ESPECIAL: Tres meses que han cambiado el mundo

Dentro de unas horas se cumplirán tres meses del principio de la guerra de Ucrania. Tres meses que han cambiado el mundo. Tres meses que han cambiado Austria.

23 de Mayo.- Dentro de unas horas hará exactamente tres meses desde que la Federación Rusa, de manera unilateral y absolutamente contraria al derecho internacional, invadió la República de Ucrania.

Pasado el choque inicial (en la guerra, la sorpresa es fundamental) empezaron a suceder cosas y no han parado de suceder hasta hoy.

Cosas que han cambiado no solo la relación entre Rusia y el resto del mundo, sino que también han cambiado la Unión Europea y, por supuesto, también han tenido mucha influencia en Austria.

EL PRINCIPIO

Cuando el dia 24 de febrero pasado de madrugada el presidente ruso, Vladímir Putin, inició lo que la propaganda Rusia llamó y sigue llamando “operación especial” las nubes negras venían amontonándose en el horizonte desde, por lo menos, finales de 2021. Los intentos de mediación, por ejemplo del presidente francés, Enmanuel Macron, tuvieron nulo éxito.

El ataque por varios frentes, sobre todo desde el este y desde el norte, a través de la frontera de Bielorrusia, un estado títere de Moscú, tenía como propósito claro una guerra relámpago que permitiese al Kremlin presentar una política de hechos consumados. El objetivo primero era, evidentemente, tomar Kiev y neutralizar al Gobierno Selenski, de la manera más rápida posible. Idealmente, dividir el país en dos, creando un estado fallido o tomar Ucrania entera en cuestión de una semana o diez días a lo sumo, aprovechando una supuesta simpatía de la población civil.

Pronto, los sueños de victoria del Kremlin quedaron empantanados en una guerra que, hoy por hoy, está lejísimos de ser el conflicto relámpago que al Kremlin le hubiera gustado y se ha transformado en una guerra de desgaste en la que el Ejército invasor ha perdido, según todos los indicios, más hombres que en los nueve años que duró la guerra de Afganistán.

LAS SANCIONES

Después de la invasión y las oleadas de condena de todos los países democráticos del mundo (pronto se vio muy claro que la Federación Rusa solo contaba con amigos muy poco recomendables) fue cuestión de horas que se aprobasen sucesivos paquetes de sanciones de una dureza sin precedentes y, en todo caso, acorde con la tropelía cometida por el Ejército ruso.

Eran (son) sanciones destinadas a funcionar en el medio plazo. Las mismas autoridades financieras rusas, la jefa de su banco central, por ejemplo, ya han alertado de que la economía rusa se enfrentará, en la segunda mitad del 2022 a una recesión igual de brutal que la que sacudió a los países del antiguo bloque comunista después de la caída del muro de Berlín.

La Federación Rusa es, hoy por hoy, un país aislado no solo políticamente, sin acceso a tecnología ni a piezas de repuesto. Sus empresas aéreas ya han destinado parte de su flota para desguace. Las empresas occidentales se han ido marchando de la mejor manera que han podido (en general, de la peor, malvendiendo muchas veces sus negocios en suelo ruso).

Contra la Federación Rusa se han aplicado medidas sin precedentes. La más dura, quizá, ha sido la práctica desconexión del sistema financiero ruso de las finanzas mundiales y de las cadenas de exportación-importación.

Las principales navieras hace meses que renunciaron a atracar en puertos rusos y las empresas europeas se someten al riesgo de sanciones muy contundentes en el caso de que comercien con empresas rusas.

Austria, a pesar de su neutralidad bélica, anclada en su constitución, ha participado en estas sanciones en tanto que país miembro de la Unión Europea y, aún hoy, y desde hace dos semanas, participa en la negociación más espinosa de todas las llevadas a cabo hasta el momento: la que supondrá probablemente el embargo del petróleo ruso.

LA GUERRA PARALELA: LA GUERRA ECONÓMICA

Este, el de la energía, ha sido el único en el que los europeos no han podido, hasta el momento, dar más batalla que la de las palabras.

La Unión Europea, especialmente su zona este, es muy dependiente del petróleo pero, sobre todo, del gas ruso.

La Unión lo sabe y la Federación Rusa, también. De momento, los movimientos del Kremlin en este sentido han estado entre el cálculo y la propaganda más burda.

Mediante cortes de suministro selectivos, la Federación Rusa ha conseguido aumentar el precio del gas en los mercados internacionales para intentar mantener funcionando su maquinaria de guerra. Una maquinaria de guerra que, aunque lastrada por un ejército torpe, anquilosado y mal entrenado, es carísima.

Por otro lado, también fue famosa la bravuconada de la supuesta obligación de pagar en rublos las importaciones de gas, utilizando el famoso subterfugio de abrir una cuenta en el banco Gazprom.

Según parece, sin embargo, al Kremlin podría quedarle poco tiempo para tener la sartén por el mango. La Unión Europea quiere deshacerse de Rusia como proveedor de aquí al año 2030. Una eternidad en términos de esta guerra (!Quién sabe lo que puede pasar de aquí a 2030!) pero sin duda una buena noticia para el clima.

Solamente con que la guerra de Ucrania haya acelerado el proceso de descarbonización de la economía y la inversión -que ya estaba programada en los fondos “Next generation”- en energías renovables, todo este horror habrá valido para algo.

¿Cómo se lleva la cuestión en Austria? Pues con la lógica preocupación.

La actitud del Gobierno, por lo menos de puertas para afuera, parece ser prepararse para lo peor pero esperar lo mejor.

Se ha anunciado la constitución de una reserva estratégica de gas y se llenan a toda prisa todas las capacidades de almacenamiento disponibles, pensando sobre todo en el próximo invierno que deberá venir (si Dios quiere y a ningún loco le da por apretar ningún botón).

EN AQUEL MOMENTO PARECÍA UNA BUENA IDEA

No todo han sido movimientos positivos y de futuro en estos tres meses. Algunos cambios que se han producido en la Unión Europea, si bien guiados por las buenas intenciones, no han sido para bien. De momento, la Unión Europea ha decidido mejorar su capacidad de defensa y eso implica mayor inversión en armamento. Suecia y Finlandia, dos países que eran hasta hace quince días neutrales, han pedido ya su ingreso en la OTAN. La neutralidad de Austria también ha entrado en discusión ¿Qué porvenir tiene un país pequeño como este, si hay algún otro páis más grande y de ansias imperialistas más voraces?

Otra decisión polémica y, después de tres meses, innecesaria, fue la de prohibir en el espacio de la Unión las emisiones de los dos altavoces de la propaganda del Kremlin: Russia Today y Sputnik.

Las dos cadenas financiadas por el Gobierno ruso tienen una línea de extrema derecha para los países del este y una línea de extrema izquierda para los países del sur de Europa y, sobre todo, Latinoamérica, en donde el antiamericanismo reinante de forma ancestral es utilizado por el Kremlin para resucitar la vieja retórica de bloques.

En la Unión, en cualquier caso, la influencia de RT y de Sputnik es prácticamente nula. De hecho, su calidad es tan mala que hay que tener muy poco entre las orejas para darle algún crédito a sus reportajes inflados o sus titulares diseñados para el clickbait más grosero.

Muchos han visto en esta prohibición un precedente peligroso. Quizá, apoyándose en él, algún Gobierno, por ejemplo alguno tan poco respetuoso con las libertades como el Gobierno húngaro, pueda decidir ahogar a la oposición.

Austria, en estos meses, también ha tenido su cuota de “actos raros”. Por ejemplo, el famoso viaje a Moscú del canciller Nehammer para intentar convencer a Vladímir Putin de que depusiera las armas.

Fue un viaje que nadie, ni dentro ni fuera, terminó de comprender y que es probable que le proporcionase al Kremlin un extra innecesario de propaganda.

SERVIDOR DEL PUEBLO

La guerra ha agigantado la figura de Volodimir Zelenski, el presidente de Ucrania. Sin lugar a dudas, él es uno de los activos fundamentales de la defensa de aquella República. Su actividad es incansable. Su capacidad de multiplicarse, particularmente en los primeros días de la invasión, lindaba con lo milagroso. Un discurso detrás de otro, removiendo cielo y tierra, allegando recursos, buscando ayuda, emocionando a todo aquel que le escuchaba, convenciendo. Sin duda, Volodimir Zelenski es una de las figuras más grandes de nuestro tiempo. Muy parecido, si bien se mira, al personaje que interpretó en la ficción, el del catedrático de instituto de la telecomedia Servidor del Pueblo.

Un pueblo que, sobre todo en los primeros días de la güerra, ha tenido que abandonar sus casas a toda prisa y con lo puesto.

En el espacio de un mes cuatro millones de personas, en su mayoría mujeres y niños, abandonaron Ucrania. Dos tercios de los niños, por ejemplo. La mayoría del flujo de desplazados se concentró en Polonia, pero a Austria, por ejemplo, llegaron unas cincuentamil personas.

La Unión Europea les abrió sus puertas y desde el principio se aplicaron medidas legales para garantizarle a los desplazados un acceso lo más rápido posible al mercado laboral y al sistema escolar.

Entre tanto, muchos han vuelto, incapaces de enfrentarse a la barrera del idioma o porque han considerado que la guerra no es tan peligrosa en sus zonas de origen.

ESTO NO ES EL FINAL

En conjunto, la guerra le ha salido de momento bastante cara a la Federación Rusa. En general, Rusia es hoy por hoy un país más aislado que hace tres meses, su economía es más precaria (ya lo era mucho y solo se salvaba de ser una potencia regional de segundo orden por los cuantiosos ingresos de las exportaciones de crudos) y su ejército, si bien amplio, ha dejado de ser temible. Ante el mundo han quedado expuestas sus flaquezas, sus problemas de suministro, sus dificultades logísticas y, en general, lo anticuado de sus tácticas.

¿Ha perdido la guerra? Militarmente todavía no, pero moralmente indudablemente sí. Y eso se ve en el aspecto del propio Vladímir Putin, cada vez más desmejorado a pesar de su aparente impasibilidad.

Hoy por hoy, como si los rusos hubieran decidido dividir un problema grande en otros más pequeños, la guerra se concentra en la parte este de Ucrania y la Federación Rusa parece controlar la parte limítrofe con rusa, marcada por lo que ha sido la batalla por Mariúpol.

El mundo se enfrenta a un nuevo estadio. Los pesimistas dicen que esto es el ensayo de la tercera guerra mundial. Solo el tiempo lo dirá.

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