Oskar Werner: vida de un gigante de la escena (1)

La filmoteca de Austria le dedica un ciclo a Oskar Werner, pacifista y gigante del teatro y del cine de este país. Este año hubiera cumplido cien años. Celebrémoslo.

6 de Abril.- El otro día, paseando por Viena, vi que la filmoteca de Austria le está dedicando un ciclo a Oskar Werner por su centenario.

Así que no hay mejor ocasión para dedicarle unos posts a su vida.

Werner, uno de los actores austriacos más importantes del siglo XX (y uno de los pocos que no salió en las pelis de Sissi, por cierto) nació en Viena, el 13 de Noviembre de 1922. En el distrito 6, en la Marchettigasse 1A (ahora, a pocos pasos, está la plaza que lleva su nombre).

Oskar Werner era hijo de un corredor de seguros y de una obrera de una fábrica. Cuando sus padres se separaron, Oskar Werner creció en unas circunstancias muy humildes, con su madre y con su abuela. Cuando el niño tenía ocho años, su madre se intentó suicidar.

Werner fue, desde el principio, un crío con mucha sensibilidad que tuvo la suerte de crecer en una casa en la que se ocupaban de él. Su abuela le contaba para entretenerle historias del Burgtheater y eso despertó su interés por las tablas desde una edad muy temprana.

No eran tiempos buenos en Austria, en aquel momento. Ni para el mundo, por cierto. Conforme Oskar Werner fue creciendo, fueron amontonándose en el horizonte las nubes negras que anunciaban el principio de la segunda guerra mundial.

En 1938, Oskar Werner fue testigo de la noche de los cristales rotos. Esa ocasión negra de la Historia europea en la que el mal se desató contra los pobres judíos.

Aquella jornada negra dejó en el ánimo de Oskar Werner una huella muy honda y en un ambiente militarista, como el de la Alemania nazi, el chaval se declaró pacifista y contrario al antisemitismo y al nazismo.

Por aquella época empezaron también a llamarle para sus primeros trabajos de actor, en películas de consumo en las que hacía breves intervenciones.

También actuó en la radio, y en los cabarés de la Viena de entreguerras.

Sin sospechar que la profesión de actor le iba a tener toda la vida estudiando, Werner, por tener otros intereses y prioridades no se llegó a sacar la Matura.

Entre los tiros y los telones

El 1 de octubre de 1941, el Burgteather contrató a Oskar Werner. Sin embargo, como estaba en edad militar (y el Reich alemán, en guerra) y cabía la posibilidad de que lo llamasen a filas, hasta 1942 le estuvieron haciendo contratos de un mes.

En ese momento, la dirección del Burgtheater intentó evitar que tuviera que incorporarse al ejército, sin éxito. En 1945, Werner terminó desertando de la Wehrmacht y se marchó con su entonces esposa y su hija Leonore, a Baden, en las cercanías de la capital de Austria.

Inmediatamente después de la guerra, Oskar Werner empezó de nuevo a trabajar en el Burgtheater.

En aquel momento, las representaciones se hacían en el Ronacher (hoy un teatro especializado en musicales) porque el augusto coliseo junto al Ring había quedado hecho una porquería después de los bombardeos aliados (los cuales, por cierto, solo afectaron a la sala).

En esta nueva etapa de su carrera, Oskar Werner se despojó de su apellido de verdad, decisión que, como el lector va a ver ahora mismo, fue muy comprensible y lo es hoy. El nombre de pila de nuestro héroe de hoy era Oskar Bschliessmayer.

La carrera de Oskar Werner despega internacionalmente en 1949 con una coproducción austro-británica (Der Engel mit der Posaune), película que se sigue reponiendo en la tele austriaca, por cierto, y en la que también trabajaba Paula Wessely.

Es probable que Oskar Werner no terminara, como la mayoría de los actores de su generación, en las pelis de Sissi, porque a raiz de Der Engel mit der Possaune Hollywood se fijó en él. El productor Darryl F. Zannuck (Twentieth Century Fox) le contrata por siete años. Werner se marcha a los Estados Unidos.

La cosa no va bien, aunque Oskar Werner trabaja en una peli antibelicista (Decisión antes del amanecer) dirigida por Anatole Litvak y la peli es nominada al Oscar. Zannuck rompe el contrato antes del final de su vigencia.

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También un adelanto de la programación cultural del Instituto Cervantes de Viena para el mes de abril, que es canela en rama.

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