La crisis de las tiendas de campaña

En una localidad de Alta Austria se han instalado tiendas de campaña para acoger a migrantes. Es el punto caliente de un problema mucho más amplio.

17 de Octubre.- Ayer lo contaba durante La Tarde en Directo. Austria se enfrenta a una nueva “ola” de migrantes. En lo que llevamos de año, más de cincuentamil personas han pasado la frontera ilegalmente por Burgenland y han colocado al sistema público de atención a las personas al borde del colapso. A todo el sistema público, a la justicia también, porque frecuentemente estas personas cruzan la frontera “ayudados” por traficantes de personas que dependen de las mafias y que les someten a condiciones inhumanas. A veces, tan inhumanas, que les ocasionan la muerte.

Esta afluencia de personas, unida a la provocada por la guerra en Ucrania, ha aumentado la presión sobre el sistema de asilo austriaco y, como por algún punto tenía que reventar, ha reventado por fin. Y el reventón se ha producido en la localidad de St. Georgen in Attergau. Austria profunda. Austria conservadora. Austria vaciada.

Allí, el Gobierno federal ha plantado veinte tiendas para alojar a los refugiados. Son las primeras. No serán las últimas.

¿Por qué allí? Como sucede también a nivel europeo (y este de los refugiados es un problema que se cocina en las fronteras exteriores de la Unión, aunque se coma en Austria) el reparto de los refugiados es muy desigual dentro de Austria. Mientras que Viena está, entre unas cosas y otras, manteniendo a más de 15.000 personas por encima de su capacidad oficial, y Burgenland está casi exactamente en el límite de su capacidad, hay otros Länder confederados, como por ejemplo la misma Alta Austria, que están por debajo de su capacidad.

El alcalde de St Georgen es, además, del Partido Popular austriaco y, para lo que es Austria, no se ha mordido la lengua a la hora de criticar al Gobierno central. Les ha llamado hasta descerebrados y ha anunciado su intención de cortar la autopista que pasa por el pueblo el próximo día 26, día de la Fiesta Nacional austriaca.

Aclara que ni él ni el pueblo son xenófobos (aunque, la verdad, cuesta creerlo, escuchando sus razones para no aceptar refugiados) pero dice una cosa en la que sí que tiene razón: es una vergüenza que, en pleno siglo veintiuno y en uno de los países más ricos del mundo, se haya llegado al punto de que seres humanos tengan que vivir en tiendas de campaña.

A estas horas, y en vista de que las barbas de los vecinos ya están siendo cortadas, otros territorios en Austria, como Carintia o Tirol, ya están buscando soluciones o bien para no llegar al punto de las tiendas de campaña o bien para intentar convencer a quien haya que convencer de que también están con las capacidades rebosantes.

Por supuesto, en St Georgen se quejan de que, de la noche a la mañana, les han plantado las tiendas en la puerta de casa, como aquel que dice y se quejan también de que no les van a mandar a refugiados “deseables” (o sea, a mujeres y a niños) sino a “hombres jóvenes”, cosa que en el imaginario conservador y gracias a la propaganda constante de la extrema derecha y de sus correas de transmisión mediáticas, como por ejemplo Servus TV y el Kronen Zeitung, equivale a bestias no del todo humanas sedientas de propiedad ajena y, sobre todo, de carne de mujer caucásica. En el Gobierno dicen que llevan avisando desde junio (y probablemente tengan razón).

Lo cierto es que es precisamente la extrema derecha la que se está beneficiando de la incompetencia del Gobierno central para llevar una política previsora al respecto de esta cuestión.

La cuestión de los migrantes es una de las piéces de resistance de la propaganda de los ultras y naturalmente el ala derecha del propio partido conservador está sometida a una enorme tensión.

Como sucede periódicamente, la zona ideológica de fricción entre la derecha austriaca y la extrema derecha se calienta cuando surgen cosas como esta.

Por ejemplo, la ex secretaria de Estado, Laura Sachslehner, una mujer a la que ningún populismo le es ajeno, ha pedido que cese totalmente la acogida de migrantes y refugiados en Austria.

Justo antes de que Van der Bellen fuera reelegido, la extrema derecha capitaneada por Herbert Kickl llevó el tema al Parlamento en una sesión especial.

Naturalmente, lo ideal sería acabar con las causas que motivan estos movimientos de población -nadie se va de su casa por gusto-; en primer lugar, terminando con los conflictos bélicos en Siria y Afganistán. Después, proporcionando a las personas una vida digna en sus países de origen -ayuda para el desarrollo- y, sobre todo, combatiendo ese cáncer que es el tráfico de personas. Siendo contundentes con las mafias.

Y sobre todo, no olvidando que esas personas que llegan a Europa son eso: personas. Gente como tú que me estás leyendo, y como yo que te estoy escribiendo. Seres humanos que no se merecen, en ningún caso, vivir en una tienda de campaña.

 

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