Laura Sachslener publica un polémico tweet

La secretaria general del Partido Popular austriaco, Laura Sachslener, ha publicado un tweet que muchos han calificado de racista y discriminador. Ella, no se arrepiente. Este es el porqué.

7 de Junio.- En todos los países de la Europa occidental se está dando un fenómeno parecido al que ya se dio en Austria durante la primera década de este siglo. De hecho, Austria fue un laboratorio de lo que ha terminado por ser el ascenso de la extrema derecha.

El fenómeno es complejo y explicable por varias causas: en primer lugar, el desencanto con la clase política y con él, el desprestigio de la democracia.

¿Está ese desencanto justificado? En la medida en que los políticos están dejando progresivamente de poder ofrecer lo que la gente quiere, o sea, seguridad y un razonable optimismo ante el futuro, sí. Otra pregunta es, naturalmente, si es culpa de los políticos (solamente) no poder hacer esas cosas. Yo creo que no, personalmente.

Otra causa es el desequilibrio de los sistemas democráticos tal cual funcionaban durante la pax americana que sucedió a la segunda guerra mundial.

Esas democracias estables estaban basadas en dos patas: un partido de centro izquierda (generalmente la antigua socialdemocracia) y un partido de derecha moderada. El talón de Aquiles de estos últimos era la religión católica. Con la pérdida acelerada de importancia de la Iglesia católica como instancia moral influyente en la vida pública, las fuerzas conservadoras fueron perdiendo gas y gancho hasta quedar, como sucedió en Austria, sumidas en la irrelevancia.

Por último, y como ya sucedió en el periodo de entreguerras, la creciente complejidad del mundo debida a la tecnología que está empezando a dinamitar las condiciones de trabajo y, con ellas, las conquistas sociales y con ellas el contrato social, están haciendo que muchos ciudadanos entren en pánico y se agarren a lo que la extrema derecha ofrece: a un mundo ordenado en blancos y negros, sin matices.

Un mundo falso, sobra decirlo, pero tranquilizador.

Lo curioso de las nuevas ideologías de extrema derecha es que, como sucedía con el nacionalsocialismo, se revisten de una supuesta progresía. Lo hemos visto, por ejemplo, con el caso de los antivacunas. Desde fuera, todos veíamos que eran ultraderechistas de libro (que eran, y que son) pero ellos, desde dentro, se consideraban personas de izquierda e, incluso, en el colmo de la voltereta ideológica, incluso izquierdistas radicales.

La pandemia alumbró el nacimiento de los “rojipardos”.

La prueba del nueve ha sido cuando, al bajar la pandemia y quedarse sin aire el movimiento antivacunas toda la corriente anticiencia, la que lloraba por un mundo que ha desaparecido para siempre para no volver, se ha pasado en masa a la facción prorrusa de la guerra de Ucrania. O sea, a apoyar a un estado autoritario, ultranacionalista y ultraimperialista pero que ofrece el atractivo, para los ultraderechistas “autoconscientes”, de ofrecer una fachada ideológica plena de valores extremos (antifeminismo, antihomosexualidad, inserción de la religión en el Estado…) y para los ultraderechistas “rojipardos” una identificación (sorprendente) con lo que fue la Unión Soviética.

Me he extendido tanto en estas explicaciones previas porque creo que sin ellas no se entiende lo que voy a contar ahora. Una noticia que puede parecer anecdótica pero que, como todas las que cuento en este blog, creo que ayudan a entender la realidad austriaca.

EL CASO DE LA SECRETARIA DE ESTADO

Ante el auge imparable de la extrema derecha, a la derecha tradicional le quedaban los posibilidades. La primera, el derrotismo. Descartada esta, el tratar de recuperar a los votantes que se habían pasado a la extrema derecha.

La forma más obvia era (es) apropiarse de los temas de la ultraderecha. Por ejemplo, la inmigración.

Generalmente, se deja a los segundos espadas de cada partido la tarea de ser quienes rompan un tabú.

Se suele hacer en tres tiempos: en el primero, se lanza la bomba en una red social, procurando que lo que se diga tenga un poco de verdad para propiciar el debate pero mucha mentira que actúa como lubricante para que la bomba corra por la red (por ejemplo, en España, Isabel Díaz Ayuso ha convertido el coqueteo con la extrema derecha en una de las claves de su éxito, al alcanzar así a electores que le hacían falta para ser una candidata transversal).

En el segundo tiempo, la mentira descarada es debatida hasta la saciedad por la oposición.

En un juego diabólico, porque tratando de desactivar la bomba, lo que hace la izquierda es darle muchísima más difusión a la barbaridad de que se trate.

El tercer tiempo, muy raro, es que quien lanza la bomba sufra alguna consecuencia. Por ejemplo, la humillación pública de tener que retirarla.

Laura Sachslener es la secretaria general del Partido Popular austriaco. Basta escucharla hablar para darse cuenta de que nunca, pero nunca, nunca, nunca, se sale del argumentario que le han preparado sus asesores de comunicación. Hasta el punto de que parece que intenta hacer creer que no tiene ni una sola opinión propia.

Este fin de semana, Sachslener ha mandado un claro mensaje a los votantes de extrema derecha publicando en su cuenta de Twitter lo siguiente:

En total, se han tramitado este año 16.000 solicitudes de asilo. La mayoría de los solicitantes de asilo son de Afganistan y de Siria. Con ello, Austria sufre de los segundos mayores costes per cápita debido a solicitudes de asilo de toda la Unión Europea”.

Casi todas las instancias que trabajan con refugiados no han tardado en echársele encima, consiguiendo exactamente lo que Sachslener quería, esto es: que los votantes de extrema derecha tomen nota de que hay alguien en el Partido Popular austriaco que cree que Austria “sufre” con la llegada “masiva” de personas que son, en su mayoría “afganos y sirios”.

Los compañeros de coalición, los Verdes, han mostrado también su indignación ante un Tweet que califican de racista y discriminador. En Alemania, Twitter ha ocultado el texto de Sachslener por considerar que no se ajusta a la legislación alemana antidiscriminación.

Sachslener no se ha arrepentido de sus palabras y no las retiraría. Considera que tiene razón (de nuevo las señales a los ultras) porque Austria, según ella, “sufre”. Sufre su “estado social” (el cual, se sobreentiende, no se ocupa de los austriacos pata negra), sufre “la seguridad” porque aumenta la delincuencia. Sufre.

Sachslener también ha dicho en otro Tweet posterior que la mayoría de los sirios y los afganos, a diferencia de los ucranios son “emigrantes económicos”.

Los datos, como no podría ser de otra forma, lo desmienten. Este año algo más de 4200 afganos solicitaron asilo y 3900 sirios. En una mayoría de los casos, se consideró que su vulnerabilidad y la peligrosidad de su situación les hacía dignos de protección. Por lo tanto, que su emigración no estaba motivada por el hambre (bajo los “motivos económicos” se suele esconder esta terrible realidad).

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