Que vienen los comunistas

En Salzburgo han vivido los comunistas una resurrección política.

24 de Abril.- En los años ochenta del siglo pasado surgió en España un género de películas que parodiaban el acartonado cine histórico de la dictadura. Carne de videoclub. Es probable que hoy muchos de los chistes de aquellas películas no tengan ya gracia, porque eran productos hechos con cuatro perras y, uno está convencido, los guiones estaban improvisados al hilo de lo que ponía el periódico del día del rodaje. Esto, sin embargo, convierte aquellas citas en curiosidades históricas. Funcionaban así: pongamos que salía en la película el monstruo de Frankenstein, y quien fuera decía:

-Anda, mira, ahí viene Fraga – Yasí todo. Este chiste (real) está sacado de una película que hizo Alfredo Landa y que se llamó (se llama) “Profesor eróticus”.

Para mis lectores de fuera de España, Fraga fue un famoso político que estuvo nueve décadas intentando hablar a la misma velocidad -rápida- a la que pensaba.

El caso es que una de las más divertidas, por desquiciada, es “Juana la Loca (de vez en cuando)”. Baste decir que Lola Flores hacía de Isabel la Católica (y olé). En aquello salía hasta Fernando Fernán Gómez (el pobre andaría apretado para llegar a fin de mes y pagarse el Chivas).

Una fantasía.

El caso es que en esta peli hay una escena en una taberna en la que una de las hijas de Isabel la Católica (Paloma Hurtado) intenta provocar una revuelta para derrocar a sus padres, los reyes ídem. Hay un momento en el que, cabreada, coge a uno de los conjurados por las orejas y le dice:

-Tú no serás un rojillo de esos, ¿No?

Y el otro, le contesta:

-No, majestad, rojillo no. Yo soy un “eurorrojillo”

(Ya se sabe: Carrillo se separó del comunismo soviético y se hizo “eurocomunista” -como Emilio Berlinguer- y así les fue, al “eurocomunismo” y al propio Carrillo, que se quedaron para vestir santos).

Me acordaba yo de esto al hilo del fulgurante ascenso de los comunistas en las elecciones de ayer en Salzburgo. Nada menos que un once y pico por ciento. Y partiendo de la nada. Flipas.

Si ya la resurrección del comunismo en Salzburgo es algo así como si Manuel Fraga (al que Dios tenga donde se merezca) abandonase el cementerio para darse un garbeo, no deja de ser flipante que, según el estudio de SORA para la ORF, los “eurorrojillos” salzburgueses han recibido votos de todos los partidos políticos, incluyendo (atención) la extrema derecha del FPÖ (3000 personas, algo desorientadas, hicieron este cambio). Aunque también, seamos justos, se las han arreglado para movilizar a una gran masa de personas que antes no habían votado. En la ciudad de Salzburgo, incluso han superado a la extrema derecha.

Los sociólogos se explican esta resurrección comunista por dos motivos: por un lado, por el buen trabajo de los comunistas salzburgueses a la hora de comunicar su programa para lograr una vivienda asequible a todo el mundo y para luchar contra la inflación y, por otra, el puro y simple voto de protesta, del que es tan partidario Juan Austriaco (o Max Mustermann) cuando le ponen delante una urna.

Para que todo en este artículo no sea jijí jajá, porque luego hay por ahí lenguas “vespertinas” que dicen que el hacer chistes me resta valor como periodista, diré que las elecciones de ayer han vuelto a dejar un dato desolador, porque habla mucho del estado de la cultura científica de este país: la correlación inversamente proporcional existente entre el porcentaje de votos obtenido por la extrema derecha y la tasa de vacunación. O sea, a más vacunados, menos voto salvaje y a menos vacunados, más.

Como dijo aquel, “no semos náiden”.

 


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