El Gobierno austriaco se gasta un cuarto de millón de euros en una campaña contra el efecto llamada

Cada vez que las encuestas son desfavorables al Partido Popular austriaco, más tarde o más temprano, la política migratoria sale a relucir.

25 de Agosto.- Hace dos días, el martes por la tarde, el Ministro del Interior de Esta Pequeña República, Sr. Karner, fue invitado al telediario de máxima audiencia de la tele pública austriaca, el Zeit mi Bild, para hablar a propósito de la política de migratoria del Gobierno austriaco.

Es un tema socorrido, que tanto la derecha como la ultraderecha saben que puntúa en un determinado sector de la población (esos lectores del Kronen Zeitung, próximos ya o inmersos en la tercera edad, que ven el mundo como una imagen dibujada a brochazos muy, muy gordos).

Cuando las encuestas andan decaídas o el Gobierno siente que necesita reencontrarse con su electorado y demostrar esa “mano dura” y esa pasión por cierto concepto del “orden”, es bastante probable que la derecha austriaca saque a colación a los migrantes y a las “migrantas”.

Las encuestas le dan al Partido Popular austriaco unos porcentajes de intención de voto muy humildes y el pobre Nehammer, es un Bundescanciller al que todo el mundo da por bundesamortizado. De manera que era cuestión de tiempo que el Gobierno sacará el tema de marras.

Así lo hizo Karner.

En lo que llevamos de este año, llevamos ya más solicitudes de asilo que en todo el año pasado. El Ministro del Interior sostiene que porque hay una ola migratoria enorme y por esa cosa tan fantasmagórica que es el “efecto llamada”.

Voces más expertas (con perdón del ministro) entre ellas las de las personas que trabajan en organizaciones no gubernamentales, afirman que se debe a que, comparativamente, el año pasado aún se veían los efectos de la pandemia, también sostienen (y lo demuestran, estropeándole al ministro la película de terror) que las personas que solicitan asilo en Austria generalmente no se quedan en Austria, por lo cual no suponen estas personas ningún quebranto para las arcas públicas austriacas, ya que siguen viaje a otros países de la Unión.

En cualquier caso, el Gobierno se va a gastar (atención) un cuarto de millón de euros (260.000 más en concreto) en una campaña publicitaria para intentar convencer a aquellos que estén pensando en venirse a estas verdes tierras (verdes, pero asoladas por la sequía) de que Austria es muy mal destino, porque los funcionarios austriacos (otra vez el mito del “orden” y de la “mano dura”) no se andan con chiquitas.

Hay, por cierto, precedentes. Johanna Mikl-Leitner, siendo ministra del interior, ya puso en marcha una campaña con los mismos objetivos pero con un apoyo financiero más humilde, dieciseismil euros en aquel momento. Su éxito fue más bien limitadito, las cosas como son.

Por cierto, en todas estas cosas, y aunque no se diga, subyace ese mito de que los migrantes se ponen en camino para chupar del bote y explotar a los pobres contribuyentes austriacos.

Sigamos: el Ministro del Interior también respondió durante la entrevista a unas declaraciones a propósito del incremento de solicitudes de asilo procedentes de lo que él llamó “países de vacaciones”. O sea, por ejemplo, de la India, de Pakistán o de Túnez, lugares a donde los austriacos -que se lo pueden permitir- van a tostar sus carnes morenas o a comer curry.

Dijo el ministro que las personas que vienen de estos lugares “no tienen ninguna oportunidad” de que les den asilo en Austria.

Armin Wolf le demostró, con números, que esto no era así y que, aunque mínima, sí que existía esa oportunidad. El año pasado se concedieron 48 solicitudes por motivos médicos o de protección. De manera que pocas hubo, pero húbolas.

Por último, en una conversación que fue corta pero intensa, se habló del caso Tina.

En tiempos de la coalición entre la derecha y la extrema derecha, el Gobierno austriaco deportó a Georgia a unas niñas que vivían en Austria desde hacía años y que habían sido escolarizadas aquí. Hubo protestas de todas las instancias, incluyendo ruegos del Presidente Van der Bellen, pero el Gobierno, para contentar a los lectores del Kronen Zeitung de los que yo hablaba más arriba, deportó a las niñas a un país que no conocían. El Constitucional austriaco le ha quitado recientemente la razón, argumentando que, si bien se habían dado en las solicitudes de asilo de la madre varios errores administrativos, el derecho al bienestar de las niñas, en concreto de la niña Tina, la cual, entretanto, ya ha vuelto a Austria, tenía prioridad.

El asunto dejó visiblemente incómodo al Ministro, que se defendió como gato panza arriba sin resultar del todo convincente.

En cualquier caso, el Constitucional austriaco es la última instancia y en él, si a mí no me falla la memoria, y no poco curiosamente, hay mayoría conservadora (la última reforma del Constitucional data, precisamente, de los tiempos de la coalición).

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