocupado en la pandemia, no supo o no tuvo tiempo de administrar.

Y por supuesto, tendrá en su puerta a antivacunas, conspiranoicos y otra gente descomunal.

Solo queda desearle suerte. La va a necesitar.

Cada dos semanas, en La Tarde en Directo, Jesús Carrete, investigador de la TU nos explica cosas del apasionante mundo de la ciencia. En este vídeo, nos habló de la tabla periódica de los elementos. 

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