¿Nos tenemos que preocupar por el pago del gas en rublos?

El presidente Putin quiere que le paguen el gas en rublos, pero todo indica que, al final, todo va a quedar en un gag propagandístico (por lo menos de momento).

31 de Marzo.- El presidente de la Federación Rusa, Vladimir Putin, ha anunciado hoy que, a partir de mañana, las entregas de gas ruso a los países “hostiles” (esto es, a los que han aplicado y siguen aplicando sanciones a la Federación Rusa) tendrán que pagarse en rublos.

Este anuncio de una situación inaudita y muy parecida a la ilegalidad, da la medida de hasta qué punto la situación de la economía rusa es, en estos momentos, dramática. La economía de la Federación Rusa, con un PIB muy similar al de España -o sea, ni de lejos, el de una superpotencia, recordémoslo- es muy dependiente de las ventas de combustibles fósiles. El producto de estas ventas se utiliza para comprar todos los productos que Rusia no produce (que son muchos). Debido a las sanciones, además, el rublo está en mínimos históricos (retener este dato) y la bolsa rusa está, en estos momentos, en algo que solo se puede llamar estado de excepción.

De momento, sin embargo, la medida es más un gag propagandístico que otra cosa, como luego explicaré.

¿Por qué se ha emperrado Putin en que le paguen en rublos el gas?

En estos momentos, en el mundo, las dos monedas en que se pagan las importaciones de gas son dólares y euros (en general, el dólar es la moneda de referencia cuando se habla del petróleo y sus derivados, por ejemplo el precio del barril de Brent se mide en dólares).

El rublo, en cambio, es una moneda que solo se utiliza en Rusia y de la que no hay apenas reservas repartidas por el mundo.

Si la Unión Europea tiene que pagar las importaciones de gas directamente en rublos (no es el caso, de momento) tendría que ir directamente a comprar rublos al sitio en donde los hay en abundancia (y se los esta´n comiendo con patatas) esto es, al banco central de Rusia.

Esto tendría inmediatamente dos efectos, ambos beneficiosos para Rusia.

El primero: evidentemente, como cualquier estudiante sabe, al aumentar la demanda de rublos aumentaría el precio del rublo y se levantaría su cotización. Dicho de una manera pedestre, el rublo ganaría poder adquisitivo, de manera que con los mismos rublos se podrían comprar más cosas de las que se pueden comprar ahora.

La situación actual en una economía como la rusa, fuertemente dependiente de las importaciones, ha disparado los precios salvajemente. Rusia necesita imperiosamente que el rublo gane valor y la única manera es que los extranjeros compren rublos (espero que se entienda).

El segundo efecto sería que, para comprar rublos, la Unión Europea se tendría que saltar sus propias sanciones, ya que el banco central de Rusia es una de las instituciones afectadas por las sanciones (por ejemplo, con la famosa desconexión del sistema Swift).

Aparte del aspecto económico ¿Qué busca Putin con esta medida?

Por decirlo brevemente busca oxígeno.

Hasta el momento, y salvo casos muy puntuales (por ejemplo la tibia condena de Hungría) , la reacción de condena internacional está siendo prácticamente unánime. Y en la Unión Europea, monolítica.

Es verdad que para la parte occidental de la Unión es más fácil imponer sanciones al régimen totalitario de Vladímir Putin, porque sus economías no dependen del gas ruso. No es lo mismo para la parte este de la Unión.

Putin calcula que si la cosa se pone fea, los países de la Unión se plantan y se produce una interrupción del suministro, se producirá una grave crisis en las economías más sensibles (la alemana, entre ellas) y esta crisis, que podría provocar una recesión en Europa, levantaría el descontento de la población que presionaría para rebajar el tono de las sanciones.

Por otro lado, Vladímir Putin necesita apuntalar su imagen de hombre duro y de negociador sin concesiones. Necesita, también de cara a su opinión pública (que está desinformada pero a estas alturas ha aprendido a leer entre líneas) un éxito que vender. Bélicos tiene muy pocos que vender (no hay más que ver los mapas del avance de la guerra). Por otro lado, es de suponer que tenga miedo de que el descontento por la situación económica desfavorable y por la reducción de la economía rusa al tamaño de la de un país en vías de desarrollo, llegue a la calle.

¿Cómo han reaccionado los Gobiernos occidentales?

Han reaccionado mal. Los dos países más potentes de la Unión, los que fijan en último término su política, Francia y Alemania, ya han expresado su más enérgico rechazo a la medida.

Alemania, a través de su Ministro, ya ha anunciado que sostiene el pulso y que está preparada para todos los escenarios, incluyendo la suspensión total de los suministros de gas ruso.

Francia por su parte, ha anunciado una nueva batería de sanciones (sin concretarlas).

Fuera de la Unión, el Gobierno británico también ha expresado su rechazo rotundo a la medida.

¿Por qué la medida, de momento, es más un golpe propagandístico que otra cosa?

A pesar de que la medida es un avance en el camino de incertidumbre (y, por qué no decirlo, de cutrez y precariedad) emprendido por el Gobierno ruso, de momento, a partir de mañana, la Unión Europea podrá seguir pagando su gas en Euros como hasta ahora.

En el decreto firmado por Vladímir Putin se establece un mecanismo como sigue: por ejemplo: Alemania va a comprar gas y tendrá que pagarlo obligatoriamente en un banco, el banco Gazprom, uno de los pocos bancos rusos que está todavía sin sancionar. Será en Euros. El banco Gazprom abrirá una cuenta para transferir esos euros y tendrá que convertirlos, obligatoriamente, en rublos, de manera que el banco Gazprom tendrá que comprarle rublos al banco central ruso.

La economía rusa podrá seguir utilizando esas divisas para financiar la guerra que todo indica que puede ser larga.

Por otro lado, la propia ley (recordemos la cutrez) establece mecanismos para que el propio Estado ruso se la pueda saltar dependiendo de la evolución del conflicto.

Deja abierta la puerta a que el Gobierno pueda establecer permisos de exportación que no pasen por la ley, por ejemplo.

¿Cómo es la situación en Austria?

El Gobierno austriaco ha puesto en marcha hoy el primer nivel de alerta para el caso de una situación de crisis en el mercado energético.

Esto significa que se va a intensificar el seguimiento del consumo pero, de momento, no habrá racionamiento.

Las reservas actuales de gas son de un trece por ciento de la capacidad total de almacenamiento (unos dos meses de consumo, estirándolos, tres). También hay que tener en cuenta que la temporada de frío en Austria está terminando y que para el invierno próximo quedan cuatro meses.

Muy poco para sustituir el gas ruso por completo pero sí que suficiente para que la industria evalúe sus necesidades.

Lo que está claro es que, por lo menos a medio plazo, la Unión Europea va a maniobrar para deshacerse de la dependencia de un proveedor tan poco fiable. Alemania, por ejemplo, ha calculado que para 2024 sus importaciones de gas ruso serán de una importancia marginal.

Como dice el refrán, más vale una vez colorado que ciento amarillo.

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