Entre el escándalo y el espanto

Austria ha emitido el año pasado la misma cantidad de toneladas de dióxido de carbono que en 1990. Los científicos se debaten entre el escándalo y el terror.

8 de Julio.- Hoy, como siempre hago mientras ceno, he estado viendo las noticias de la cadena pública austriaca, la ORF.

Llegado un momento, me he distraido, pero de la distracción me ha sacado un pobre señor que, colorado como un tomate, sudoroso, parecía rogarnos a los telespectadores. Era Gottfried Kirchengast, uno de los científicos que componen el equipo de la Universidad de Graz que estudia el cambio climático.

El pobre explicaba lo que ya no se le oculta a nadie: o sea, que si no hacemos algo y lo hacemos muy rápidamente, vamos hacia una catástrofe segura.

Desencajado, ha dado la cifra de varios miles de millones que le costará a Austria todos los años no hacer nada.

Y, antes de que alguien le corte llamándole catastrofista, ha dicho algo más: que esto no es nuevo, que ya desde 2010 los científicos vienen avisando por activa y por pasiva que los efectos del cambio climático en Austria van a ser (están siendo ya) particularmente agresivos.

Por ejemplo, en la cumbre del Sonnblick, en Salzburgo, en esta época del año hay de media dos metros y medio de nieve. Se llevan haciendo mediciones desde 1938, o sea, desde hace casi un siglo.

Por primera vez desde que se tiene noticia este año, a estas alturas, no hay nada de nieve en el Sonnblick.

Por no hablar del retroceso de los glaciares. A finales de siglo, los glaciares, que son un elemento fundamental para regular el clima, sobre todo en las zonas de alta montaña, no van a existir.

El lago Neusiedl, en Burgenland, está secándose rápidamente, debido al descenso de las aguas subterráneas y de la ausencia de lluvias.

Y ya no es cosa de modelos y de predicciones –siempre hay algún cabestr...Digooo algún lector incrédulo que me sale con esas- son cosas que están pasando ya.

Podría seguir enumerando indicios, pero para qué cansarnos todos hablando de lo evidente. Cualquiera que haya vivido aquí, como yo lo he hecho, puede saber cómo eran los inviernos antes y cómo son ahora.

Y con antes hablo de hace quince años.

La aparición del científico climatólogo venía a cuento porque, después de la pausa que le hemos dado a la tarea incansable de ciscarnos en el clima durante la pandemia, Austria ha vuelto a emitir el año pasado el mismo número de toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera que en 1990, o sea, la espantosa cantidad de 78,4 millones de toneladas. Si Austria quiere ser neutral con respecto al clima -o sea, no emitir gases de efecto invernadero- en 2040 (así lo ha acordado la Unión Europea).

Si la cosa sigue así, como dijo el castizo, la cosa será imposible no, lo siguiente.

De aquí a 2030. O sea, mañana por la tarde como aquel que dice, Austria va a tener que dejar de emitir la mitad del dióxido de carbono que emite. O sea, todos nosotros.

Kirchengast aboga por una drástica reducción de la velocidad máxima en las autopistas -lo ideal sería que mandásemos por fin el coche a hacer puñetas allá donde se puede y creásemos una red de transportes públicos decente, sobre todo en las zonas más camperas de Austria- .

También habla de las calefacciones. Su divisa es clara. Literalmente “verbrauch die Hälfte” o sea, usa la mitad.

Kirchengast piensa que con la situación actual -la guerra y sus consecuencias sobre el mercado de la energía- quizá haya una oportunidad de que a la gente le entre en la cabeza de una repajolera vez que no podemos seguir llevando el estilo de vida que llevamos.

No tenemos tiempo. El reloj corre muy deprisa y las consecuencias sobre nuestra vida y sobre las próximas generaciones van a ser catastróficas si no hacemos nada.

Y ya, puede que sea demasiado tarde.

 

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