25 escalofriantes grados en octubre

Vamos a llegar a Todos los Santos con unos escalofriantes 25 grados de temperatura. Es tiempo de actuar para mejorar nuestra vida. Ya.

27 de Octubre.- Una de las cosas que cambiarán en las próximas décadas, probablemente, es que cambiará el concepto de lo que es “buen tiempo”. Hasta ahora, habíamos asociado siempre el buen tiempo con el cielo azul y las temperaturas templadas. Si todo sigue como va, vivir en zonas en las que haga fresquito va a ser un lujo cada vez al alcance de menos gente.

En la cuenca del Mediterráneo están, en octubre, a 30 y 32 grados. Temperaturas perfectamente veraniegas. Aquí, en Austria, también. Vamos a llegar a Todos los Santos con unos horribles 25 grados en muchas partes del Austria. Esa va a ser la auténtica monstruosidad y no los trasgos y los duendes de Halloween yendo de casa en casa y pidiéndonos caramelos.

Para los santos, normalmente, cuando yo llegué a Austria, y no hace nada, caían las primeras nieves y helaba (¡Helaba!) ahora, quien tiene césped en el jardín tiene que regarlo, porque se seca.

La culpa de estos desarreglos la tiene el ser humano con su actividad y la quema de los combustibles fósiles es el problema. Como primer paso, tenemos que dejar de depender de la quema de gas y petróleo, o sea que tenemos que finiquitar la edad del fuego, pero es que tenemos, globalmente, que reestructurar nuestro estilo de vida. Por ejemplo, es hora de abolir el crecimiento económico como indicativo del nivel de bienestar o de la eficiencia de una economía.

Escuchar que la economía ha crecido un dos o un cinco por ciento debería parecernos tan terrible como las temperaturas que yo mencionaba más arriba. Porque el crecimiento implica un aumento, una vuelta de tuerca más, de la presión sobre los recursos el planeta. Que son, como se ve a simple vista, limitados.

Estos días, la revista The Lancet ha publicado las conclusiones de un estudio sobre cómo la quema de combustibles fósiles, la cual acelera el cambio climático, está matando cada vez a más personas en todo el planeta. En Austria, por cierto, también. De manera desigual, por supuesto, los débiles sufren más.

Los perjuicios en la salud por culpa del calor extremo están matando ya a personas en todo el mundo. Las muertes asociadas al calor en el grupo de edad de los mayores de 65 han crecido un 68% y no desde 1950, sino desde principios de este siglo.

El calor mata con enfermedades cardiovasculares y respiratorias, con golpes de calor -este verano en España se caía la gente muerta por la calle-, abortos, dificultades para dormir y en la calidad del sueño y problemas de salud mental.

También se está sobrecargando la producción de alimentos. Nuestro egoísmo -ese que consiste en coger el coche para todo, porque no es ilegal y yo lo valgo- está haciendo que haya más gente que pase hambre, por culpa de la carestía de productos alimenticios.

Los imbéciles negacionistas del cambio climático defienden su insolidaridad argumentando que reestructurar nuestra vida nos hará vivir peor, ser “más pobres”. Y sin embargo, no es así. La descarbonización de la producción de energía y la consiguiente mejora de la calidad del aire, hubiera permitido que el casi millón y medio de personas que murieron en 2020 debido a la contaminación (117.000 en Europa) todavía siguieran aquí. Rebajar la producción de carne y llevar una dieta más saludable conllevaría reducir los 11,5 millones de muertes por cánceres relacionados con los hábitos alimenticios y el estilo de vida.

El objetivo merece la pena y se puede alcanzar. Aún estamos a tiempo.

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