Romy Schneider, 40 años de la muerte de una mujer libre (1)

Dentro de cinco días hará cuarenta años de la muerte de Romy Schneider. Una mujer tan hermosa como desgraciada y hambrienta de amor. Esta es su historia.

23 de Mayo.- No se sabe cuándo empieza la historia de cada ser humano. En el escueto perfil de Wikipedia un oscuro personaje del siglo XIX, Adolf Retty, creo reconocer una cierta sentimentalidad característica, quién sabe si un rasgo familiar de la que sería su descendiente.

Y es que uno de los testículos de Adolf Retty, profesor de instituto nacido en Königsberg, Alemania, que colgó la tiza para dedicarse a la farándula, produjo el espermatozoide que dio lugar, tras pasar por las consabidas fases de mórula, gástrula y blástula, a Rudolf Retty, nacido en Lübeck, en Alemania, a mediados del siglo XIX. El segundo Retty fue también actor, mucho más famoso que su padre.

Rudolf Retty, obviamente, también tuvo testículos y, durante su etapa de fertilidad, logró combinar el ADN de uno de sus espermatozoides con el ADN del óvulo de una mujer de la que no se sabe el nombre.

Rosa Albach-Retty, abuela de Romy Schneider (foto: Wikipedia)

La combinación dio lugar a una de las actrices de teatro austriacas más famosas del siglo XIX y de principios del siglo XX, Rosa Albach-Retty. Es en este momento en donde quizá empiece de verdad la biografía de nuestra protagonista de hoy, y también sus problemas, porque es durante la vida de Rosa Albach- Retty cuando el, hasta el momento acartonado linaje de los Retty, presidido por esa obsesión prusiana por la corrección que, en no pocas ocasiones, enmascara la locura pura y simple, se topa con el nazismo.

Tanto Rosa Albach-Retty, como su hijo Wolf Retty y su nuera, la también cómica Magda Schneider, son entusiastas de la pureza racial y, en cuanto pueden, muchísimo antes incluso de que la cosa sea legal, se alistan en el partido nazi.

Es en este punto en donde la memoria de tantos escenarios y tablados, de tantas noches de estreno, oculta en las células de un bebé que nacerá el 23 de Septiembre de 1938 se contamina de fantasmas que invadirán los sueños de la mujer adulta en la que terminará convirtiéndose la tataranieta de aquel oscuro catedrático de instituto con el que empezábamos nuestro recuento.

Rosa María Magdalena Albach, a la que el mundo conocerá más tarde como Romy Schneider, gozó de una fama que ninguno de sus ascendientes pudo ni siquiera soñar, desde el momento de venir al mundo. Y pronto, muy pronto, aprendió el precio que había que pagar por ella. No se libró ni siquiera de las invectivas de sus familiares. Su misma abuela, Rosa Albach-Retty, a la que Romy sobrevivió solo dos años, cuando los periodistas le preguntaron qué le parecía su nieta como actriz, comentó despectivamente:

-Mi nieta no es actriz, solo ha hecho películas.

Sin todo este magma, sin esta memoria familiar, sin esta nube de palabras nunca dichas, de sobreentendidos dolorosos, de la disciplina que solo el teatro impone, esa disciplina que enseña a mostrarle al público solo la cara mejor, la mujer Romy Schneider y su trágico final, no es comprensible.

Nacimiento e infancia

Romy Schneider vino al mundo en Viena, en septiembre de 1938, en el hospital que lleva hoy en día el nombre de otro personaje trágico, el príncipe Rodolfo de Habsburgo, pero que entonces se llamaba Billrothkrankenhaus.

Sus padres eran el ya mencionado Wolf Albach-Retty, un galán especializado en comedias intrascendentes y Magda Schneider, una actriz pizpireta y rellenita que hizo todas las secretarias del cine alemán de entretenimiento de entreguerras. Los dos, como ya queda dicho, creyentes acérrimos en las bondades de mantener la “raza ária” lejos de supuestas impurezas.

Cuatro semanas después de su nacimiento, sus padres, envueltos en la sacrificada vida de los cómicos “aparcaron” a la criatura en casa de sus abuelos en Schönau am Königsee, en la Alta Baviera. En esta etapa de su vida, la niña estuvo al cuidado de una institutriz, hasta que, en 1944, poco después de la separación de sus padres, tuvo edad de ir al colegio. Hasta 1953, la jovencita estuvo interna en un colegio, en donde aprender no aprendió mucho, pero en donde divertía a las monjitas que le daban clase de teatro. Terminada la matura, su madre, que ya se había prometido con el que sería el tirano de Romy durante muchos años, el empresario hostelero Hans Herbert Blatzheim, la sacó del internado y la puso a trabajar en el cine.

Romy Schneider con su madre Magda (foto: Wikipedia)

Su primera película se llamó “Cuando vuelvan a florecer las lilas blancas” y fue Magda Schneider la que sugirió el nombre de su hija, aún aduciendo que no tenía ni el talento ni la inclinación por el oficio que el resto de los Retty llevaban en la masa de la sangre desde aquel remoto espermatozoide aportado por Adolf Retty, el tatarabuelo (Magda Schneider era hija de un fontanero sin aficiones previas a la farándula).

En septiembre de 1953, Romy Schneider hizo sus primeras pruebas de cámara en los estudios de la UFA, en Berlín, los mismos en los que algo más de veinte años antes, Marlene Dietrich había rodado El Ángel Azul.

Aquellas pruebas sellaron su destino por el resto de su vida. Rosa, una adolescente de catorce años, murió súbitamente y Romy Schneider, la actriz de cine de los ojos dulces, ocupó su lugar.

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