Mañana es primero de mayo

Mañana es el primero de mayo. He aquí algunas cosas que no conviene que olvidemos nosotros, los trabajadores austriacos.

30 de Abril.- Mañana es el primero de mayo, día internacional de los trabajadores. Es una fecha de celebración, porque, por suerte para nosotros, muchos compañeros y compañeras nuestras han luchado en los últimos ciento cincuenta años para que nuestra vida sea hoy mejor de lo que fue para nuestros bisabuelos.

Sin embargo, tanto en Austria como en el resto del mundo también es una fecha para recordar que esa lucha no ha terminado, ni mucho menos, y que están surgiendo nuevos desafíos que coinciden con la imposición del modo neoliberal de ver las relaciones laborales.

Tú también eres un trabajador, aunque a veces pienses que no

Una de las consecuencias (nefastas, en mi opinión) de la progresiva imposición del modelo neoliberal es la erosión del mismo concepto de lo que es un trabajador. La inmensa mayoría de los trabajadores, hoy en día, ya no están en los escenarios en donde empezó nuestra lucha, en las fábricas o en los campos de labranza, sino que se sientan en las oficinas.

Sus labores ya no son las alientantes tareas que describieron los teóricos del siglo XIX, sino que son trabajos (no menos alienantes) basados en una tecnología cada vez más desalmada e invasora. Una tecnología cuyos algoritmos ignoran cada vez más las necesidades más elementales de la especie humana.

Hay que volver a reconquistar la jornada de ocho horas

Una tecnología que, de manera insidiosa, está erosionando las conquistas de tantas generaciones. Por ejemplo, la más obvia: la de la jornada de ocho horas.

La reivindicación más obvia del movimiento obrero fue la de dividir el día en tres franjas bien diferenciadas: ocho horas de sueño, ocho horas de faena y ocho horas de descanso y asueto.

La tecnología, que nos permite estar constantemente localizables y a todas horas, está destruyendo eso. Si la lucha de nuestros bisabuelos fue la de no tener que pasar más de ocho horas frente a la máquina, nuestra lucha de hoy debe de estar orientada a la posibilidad de desconectar de los dispositivos que nos esclavizan (el móvil de empresa, por ejemplo, en el que se reciben correos y llamadas fuera de la jornada laboral).

Los hijos de los trabajadores también tienen derecho a unos servicios públicos de calidad

Los trabajadores de hoy tenemos que luchar también contra la destrucción de todos los mecanismos que fomentan la igualdad de oportunidades o que nivelan las diferencias (inevitables) que surgen por el nacimiento en un nivel social o en otro.

Esto incluye, por ejemplo, el desprestigio de los impuestos como redistribuidores de la renta y, por lo tanto, igualadores del acceso a unos servicios públicos de la misma calidad para ricos y para pobres. Así como de los mecanismo de “discriminación positiva” que el Estado pone en práctica para ayudar a colectivos desfavorecidos, como es el caso de alguno de nosotros, los inmigrantes.

Cada vez que se habla de “bajadas de impuestos” lo que se está diciendo es que los servicios públicos (entre otras cosas la sanidad, la educación, unos medios de comunicación públicos y veraces) sean cada vez “menos sostenibles” y que solo aquellos que nacen con posibles se los puedan permitir.

En Austria, un país del club de los llamados desarrollados, las estadísticas dicen que el nivel educativo de los padres lo heredan, con demasiada frecuencia, los hijos.

En otras palabras: el hijo de unos padres pobres, trabajadores, tiene (datos de Statistik Austria) el cincuenta por ciento menos de posibilidades de acceder a unos estudios de un nivel superior a los de sus padres que el hijo de unos padres ricos.

Una mujer leyendo

Estudiar es también “cosa de pobres”

Los trabajadores, y más los trabajadores inmigrantes, que son la mayoría de mis lectores, tenemos que luchar primero, contra el deterioro del sistema educativo y, después, contra la noción de que “estudiar no es para pobres”.

Esto incluye, de forma muy preeminente, a las mujeres y a las niñas.

Hay que fomentar activamente la destrucción de los estereotipos que condenan a las niñas a estudios subalternos y de cuidados, y que las alejan de las carreras de ciencias y de las profesiones técnicas, que son las que proporcionan independencia económica y que son claves en las posibilidades de ascenso social de una persona.

En ese sentido, Viena Directo, y no lo escondo para nada, tiene, entre sus objetivos fomentar la igualdad también en el gusto por el saber y la cultura, por la información y, sobre todo, la curiosidad, entre sus lectores (la mayoría, trabajadores y la mayoría, como su autor, inmigrantes).

Yo vengo, y me honra mucho, de unos padres trabajadores y, desde el principio, se nos inculcó tanto a mi hermano como a mí que, aparte de las condiciones materiales, lo que diferencia fundamentalmente a los ricos y a los pobres es la formación, y que un trabajador que tiene algo entre las orejas, aunque no sea rico, no tiene de qué avergonzarse.

Nuestra fuerza está en la Unión

Por último, otro de los enemigos de los trabajadores de hoy, es la noción de ese héroe neoliberal que todo se lo guisa y se lo come solo, fomentada a veces de maneras muy sutiles, a través, por ejemplo, de iconos culturales típicamente neoliberales, como la figura del “influencer”.

Se estimula la noción de que un hombre o una mujer heróicos y, sobre todo, solitarios, son capaces por sí mismos de alcanzar el éxito, de mejorar su vida, independientemente de la mejora de la vida de la comunidad.

Eso, digámoslo de una vez por todas, es falso. Y creerlo, no solo es una idiotez, sino que es muy pernicioso para la lucha de todos los demás trabajadores.

Si los trabajadores hemos conseguido algo en el último siglo y medio ha sido asociándonos para defender nuestros intereses. Nuestro poder de negociación, aunque parezca una obviedad, reside en que somos muchos.

Por eso, como dice el viejo lema: ARRIBA EL PRIMERO DE MAYO.

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