No: este calor no es normal en Austria

Mañana será el día más caluroso del año en Austria. Y no. No es normal. La emergencia climática también afecta a la salud de las personas. Así.

18 de Junio.- Empiezo a escribir este artículo a eso de las 22:30. La noche ha caido sobre Austria. Tengo la suerte de vivir en una casa con jardín, de manera que el frescor de la hierba y de las plantas entra por las ventanas, lo mismo que el canto sedante de los grillos. Hoy, en la zona del país en la que vivo ha hecho (todavía) una temperatura razonable, pero mañana domingo, si todo sale como va, se alcanzarán en Austria temperaturas impropias de estas alturas del año.

No llegaremos, por supuesto, a las achicharrantes cotas del sur de Europa, pero para Austria no va a estar mal (vamos, va a estar fatal). Alcanzaremos los 36 grados de temperatura. Mucho para junio.

El cambio climático ya está cogiendo velocidad y, dada la inacción de los políticos y dada la inacción también de la mayoría de nosotros, que podríamos mitigar por lo menos sus efectos por la parte que nos toca, no parece que se vaya a atajar.

La gente piensa en el cambio climático como en un fenómeno abstracto que, con un poco de mala suerte, sufrirán nuestros nietos, pero ya lo estamos sufriendo nosotros. En 2022.

También como algo que sucede en lugares lejanos, como por ejemplo, el cuerno de África (pobres) sin embargo la emergencia climática ya ha llegado a Austria.

Al hilo de esto, cuando me topo con algún incrédulo, yo siempre cuento la misma (terrible) anécdota.

En la Ringstrasse de Viena, o sea, aquí al ladito, han tenido que cambiar los árboles porque los originales, tilos, se morían porque no soportaban los nuevos veranos austriacos. Largos (mucho más largos que antes), secos y sobre todo, calurosos.

Pero también el cambio climático afecta a la salud de las personas y sus consecuencias no son anecdóticas.

Tomo aquí prestadas las ideas de un artículo de hoy de la edición digital del Der Standard

Wie sich der Klimawandel auf die Gesundheit auswirkt – Gesundheit – derStandard.at › Gesundheit

Así afecta el cambio climático (en Austria) a la salud humana.

Una abeja en una flor

-Alergias: los alérgicos se van a tener que acostumbrar a sufrir más y por más tiempo. El cambio climático está haciendo que las plantas se pongan a producir polen 20 días antes de lo que lo hacían en 2002. Eso, en términos del clima, es ayer por la tarde. Pero no solo eso, los inviernos más cálidos están haciendo que las plantas, en el colmo de la locura, no sepan ya diferenciar y se pongan a producir polen en noviembre. Recordarán mis lectores que hace unos años hubo un brote de alergias al polen mientras estaban abriendo los mercadillos navideños.

Bañista en la isla del Danubio

-Olas de calor: los días de calor (o sea, cuando se superan los treinta grados) empiezan cada vez antes. Este año, en mayo. Las olas de calor son sobre todo peligrosas para los niños y para las personas mayores porque con la edad se pierde capacidad de sudoración y no se puede regular la temperatura. Los jóvenes, sin embargo, también sufren por el calor. Por ejemplo, al no poder descansar en condiciones.

Garrapatas e insectos: si bien el cambio climático está provocando la extinción de muchos bichos, también es verdad que la subida generalizada de las temperaturas medias está haciendo que se propaguen otras especies que no quisiéramos ver por aquí, como mosquitos tropicales y subtropicales que transmiten enfermedades.

Aquí los medios para luchar contra las consecuencias del cambio climático son limitados. Por ejemplo, las vacunas (la gente inteligente se las pone, los cenutrios dicen que “no creen en ellas”).

-Enfermedades mentales: cuando los fenómenos extremos se vuelven más frecuentes y sus consecuencias más terribles (inundaciones, lenguas de barro que se tragan pueblos enteros, incendios forestales como los que asolan España todos los veranos) también los seres humanos enferman de ansiedad y de tristeza. Por perder sus posesiones y tener que empezar de nuevo o por miedo a perderlas.

El cambio climático, palpable, se ha convertido en una preocupación para muchísimas personas que temen no solo por el medio ambiente, sino por la pérdida de sus puestos de trabajo y de sus profesiones (por ejemplo, en las estaciones de esquí austriacas).

Como siempre, al final, cabe preguntarse si de verdad nos merece la pena lo que le estamos haciendo a la tierra.

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