“¿Qué fuma usted cuando hace las noticias?”

No es frecuente que el un entrevistado acuse al entrevistador de estar puesto de drogas. El austriaco Thomas Mohr tuvo que pasar por esta situación. Un diplomático ruso fue el culpable.

28 de Marzo.- En los últimos tiempos, vamos, en el último mes, no ceso de leer un libro detrás de otro a propósito de la Federación Rusa y los avatares de su historia reciente. Mi objetivo es entender todo lo posible. Hacerme una idea general.

He leido biografías, principalmente; pero también libros de Historia y en el colmo de lo que alguien pudiera llamar masoquismo, la obra del ideólogo de cabecera de Putin, un tal Dugin.

Estoy muy lejos de ser un experto, pero he llegado a una conclusión ya y es que, de forma comprensible, juzgamos lo que pasa partiendo de tres parámetros que no están presentes del lado ruso y que nos inducen constantemente a error. El primero es que en „este lado“ hay una circulación mayor de información. Una información más o menos plural. En segundo lugar, nosotros no nos damos cuenta, pero en una sociedad libre como la nuestra existe cierto hábito de crítica y aún de autocrítica ante las diferentes opciones informativas, cierta costumbre de poner en duda las cosas. Y voy a añadir un tercer factor: para nosotros, eso es una virtud.

El pueblo ruso, por falta de costumbre probablemente, es un pueblo que valora mucho más la estabilidad y la unanimidad que la libertad. Además, décadas de propaganda victimista (la famosa “rusofobia” que aparece aquí y allá en los discursos de Putin) han hecho que esa sociedad reaccione a la crítica, sobre todo si viene del extranjero, siempre a la defensiva.

El presentador de la cadena austriaca Puls 4 se vio confrontado con esto en una entrevista que grabó con un diplomático ruso de alto nivel, el Sr. Dmitri Poljaski y que se ha pasado hoy en los informativos de esa cadena privada.

Poljaski es vicejefe de la representación rusa ante la ONU y durante toda la entrevista, ante las preguntas críticas que hubiera hecho cualquier periodista occidental, estuvo no solo francamente borde, sino prepotente e incluso insultante.

Durante la entrevista, por supuesto, Poljanski se abstuvo en todo momento de mencionar la palabra “guerra” (ya lo saben los lectores, “operación especial”). Pudo ser por convencimiento, pero también porque en un régimen totalitario, como es el de la Federación Rusa, por mencionar la palabra “guerra” relacionada con lo que está pasando en Ucrania y que esa mención tenga “repercusión pública” te pueden caer quince años de cárcel.

Para Poljanski, disciplinado difusor de la versión oficial, “guerra” era lo otro, “lo de antes”, lo de ahora, la invasión, es una “operación militar especial” debe de ser que para rematar la faena que empezó en 2014.

Cuando Thomas Mohr intentó recapitular y dijo resumió el párrafo anterior, Poljanski, le espetó “qué fuma usted cuando hacen las noticias?”.

Las alusiones a un supuesto estado de colocón del periodista se sucedieron durante toda la entrevista.

El presentador, harto, confrontó a Poljanski con las acusaciones de la comunidad internacional de haber atacado objetivos civiles. Poljanski, dijo que la Federación Rusa había utilizado “armamento de precisión” y que no se habían bombardeado objetivos civiles, que eran los “nacionalistas ucranianos” (de nuevo, un cliché especialmente caro a la propaganda rusa desde la época soviética) los que habían colocado a la población civil en objetivos militares convirtiéndolos así en “escudos humanos”.

Totalmente fiel a la versión oficial del Kremlin, los “nacionalistas ucranianos” (todos nazis, por supuesto) no dejan a los civiles abandonar las ciudades y ponen artillería pesada en zonas residenciales.

Ante la pregunta de por qué los ucranianos no han recibido a los soldados de la Federación Rusa como libertadores, Poljanski dijo que él había visto en la televisión a familias que abrazaban a los soldados y ante la pregunta obvia de que por qué los ucranianos en vez de abrazarse a los soldados corrían en dirección contraria y huían a los países europeos, Poljanski, impertérrito, decía que en Rusia también tenían muchos refugiados ucranianos.

-¿Cuántos?-preguntaba el presentador.

-Cuatro millones -decía el diplomático.

Por último, el presentador le pregunta al molesto Poljanski por la posibilidad del uso de armamento nuclear en el conflicto. Poljanski acusa al presentador de manipulador. Mohr repregunta si se dan las condiciones para el uso de armamento nuclear y entonces el tipo dice de nuevo con la propaganda oficial y, sobre todo, con la línea victimista que sostiene que Rusia es víctima de un acto injusto de “rusofobia” que “la Federación Rusa está amenazada -se supone que por un occidente decadente, vesánico y tal- pero que sobrevivirá y vencerá”.

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