En Viena los pobres enferman antes

Es una idea intuitiva que los pobres viven menos. En Viena, también. La Academia Austriaca de las ciencias lo ha demostrado científicamente.

15 de Julio.- Viena es uno de esos sitios del planeta en donde todavía merece la pena vivir. Aunque no tenemos playas arenosas, tenemos las Wiener Linien, y los frondosos bosques con sus blandas hojas, y los cantarines arroyuelos. Tenemos la suerte de que -toquemos madera- podemos vivir seguros y caminar por la calle sin miedo a que nos den un susto. Y si nos duele una muela, o nos sale un juanete o necesitamos vacunarnos contra un virus insidioso, no tenemos más que ir al médico y asunto solucionado.

Sin embargo, como es natural, Viena no es el paraíso perfecto. Las diferencias entre ricos y pobres se ven en un aspecto que a todos nos importa: la salud.

La revista médica BMJ Open ha publicado un estudio que demuestra que, incluso en Viena, ser pobre puede ser perjudicial para la salud.

Según los galenos, las vienesas de barrios ricos sufren su primer infarto a los 70 mientras que a las de los barrios pobres se les rompe el corazón de tanto usarlo a los 64.

En los hombres también se nota esta diferencia. Aquellos que habitan en lugares en donde los ingresos son más reducidos sufren su primer infarto como media a los 57, en tanto que los que se pueden permitir más lujo y esplendor se infartan a los 60.

Todos sabemos lo que hay que hacer para no sufrir enfermedades cardiovasculares: comer bien (o, como dice el simpar Julio Basulto, tratar de no comer mal), olvidarse de la vida sedentaria y mover el “moneymaker” y llevar un estilo de vida saludable (o sea, no fumar, no beber alcohol, etc).

Así pues, es fácil saber por qué los pobres se ponen enfermos antes y, en general, tienen peor salud.

Comer bien cuesta caro. En Austria y en todas partes. La comida barata es, generalmente, la carne -que deberíamos todos reducir- y la comida ultraprocesada que, con frecuencia, es vista por estos ciudadanos de ingresos más modestos como una señal de estatus.

Los pobres piensan que si comen lo que en “Dos hombres y medio” (o sea, Pizzas, hamburguesas, cereales de desayuno y porquerías similares) y beben cosas con cantidades demenciales de azúcar, están comiendo “como los ricos”. Cuando en realidad los ricos se alimentan si no de puerros (es un decir) sí de sabrosas verduras. En Austria, es impepinable: si ves a alguien gordo por la calle, casi seguro que es pobre.

Asimismo, hacer ejercicio, sobre todo en invierno, es caro. Por no hablar de que comer bien es, en no poca medida, una cuestión de nivel educativo. Lo defectuoso del funcionamiento del ascensor social en Austria (los hijos heredan, casi indefectiblemente, el nivel de formación de los padres) hace que no exista el sustrato suficiente para cambiar ciertas inercias. Por cierto, este mismo fenómeno se dio también en la vacunación. Las personas antivacunas o sin vacunar eran mayoritariamente personas de bajo nivel educativo.

Sin embargo, no todo es culpa de las personas afectadas. Los pobres suelen vivir en barrios con peores infraestructuras médicas (menos doctores por cada mil habitantes). Con lo cual, si se les taponan las coronarias, tienen menos oportunidades de recibir atención.

Aunque pueda parecer mentira, a nadie se le había ocurrido antes cruzar las estadísticas médicas con las estadísticas de sueldos.

La idea es mérito de la Academia Austriaca de las Ciencias, que ha utilizado las estadísticas del AKH -el hospital general de Viena- y las estadísticas de salarios, para dividir los distritos vieneses en tres categorías de ingresos.

Socioeconomic environment and survival in patients after ST-segment elevation myocardial infarction (STEMI): a longitudinal study for the City of Vienna | BMJ Open

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