Pandemia y economía: los frentes abiertos del Gobierno austriaco

A pesar de que hay pocas razones objetivas para la preocupación, en Austria reina una calma tensa y se tiene la sensación de fin de ciclo. Estos son los frentes abiertos.

24 de Julio.- Mientras Austria se cuece a fuego lento, en este verano, anticipo de los que vendrán, reina en el país una calma tensa.

La Unión Europa se prepara para un otoño que, probablemente, pondrá a prueba muchos de sus mecanismos, de una manera mucho más dura que durante la pandemia.

Se da la circunstancia de que, a diferencia de lo que sucede en Rusia, en donde las condiciones económicas empeoran por momentos ( la economía rusa ha entrado en recesión y terminará el año con un retroceso del 7% de su Producto Interior Bruto) en la Unión Europea reinan unos pronósticos si no brillantes, sí por lo menos halagüeños.

Austria, si todo sale según lo previsto, crecerá este año un tres por ciento.

El desánimo, la sensación de fin de ciclo, viene de otros sitios.

Más en concreto de la política.

El Gobierno de coalición está en horas muy bajas de popularidad. Si hoy hubiera elecciones, es bastante probable que el Partido Popular austriaco post Kurz fuera la tercera fuerza política.

Como siempre sucede en tiempos de escasez (y la popularidad, en este momento, es un bien escaso dentro de las filas de los conservadores austriacos) florecen las luchas intestinas.

Varias personalidades con mucho peso dentro del ÖVP tratan de salvar los muebles a nivel regional, proponiendo “paquetes anti-inflación” a nivel regional que, si bien es probable que sean antídotos a corto plazo contra la anemia en las encuestas, amenazan por echar más leña al fuego (no hay peor remedio contra la inflación que poner más dinero en circulación a base de subsidios).

En los pasillos del poder austriacos se tiene la sensación de que el Partido en el Gobierno ha perdido la iniciativa en muchos temas.

Además, está el relevo en la Presidencia de la República.

Todo el mundo asume que, el día 9 de Octubre, Alexander van der Bellen no tendrá ningún problema para vencer en las urnas al dúo de candidatos de extrema derecha populista que se le enfrentarán. Sin embargo, también estábamos todos convencidos de que una persona con un currículum tan maloliente como el de Donald Trump nunca podría llegar a Presidente de los Estados Unidos.

Van der Bellen está aprovechando el verano para intentar deshacerse de parte de la imagen paternal que es lo que más nos gusta de él a las personas normales. Esa certeza de saber que, mientras Van der Bellen esté, no nos puede pasar nada malo. Siendo ese nada malo que haya una persona como Kickl en las cercanías de un puesto con poder.

Y luego está la pandemia.

El coronavirus está relativamente aletargado, pero todos sabemos que va a despertarse de un momento a otro.

De momento, una nueva variante, llamada Centaurus, ha sido detectada ya en las aguas residuales de Salzburgo.

Esta variante es, al parecer, bastante más contagiosa que las conocidas hasta ahora, y tiene potencial de infectar a los vacunados y a los que han pasado la enfermedad ya.

Mientras tanto, y como sucede todos los veranos desde que empezó la pandemia, las fuerzas económicas hacen presión.

Mañana, se celebrará una cumbre virtual entre el Gobierno Federal y los Länder (lo que en España serían los Gobiernos autonómicos) en la que se va a abordar el fin de la cuarentena obligatoria para los infectados de coronavirus.

Por un lado, se tiene la sensación de que “en algún momento habrá que hacerlo” pero por otro todos sabemos que esto disparará los contagios. El Gobierno ha preparado un borrador de normativa en el que los infectados, si se encuentran bien, podrán ir a trabajar -solo a trabajar- a todas partes si llevan mascarilla. Incluso a los restaurantes, si no comen ni beben.

Todos sabemos desde ya que ese borrador es papel mojado desde antes de que se apruebe. En un país con un cuarenta por ciento de cafres sin vacunar, en el que los negacionistas la emprenden a mordiscos con las fuerzas del orden, acorralan a los niños en los parvularios y abogan por su sacrosanto derecho a la insolidaridad y la burricie, a ver quién va a ser el guapo que convenza primero y controle despues.

Por otro lado, en un país que padece, en estos momentos, un desinflamiento progresivo de su fuerza de trabajo (desinflamiento que aumentará en los próximos años, según se vayan jubilando los que nacieron en los sesenta y empezaron a trabajar en los ochenta) la cuarentena obligatoria está haciendo que haya ramas de actividad que se enfrenten a una gran escasez de trabajadores, como el turismo.

Desde fuentes gubernamentales se recalca que la decisión aún no está tomada.

Mañana, por lo visto, se tomará.

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