El talento del Sr. Strache

Strache

“Cómo destrozar una carrera”. Ayer, en la ORF, entre otras cosas, la concatenación de acontecimientos que llevó a alguien a decir “esto se acabó”.

7 de Abril.- Televisión Española tiene un formato que se llama Lazos de Sangre. La primera temporada, modélica, estuvo dedicada a dinastías del espectáculo y la vida social. Los Flores, los Alba y otros eran retratados en documentales de una hora perfectamente pesados y medidos, en los que no faltaba nada, ni nada sobraba. Lo suficientemente cultos como para que no diera vergüenza verlos y lo suficientemente populares para que fuera un placer comprobar que todos podríamos haber estado invitados en el Lerele -lugar mítico-.

La ORF ha estrenado su propio “Lazos de Sangre” pero no con gente del espectáculo sino con personajes del mundo de la política. Bajo el título, que parafrasea a Patricia Highsmith, de “El talento del Sr….” La serie trata de explicarle a los austriacos, de una manera fácil y didáctica (aunque no siempre amable) algunos episodios de su historia reciente a través de sus protagonistas.

El de ayer tenía MUCHO morbo, ya que la biografía que se ventilaba era nada más y nada menos que la de Heinz Christian Strache. Auge y caída del protésico dental que llegó a vicecanciller de Austria y que luego, después del famoso escándalo de Ibiza, quedó reducido a una enana blanca del mundo de la política. Un personaje sin oficio conocido que vive de limosnas y que hace esfuerzos por reivindicarse sin que nadie le tome en serio.

La emisión de ayer en la ORF a las nueve y cuarto estaba hilvanada a base de los testimonios del propio Strache (el cual habla como una folclórica, por cierto, diciendo cada dos por tres “mi persona”), la gente a la que no puede calificarse de otro modo que como “sus secuaces” (el guardaespaldas que durante mucho tiempo fue su mano derecha y luego le atizó una puñalada trapera entre los omóplatos o el simpar Johann Gudenus) y comentaristas políticos bien informados.

Dentro del morbo, quizá la parte con más alto voltaje fue la dedicada a la narración de la intrahistoria del escándalo de Ibiza, escándalo tuvo de operación de espionaje lo que Pepe Gotera y Otilio tenían de maestros del bricolaje. Fue un ejemplo perfecto de cómo la realidad imita a la ficción. Mientras Gudenus, Strache y los periodistas del periódico alemán que destapó el escándalo iban explicándolo todo, uno no sabía si estaba viendo una de las tramas de Vorstadt Weiber.

Semanas antes de aquel día de mayo que hizo saltar el Poder austriaco por los aires, los periodistas se pusieron en contacto con Heinz Christian Strache -por WhatsApp-. Le decían que tenían el vídeo, le decían lo que había y le pedían que se pronunciase. Strache se citó con Johann Gudenus en el aparcamiento de un supermercado (¡En el aparcamiento de un supermercado!) y le contó que los periodistas tenían el vídeo, lo que había y que le habían pedido que se pronunciase. Callados, aguantaron todavía tres semanas. El 18 de Mayo de 2019, a las seis de la tarde, explotaba la bomba informativa. Lo que no sabían los austriacos (ni los lectores de Viena Directo) es que, al mismo tiempo, se estaba produciendo en la sede del FPÖ una reunión de crisis, en la que se barajaban las repercusiones de lo sucedido y de lo que estaba por suceder.

Impagable el momento en el que Johann Gudenus, con la admiración que algunos granujas cortitos reservan para granujas que son algo más largos que ellos, describe el momento en el que Herbert Kickl entró en la habitación en donde se estaba celebrando la reunión y dio el diagnóstico definitivo: “Das war´s”. O sea, “esto se acabó”.

Después se hizo un silencio profundo que, por lo visto, dura hasta hoy.

En esas tres palabras cabía toda la ira de un hombre que se daba cuenta (quizá demasiado tarde)  de que había cometido el error de rodearse de unas personas que se le debieron de presentar en todo su patetismo de aficionados, de caballeros de fortuna, de personas que no sabían lo que tenían entre manos. Kickl debió de darse cuenta entonces de que no podría terminar de neutralizar los servicios secretos austriacos y de que Karin Kneissl no podría seguir siendo el caballo de Troya de Vladímir Putin en Austria…Debió de pensar que aquellos dos, Gudenus y Strache, Strache y Gudenus, nunca se habían enterado de la misa la mitad. Ellos creían que gobernaban Austria, habían estado contentos con sus rueditas de prensa, con su Herr Vizekanzler por aquí y su Herr Vizebürgermeister por allá y no se habían dado cuenta de que, en realidad, eran piezas de una operación mucho más grande.

“Das war´s”. Solo Kickl vislumbraba quizá hasta qué punto.

El documental está en la TvThek de la ORF durante una semana. En esta dirección. No decepciona.

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