
Esta madrugada, el general golpista Queipo de Llano se ha mudado de tumba. Con este pretexto repasamos los lugares de descanso (o no) de destacados nazis.
3 de Noviembre.- En el transcurso de esta madrugada, en el curso de la aplicación de la nueva (y tardía) Ley de Memoria Democrática, se ha procedido a exhumar el cadáver del general golpista Gonzalo Queipo de Llano y el de su mujer, cuyas tumbas ocupaban un lugar prominente en la sevillana iglesia de la Esperanza Macarena. Mientras se hacen los correspondientes arreglos en el suelo, las lápidas se han cubierto de forma provisional con un alfombra roja.
La ley española ha sido bastante polémica y eso que, comparada con leyes parecidas a escala europea, es bastante tibia. Está claro que las circunstancias del final del franquismo y del final del nazismo no son comparables, pero me ha parecido curioso hacer una listita con los lugares de reposo de grandes jerarcas nazis (compárese con los confortables lugares de reposo eterno de sus equivalentes celtíberos).
Como este blog se llama Viena Directo, empezaré por el nazi austriaco por excelencia.
–Adolf Hitler. Como es bien sabido, Adolf Hitler se suicidó en el búnker del palacio de la cancillería de Berlín en 1945, para no darle a los aliados, se conoce, ocasión de que le hicieran objeto de escarnio o de cosas peores (véanse las perrerías que le hicieron a Mussolini o a Gadaffi, por ejemplo). Un ayudante quemó el cadáver de Hitler y el de su santa, hasta hacía menos de veinticuatro horas, Eva Braun. La cremación fue con gasolina y parece ser que dejó el cadáver chamuscado solamente. Luego lo enterraron y eso, con lo cual llegó a las manos de la KGB en un estado comprensiblemente zarrapastroso. Los soviéticos identificaron lo que quedaba de Hitler por sus piños, y se llevaron los despojos a Moscú. Según parece, los cuatro huesos que quedan de Hitler, que no bastarían ni para poner un cocido decente, están en la sede de los espías soviéticos en una humilde caja de cartón.

-Josef Goebbels. El mago de la propaganda nazi se suicidó con su mujer Magda, también en el búnker de la cancillería. Ninguno de los dos hubiera podido soportar la vida sin su “führercito” de su alma. Lo malo es que las dos bestias pardas “suicidaron” también a sus siete hijos, que ya ves tú qué culpa tendrían los pobres. El caso es que enterraron el cadáver en Berlín y en 1970, el entonces jefe de los servicios secretos soviéticos, Yuri Andropov, ordenó desenterrar al muerto. Se le incineró bien incineradito y sus cenizas se echaron al Elba.
-Heinrich Himmler: el jefe de las SS está enterrado en algún lugar de Lunenburg. Sin signos que permitan encontrar su tumba.
-Adolf Eichmann: uno de los arquitectos de la llamada “solución final” fue capturado por los servicios secretos israelíes en Argentina. Se le juzgó convenientemente y en 1961 se le condenó a muerte. En 1962 se le ejecutó y, como en los casos anteriores, se le incineró y hale, al mar con él.
–Herman Göring, se suicidó en 1946, en la prisión en donde los aliados le tenían a buen recaudo. Los aliados lo incineraron y sus cenizas pasaron a contaminar el cristalino río Isar.
–Rudolf Hess: el pirado de Hess se suicidó en 1987 en la cárcel de Spandau -esa penitenciaría que tenía un ballet tan famoso-. Se le enterró en Wunsiedel, pero como los neonazis iban a ponerle flores a la tumba, se le desenterró en 2011. Sus huesos fueron incinerados y esparcidos en un lago.
–Martin Bormann: los huesos del secretario particular de Hitler se encontraron en 1972 durante las obras en una estación. En 1988, tras el correspondiente cotejo e identificación, fueron incinerados y en agosto de 1999 sus cenizas pasaron a contaminar el Mar del Norte.

-Albert Speer: el paradigma del “nazi bueno” o, por lo menos, de eso fardaba él (yo pasaba por allí y no me enteraba de nada, yo me dedicaba a mis planos y no sabía de la misa la mitad) está enterrado en el panteón familiar de Heidelberg, en Alemania. Fue de los pocos nazis que murió de muerte natural.
-Amon Göth: al que Steven Spielberg hizo famoso por su película La lista de Schindler. Este austriaco fue ejecutado el 13 de Septiembre de 1946. Sus cenizas contaminaron acto seguido el Vístula.
–Otto Skorzeny: el gigantón austriaco, que rescató a Mussolini del hotel Grand Sasso y luego se pegó la vida padre en Madrid, en un exilio dorado, está enterrado en el cementerio vienés de Döbling, en una tumba idéntica a miles de ellas.
-Benito Mussolini: el dictador italiano fue linchado junto con su amante, Clara Petacci y lo que quedó de él está sepultado en una cripta de Predappio, su ciudad natal. El lugar, como corresponde a lo permisivos que, por lo visto, somos en el sur para estas cosas, es un lugar de peregrinación de neofascistas y gente así (entre ellos, alguno está sentado en el Gobierno italiano actual).
-Luis Carrero Blanco: el que fue Presidente del Gobierno en el cuandofranquismo, falleció como es sabido asesinado por el grupo terrorista ETA. Está enterrado en el cementerio de El Pardo, lugar de último descanso de muchos jerarcas de la dictadura.
–Francisco Franco Bahamonde: hace algún tiempo, su cadáver se sacó del Valle de Cuelgamuros (entonces aún Valle de los Caídos) y llevado a la cripta familiar del cementerio de El Pardo, en donde ya reposaba su mujer, a la que el pueblo siempre conoció como “la collares” por su afición a los abalorios. El traslado fue retransmitido por televisión y, según algunas personas supersticiosas, provocó todo tipo de catástrofes, entre ella la aparición de la pandemia de coronavirus y la tempestad Filomena. Un poco como Tutankamón, pero en el siglo veintiuno.
Con un dictador empezamos y con otro terminamos.


Deja una respuesta