
La única hermana de Mozart fue una intérprete y compositora notable que tuvo que dejarlo todo a los catorce años.
9 de Mayo.- Lo primero que uno piensa al leer su biografía es que hay que tener mala leche para ponerle a una criatura Walburga. No es raro que en casa la llamaran “Nannerl” y fuera de ella, se supone Maria Anna.
La hermana mayor de Mozart, nació el 30 de Julio de 1751 en Salzburgo, en donde su padre estaba sirviendo al arzobispo Coloredo y, a pesar de que, según parece, tenía un talento casi igual de sobresaliente que su hermano Teófilo (conocido en todo el mundo como Amadeus) es una de las olvidadas de esa familia.
El padre de los hermanos Mozart, Leopold, era un águila para los negocios y, al mismo tiempo, debería de estar hasta las bolas de Mozart del plasta del arzobispo Coloredo, su jefe. De manera que cuando se dio cuenta de que a su hija mayor le gustaba la música, trazó un plan maestro. A los cinco, este Pigmalión despiadado la sentó delante de un teclado y no paró hasta convertirla, como más tarde haría con Amadeus, en una niña prodigio. Maria Anna Mozart sobresalió como excelente intérprete en clave y de piano, y parece ser que no tenía mala voz.
Durante sus primeros catorce años, los hermanitos Mozart fueron recorriendo las cortes europeas y -previo pago- entretenían al respetable. Sin embargo, llegado ese momento que, técnicamente, se llama la menarquia (o sea, la primera regla) se terminó también la carrera de Nannerl. Apuntaban en ella las formas de la futura mujer adulta y claro, ya no colaba de niña prodigio. Leopold Mozart se concentró entonces en su hijo varón, al que sometió a toda clase de sevicias que, a la postre, terminarían minando salud y, según parece, tuvieron parte en su temprana muerte.
Mientras le encontraban un buen partido -en aquella época los matrimonios por amor se consideraban una excentricidad- Maria Anna se estaba en casita con su madre, llevando una vida, como hubiera dicho Santa Teresa, de gran perfección y encerramiento. Sobre todo, mucho encerramiento. Le dejaban, eso sí, tocar el piano, pero solo para entretener a sus familiares.
Parece ser que también fue una compositora competente, pero ninguna de sus obras nos ha llegado. A los 32 -algo tarde- Maria Anna se casó con un magistrado forrado de millones del cual -obviamente- no estaba enamorada. El fulano se llamaba Johann Baptist Franz von Berchtold zu Sonnenburg. Diecisiete aöos le duró el castigo a Maria Anna, hasta que enviudó. Von Berchtold necesitaba una madre para los cinco hijos que había tenido de su primera. Maria Anna le dio tres hijos más, de los cuales solo uno llegó a la vida adulta (Leopold Alois Pantaleón, se llamaba el angelito).
Una cosa curiosa: Leopold abuelo se encaprichó de Leopold nieto y cuando Maria Anna se lo dejó para que lo cuidaran unos meses, el abuelo decidió no devolvérselo a su madre y se lo quedó por tiempo indefinido, al tiempo que le enseñaba música. El arreglo duró tres años, hasta la muerte de Leopold Mozart.
Cuando enviudó en 1801, Nannerl regresó a Salzburgo y trabajó como profesora de música. En 1820 la viuda de Mozart, Constanze, se mudó a Salzburgo, y parece ser que las cuöadas se encontraron con ocasión de aquella vuelta (Constanze llevaba viuda desde 1791, casi tres décadas). En 1821 también conoció a su sobrino, Franz Xaver Mozart, que vivía en lo que hoy es Ucrania, por cierto, en Lviv.
En sus últimos años, encegueció, pero no parece que pasara por estrecheces económicas. Murió el 29 de octubre de 1829 y sus restos descansan hoy, lo que son las cosas, junto a los del hermano de Josef Haydn, contemporáneo -genial- de su hermano.

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