La extrema derecha austriaca le echa una mano a Moscú

Herbert Kickl dio ayer una lección práctica de cómo se difunden los bulos sobre el cambio climático, en este caso para beneficiar a la monstruosa maquinaria de guerra rusa.

23 de Agosto.- Una de las características comunes a todos los timos es la de intentar aprovecharse de una singular particularidad de nuestra psicología. Esta reside en que la razón y la emoción funcionan por dos circuitos neuronales diferenciados.

Los timadores funcionan siempre intentando provocar una emoción que nos impulse a la acción lo más rápidamente posible, a ser posible sin pensar.

Por ejemplo, la ira. Por ejemplo, el miedo.

A falta de un sistema de pensamiento racional y coherente, la ideología de la ultraderecha europea basa sus diferentes frentes de batalla en la emoción.

Precisamente en las dos emociones que yo mencionaba más arriba: la ira y el miedo. Separadas o mezcladas.

Sucedió ayer durante las llamadas “conversaciones de verano”, durante las cuales la ORF entrevista a los líderes de las diferentes facciones del arco parlamentario austriaco.

Ayer, le tocaba al ultraderechista Herbert Kickl.

Dada la relativa tranquilidad con la que la gente vive en estos momentos la pandemia -que, no lo olvidemos, no ha desaparecido- Herbert Kickl puso ayer el acento en dos temas que le importan sumamente y que están vinculados.

Por un lado, el cambio climático y, por otro, las sanciones contra Rusia, con ocasión de la criminal invasión de un país pacífico, Ucrania. Invasión que se ceba, principalmente, sobre la población civil indefensa.

Los dos temas están muy vinculados porque las sanciones de la comunidad internacional se centran en la industria rusa de los combustibles fósiles, principales causantes del cambio climático.

A estas alturas, a cualquiera que intente negar el cambio climático se le cae la cara de vergüenza. Por eso, el negacionismo ha dado un sutil cambio a su estrategia, basado en en decir que “nada de lo que hagamos”, incluyendo consumir menos combustibles fósiles, parará un cambio climático que, de todas maneras “es un proceso natural”.

Kickl, representante de un partido que ha sido financiado durante años desde Moscú, intenta romper por todos los medios el consenso de la parte más decente de la política austriaca, y convencernos a todos de que a) las sanciones son inútiles y b) de que dejar de consumir combustibles fósiles, causantes del cambio climático, es básicamente una estupidez.

Su interés, es claro: la industria de los carburantes es la principal fuente de financiación de la monstruosa maquinaria de guerra rusa.

Moscú quiere una Europa que siga dependiendo del consumo de productos dañinos para el clima, no solo por lo que supone para sus arcas públicas, sino también por lo que una Europa rehén de la industria petrolera de Moscú tiene de vulnerable y de dependiente frente a cualquier presión.

A Moscú no le interesa pues, lo más mínimo, que Europa inicie (aunque sea tan tímidamente como lo esté haciendo) la revolución verde que se puso al frente de los fondos Next Generation -los fondos de la Unión destinados a financiar la reconstrucción económica del continente después de la pandemia-.

En las Sommergespräche de ayer, Kickl dijo que el cambio a las energías renovables sería “increiblemente caro” (es más caro no hacer nada, como demuestran ya decenas de estudios, las recientes trombas de agua de estos días pasados han causado daños y muertes por valor de varios millones de Euros) y “no funcionan” (por supuesto, “no funcionan” para financiar la maquinaria de guerra de Moscú). También dijo que “No podemos salvar el clima” (media verdad: podemos mitigar los efectos del cambio climático). También dijo que el clima está “en contínuo cambio” (verdad: pero no en cincuenta años, sino a lo largo de cientos o incluso miles de años).

Defendió la obtención de gas por medios tan peligrosos (y prohibidos afortunadamente en la Unión) como el fracking y amenazó con “oscuridad en Austria y en Europa”.

La extrema derecha europea, en estos y otros temas (como la pandemia) tratan de utilizar como combustible el miedo de una parte de la población que no cuenta con los medios intelectuales necesarios para entender los retos a los que se está enfrentando, no solo el continente, sino todo el resto de la Humanidad.

Personas que frefieren escuchar las voces derrotistas que les dicen que todos los esfuerzos son inútiles, o bien que, en realidad, no pasa nada.

Un comentario en «La extrema derecha austriaca le echa una mano a Moscú»

  • el agosto 23, 2022 a las 10:41 am
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    Hola!
    He encontrado una errata:

    Personas que “frefieren” escuchar

    Un saludo y gracias por el artículo
    Arantza

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