UE sí, OTAN no

Preguntados por sus simpatías, los austriacos lo tienen claro.

2 de Mayo.- La Sociedad Austriaca para la Política Europea (ÖGfE, por sus siglas en la lengua de Andreas Gabalier) ha realizado una encuesta para preguntarle a las personas austriacas lo que piensan a propósito de diferentes temas relacionados con la política exterior. Los resultados se extrapolan de las respuestas de una muestra representativa de 1000 bípedos implumes y son bastante curiosos.

Por ejemplo: si se convocara hoy un referéndum para entrar en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) un sesenta por ciento de los encuestados votaría decididamente que no, en tanto que un veinte por ciento estaría a favor de entrar en esta organización defensiva. Es presumible que a un diez por ciento de los encuestados el asunto no les hace ni fu ni fa. Es curioso que el porcentaje de los que están en contra de entrar en la Alianza Atlántica ha bajado con respecto a marzo de 2022. En ese momento, un sesenta y cuatro por ciento de encuestados se oponían.

Un gran éxito de crítica y público lo obtiene (gracias a Dios) la pertenencia de la República de Austria a la Unión Europea. Concretamente siete de cada diez encuestados está a favor de que Austria permanezca como uno de los veintisiete, mientras que un veinticinco por ciento estaría a favor de decirle a Bruselas “ahí te quedas”.

Merece comentario aparte que, si superponemos este veinticinco por ciento con el universo de cenutr…Digooo de votantes de la extrema derecha, los límites casi coinciden.

Por algo será.

En los últimos trescientos sesenta y cinco días apenas ha habido variación en este aspecto, de manera que parece bastante asumido que los austriacos están a gusto en el seno de la Unión, aunque quizá desearan que tuviera más capacidad de decisión y más coordinación en general.

Si Juan Austriaco fuera presidente, se mostraría muy a favor de una mayor cooperación entre los países europeos en materia de seguridad. Esto puede verse también como una constatación de la necesidad de que la Unión Europea avance en integración y se plantee el tener un ejército propio, que disminuya en lo posible la dependencia que, en este aspecto, tiene de los Estados Unidos.

Por cierto, que el país en el que “mandata” Joe Biden no cuenta con la simpatía de la mayoría de los austriacos.

Los americanos del norte tienen mala fama en Austria. Un 47 por ciento de los austriacos no se fía de los Estados Unidos como socio estratégico, en tanto que un 3 por ciento los ve majos y fiables.

Lo que sí que tienen claro es que con el Gobierno ruso no se puede uno ni acercar a la esquina a comprar cien gramos de jamón de York en lonchas. Un 79% de los austriacos escuchan hablar de los rusos y tocan madera (Lagarten! Lagarten!). Tampoco son fanes de los chinos, a los que se ve con la misma desconfianza que a los rusos o casi.

Un poquito más de la mitad de los austracos piensan que echarle una mano a los primos de Ucrania en esta, su hora de necesidad, “es bien”. Un treinta y seis por ciento no lo valora tan positivamente, y el resto prefiere no pronunciarse.

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