Quién era en realidad “la abuela” de Willendorf

La llamaban Venus, pero no está claro que lo fuera. Una de las piezas insustituibles del patrimonio austriaco todavía guarda sorpresas.

22 de Abril.- El día 7 de Junio de 1907 es probable que hiciera un tiempo precioso en Willendorf, una localidad de ese ameno lugar que se llama la Wachau.

El caso es que para Josef Szombathy, entonces un barbudo arqueólogo de cincuenta y cuatro primaveras, fue un día de suerte. Szombathy no lo sabrá nunca, pero gracias a lo que sucedío ese día, Szombathy está en la Wikipedia.

Mientras él y su equipo estaban excavando metódicamente en un ligero promontorio que domina el Danubio, encontraron una estatuilla de once centímetros. Representa a una mujer notoriamente obesa que tiene los bracillos encima de los pechos.

Dado que en aquella época a ninguna mujer decente se le hubiera ocurrido que la representaran así, Szombathy y sus colegas (todos varones) dedujeron que la estatuilla debía tratarse de una representación sexual. Y la llamaron “Venus”. Desde entonces, la Venus de Willendorf se guarda en el Museo de Historia Natural de Viena y es una de sus atracciones.

Otras estatuillas parecidas han aparecido durante el último siglo y medio por el trozo del continente europeo que se extiende entre los Urales y los Pirineos.

Sin embargo, nuevos avances en la prehistoria y en el conocimiento que la arqueología proporciona a propósito de nuestros tatarabuelos, están cuestionando este relato.

Los científicos actuales, por el contrario, no piensan que la “Dama de Willendorf” como la llaman ahora, fuera un amuleto destinado a conmemorar la fertilidad o que tuviera un carácter sexual. Más bien piensan que más que la Dita von Teese de la prehistoria, la gordita de Willendorf es más bien una abuela. Una mujer que ha tenido muchos hijos ya, que está fuera de su plenitud física y que quizá el nombre más correcto para la figurilla sería “la abuela de Willendorf”.

Naturalmente, del mismo modo que la valoración de Szombathy y de los arqueólogos (todos hombres y la mayoría curas, por cierto) de su tiempo, estaba basada en los prejuicios de su época, la falta de registros escritos tampoco permite saber si la valoración actual de la Venus ahora transformada en abuela de Willendorf está marcada por nuestros juicios actuales.

Sabemos, o creemos saber, eso sí, que la imagen de nuestros ancestros como tipos vestidos con pieles y de pelo en pecho que se iban a cazar mamuts mientras sus esposas se dedicaban a tejer en la seguridad de la cueva no guarda mucho parecido con lo que pudo ser la realidad. Se han encontrado evidencias de que los papeles de hombres y mujeres en la prehistoria no eran tan distintos y que ellas también cazaban. Es natural: en un grupo pequeño todo el mundo debe saber de todo. También que las personas de aquella época estaban mucho mejor alimentadas que sus descendientes de tiempos neolíticos y que tenían tiempo para el arte o la artesanía.

Asimismo, sabemos por el ADN que la diversidad racial del continente europeo era entonces muchísimo mayor de lo que se pensaba y que en la zona de la Wachau, por ejemplo, se encontraban grupos nómadas de diferentes lugares que venían a resguardarse del clima, comparativamente benigno, de la zona.

Sabemos también que estos grupos tenían un radio de acción muy amplio, ya que la piedra caliza que sirvió de material a la estatuilla puede provenir del norte de Italia.

Otra curiosidad: durante mucho tiempo la “Abuela de Willendorf” que se exponía era una copia. A partir de la renovación del NHM la original está expuesta en una urna blindada.

(Fe de erratas: en una versión anterior de este artículo se decía que la figura que se expone en el NHM era una copia. Perdón por el error).

 

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